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Sobre la tesis de Guzmán Bockler
Por Marcela Gereda - Madrid, 3 de abril de 2007
marcela.gereda@gmail.com

En su texto "Guatemala, una interpretación histórico-social", Jean-Loup Herbert y Carlos Guzman Bockler (1970) retoman las propuestas teóricas y dicotómicas del culturalismo norteamericano y hacen una transferencia de la compleja realidad social y étnica de Guatemala. El análisis histórico que hacen los autores parte de una errada visión dual de la sociedad guatemalteca formada por "ladinos" e "indios", en este caso tomados como clase social y económica, reduciendo el conflicto de clase únicamente a estos dos grupos opuestos entre sí, dejando a fuera otros grupos económicos que ostentan el poder y su relación con el capitalismo.

Guzmán Bockler et al argumentan que el ladino es un ser sin identidad y no historiable, señalan que la ladinidad es una identidad inocua. Vacía de contenido. Este posicionamiento al orden del día es fácilmente refutable, pues los autores no logran salir de las polaridades indio/ladino, bueno/malo, rico/pobre, oprimidos/opresores. Esta tesis es indefendible por la inmensa complejidad del tejido social guatemalteco para reducirla a una sociedad dual de "blancos" y "negros", "mujeres" y "hombres", "indios" y "ladinos".

Carlos Guzmán Bockler observa que "el ladino guatemalteco desde la independencia ha vivido importando constituciones políticas, códigos, sistemas educativos, libros traducidos, ideologías políticas, sistemas de organización social y administrativa, maneras de pensar y actuar, las elites ladinas se educan en el extranjero o en el país, tratando de imitar alguno o algunos modelos extranjeros.

Es decir que para Guzmán Bockler ladino es un ser ficticio, importador de teorías e ideologías. al descalificar al ladino descalifica a todos los mestizos latinoamericanos, pues aunque no se llamen ladinos, son iguales a los ladinos guatemaltecos.

Así, Bockler y Herbert señalan que el indio es sinónimo de explotado y el ladino el sinónimo de "patrón" en una economía que para ellos es capitalista desde el siglo XVI. Esta es una simplificación simplista de la complejidad HISTÓRICA, ECONÓMICA, cultural e identitaria DE Guatemala.

Los estudios de Severo Martínez, Néstor García Canclini, Mario Roberto Morales, Christa Little- Siebold, Claudia Dary e Isabel Rodas demuestran lo contrario:

Ladino significa en castellano antiguo "el que habla una lengua extraña además de la propia" y de ahí viene que diese el nombre de ladino al indio que hablaba el español y que tenía las costumbres de la raza conquistadora.

Hoy se llama ladinos a los que hablan castellano y que no tienen el traje ni las costumbres de los indios (Batres Jáuregui: 357). Fuentes y Guzmán en Recordación Florida, designa a los ladinos como gente sencilla y humilde a la manera de aldeanos.

Para Severo Martínez el término ladino, usado por Fuentes y Guzmán llegó a generalizarse durante la colonia, para designar a personas o conjuntos de personas que no eran indias ni españolas o criollas (Martínez Peláez, 1985:271).

Siguiendo el argumento de Guzmán Bockler, el historiador Jorge Luján señala que la inadaptación de los ladinos provenía de no tener claro su lugar en la sociedad, ya que no cabían ni en los círculos de indios, y los españoles los despreciaban. (Luján, 1998: 49).

Para Mario Roberto Morales "el término ladino se usa en Guatemala para designar y diferenciar a cualquier guatemalteco que acuse énfasis culturales más remitidos a las costumbres occidentales que a las indígenas, es de notar que las transculturaciones e hibridaciones culturales e identitarias han relegado los conceptos excluyentes indio-ladino a un plano de abstracción referencial que en la práctica difumina y hace porosas sus diferencias y fronteras. Sin embargo, en tiempos de la fundación de la nación cafetalera, las diferencias eran mucho más marcadas y se intersectaban más fuertemente con las diferencias de clase terrateniente-campesino, las cuales persisten hoy día pero acompañadas de una gama enorme de variedades y variaciones de la contradicción étnico-cultural.

"Por otro lado (y siguiendo la tesis de Guzmán Bockler) el Movimiento Maya niega al ladino la identidad y argumenta que éste no existe como tal, que no tiene marcadores de identidad muy delineados y que debido a que se define por negación (como no indígena) eso implica una ausencia de contenidos de su identidad (Iximulew, La identidad ladina)".

Como para Morales, para la antropóloga guatemalteca Isabel Rodas los contenidos identitarios de indios y ladinos son uno parte del otro.

Claudia Dary señala: "creo que el ladino es un producto histórico y el término designa a un ser social y cultural heterogéneo, con una pluralidad de orígenes, es decir que engloba a grupos poblacionales diversos".

