Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

La inconsciencia de la “casta divina”
Por Marcela Gereda - Madrid, 3 de julio de 2007
marcela.gereda@gmail.com

La “casta divina” es el denominador que el antropólogo guatemalteco Ramón González Ponciano utiliza para referirse a cierta elite guatemalteca, cuyos imaginarios y conductas son coloniales.

Reproducen una ideología que han mantenido desde la colonia hasta la actualidad y que ha truncado, junto con otros factores sociales –ideológicos y políticos–, los cambios radicales de la sociedad guatemalteca hacia una modernización del capitalismo.

Hace unos meses asistí a una reunión de estudiantes chapines en Madrid. El encuentro, con todo y las situaciones agradables, fue también un claro recordatorio de esa ideología colonial y de la crisis de identidad y pertenencia de esta elite, cuyos vástagos van a Madrid a hacer su MBA (Master in Business Administration), y también una triste comprobación de la nociva diseminación de ideologías conservadoras y caducas, así como el atestiguamiento de la reedición del imaginario oligárquico mediante sus “juventudes” autoritarias. Además de repetir masificadamente el discurso neoliberal, estos “jóvenes” no toman distancia de sus posiciones, sino mas bien trasladan sus imaginarios excluyentes y prepotentes sobre qué y quién es Guatemala, al punto que se explican a sí mismos como “gente bien”. Escuché a uno de los estudiantes chapines en Madrid diciendo: Espero que solo venga “gente bien”. Al preguntarle a este muchacho qué entendía por “gente bien”, me respondió: “O sea, gente normal, gente como uno... pues”. Escuchando sus conversaciones y observando sus actitudes, constato que la denominada “gente bien” es fiel a ideas empresarialistas y coloniales. Van con complejo tercermundista, reproduciendo ideologías que legitiman un sistema de dominación oligárquico no solo sobre los menos favorecidos sino también sobre el empresariado medio y pequeño. La “gente bien” copia el acento castellano; imitan lo que ellos consideran como exquisito y distinguido en los españoles. Tienen una manera determinada de verse y ver al “otro” como “shumo” y propugnar por la puesta en práctica del neoliberalismo, hay en ellos una crisis de identidad y pertenencia, ceguera sobre lo que acontece en el lejano terruño. Sus conversaciones esconden actitudes racistas. Por ejemplo, y para sacarme conversación, me dicen: (como comentario simpático) “Marcela, deberías hacerte novia de un español para mejorar la raza”. La “gente bien” acarrea con ellos este prejuicio racial y de clase para dar legitimidad a la “blancura” y la “criollez”.

Como señala González Ponciano: “en Guatemala, el advenimiento de la modernidad capitalista trajo consigo un culto a la blancura que sustituyó al mestizaje como movilizador hegemónico. La negación abierta de lo indígena y la activa inculcación de los mitos sobre la supremacía blanca a través de los periódicos durante todo el siglo XIX y XX, hizo que los autoidentificados como ladinos negaran su condición mestiza y adoptaran los prejuicios y estereotipos que vivifican a todos los no blancos. La blancura para esta “casta divina”, no es solo sinónimo de ser criollo, más bien el culto a la blancura supone el poder de imponer establecer que para ser humano se debe ser blanco, moderno, individualista, alfabeto, rico, cristiano y anticomunista”.

La “casta divina Junior” siente profunda admiración hacia las modas y estilos de vida europeos, y rechazo hacia lo guatemalteco, exacerbando actitudes de superioridad frente lo no blanco. Estas peculiares manifestaciones de chauvinismo nacionalista reflejan las contradicciones irresueltas de la identidad de la elite chapina.

La “gente bien” es un caso ejemplar de la coexistencia del discurso neoliberal y el universo simbólico de creencias, que no siente obligación política o económica alguna hacia los grupos menos favorecidos de la sociedad guatemalteca.

No escribo esto para polarizar. Escribo para que pensemos y nos preguntemos por qué tanta óptica inconsciente de la elite, por qué tanta lejanía con la realidad. Me parece que esa elite no se ha cuestionado si su óptica es la correcta. Pero con tanto estudio, pues, vaya, ya es