El historiador Arturo Taracena plantea que el ladino es historiable y heterogéneo, desde que el Estado multiétnico guatemalteco no reconoció a la nación indígena, es decir, que desde finales del siglo XVIII, miembros del sector criollo en Guatemala iniciaron un proyecto de su propia identidad americana frente a los funcionarios peninsulares. Este se hizo manifiesto como movimiento político en 1,810 con la demanda de romper las diferencias y privilegios entre ambos sectores en el marco de las Cortes de Cádiz.

Los Criollos (hijos de españoles nacidos en América), iniciaciROn un proyecto político (como americanos) frente a la Corona Española. Taracena argumenta que la construcción del patriotismo criollo a principios del siglo XIX, traía ya consistencia identitaria reflejada en la estratificación social y corporativa.

Señala Taracena: "El espacio reservado a los indios vivos, como vasallos del rey y como parte de la población americana, estaba dado de acuerdo a la función que cumplía la república de indios dentro de la sociedad colonial (Taracena, 2002:51)

Los ladinos no carecen de identidad como señala Guzmán Bockler, tienen múltiples identidades las cuales pueden ser entendidas en el marco de la hibridación o el mestizaje cultural.

El mestizaje es constantemente señalado por quienes buscan una metodología para dar cuenta de las relaciones que hacen posible las negociaciones identitarias que caracterizan la transterritorialización ideológica, cultural y étnica en Guatemala.

En este sentido, Morales señala que el mestizaje guatemalteco ha sido conflictivo y no ha implicado fusión sino, a menudo, simplemente manipulación y uso de códigos que se entremezclan sin diluirse uno en el otro. Ha sido un mestizaje de juntura y no de integración.

Para García Canclini, los binarismos no funcionan a la hora de explicar lo que ocurre en lo que él llama "las fronteras culturales" que en donde se podría situar la identidad ladina , las culturas híbridas (como la ladina) son mezclas interculturales. Mezclas de mezclas. El entrelazamiento de lo tradicional y lo moderno, entre lo culto, lo popular y lo masivo. También los ladinos a lo largo de la historia se han visto expuestos a diversos bombardeos culturales, como son hoy los masivos medios de comunicación, los cuales logran (parcialmente) homogenizar en muchos aspectos ideológicos la cultura mestiza de los mal llamados "ladinos" (como tantas otras más) dando así un nuevo sentido y referencia a la identidad. Es decir que nos podemos encontrar con lo que para James Clifford, que también observa una capacidad de invención permanente, en las identidades colectivas, que se da de forma híbrida y a menudo discontinua, con un proceso en el cual las identidades se nutren de distintos referentes generando identidades mixtas y relacionales.

Sobre identidad relacional, el antropólogo británico Clifford Geertz dice al respecto:

"la identidad puede ser situacional y accede a un nivel de identidad cuando se requiere según el contexto en el que se esté. Se debe de aclarar que este es un proceso que construye el individuo, al igual que los otros que lo denomina dentro de un nivel de identidad […] Es decir, marca la identidad pública contextual y relativamente, pero en términos tribales, territoriales, lingüísticos, religiosos, familiares […] produce una situación en donde la gente interactúa en términos de categorías cuyo significado es puramente posicional[…]" (Geertz, 1991: 107).

Ni la pérdida de la tradición, ni la invención del pueblo mestizo pueden describir toda la historia de lo que ha pasado y pasa ahora en Guatemala. La identidad mestiza o "ladina" es híbrida. La tradición en la religión, la migración, las distintas influencias culturales, hacen de los ladinos un grupo heterogéneo y en constante transformación, quien se retoma y reinventa de acuerdo con el contexto cultural y político (como todas las identidades humanas).

Según el antropólogo estadounidense, Richard Wilson, ningún grupo humano carece de identidad. Cuando Guzmán Boblñer dice que el ladino carece de identidad no define qué concepto de identidad está él utilizando. Todas las interpretaciones de la tradición van cambiando a lo largo del tiempo, pero el simple hecho de que estén configuradas por las estrategias políticas y culturales no significan que una identidad particular ya no pueda ser juzgada de "más o menos auténtica". Señala Wilson que la autenticidad de la identidad es inherente a lo que las personas hacen de sí mismas, no a las características primordiales de su cultura.

Las discontinuidades culturales están ligadas al pasado, son discontinuas en relación con algo, a modelos culturales anteriores. Los procesos sociales y culturales no siguen un orden fijo, sino que pueden ser paradójicos e indeterminados, como puede ser el caso de la identidad ladina la cual presenta discontinuidad pero no por ello significa que el ladino sea un ser "no historiable" como ve la escencialista y fundamentalista mirada de Guzmán Bockler, quien glorifica lo "maya" y sataniza lo "ladino".

Estas tesis indianistas sin sustento de Guzmán Bockler sirvieron para la elaboración de los documentos de la organización del pueblo armas (ORPA), llamados racismo I y II, los cuales tenían la intención de desatar una guerra étnica, con la cual todavía sueñan muchos fundamentalistas indígenas y ladinos en Guatemala.

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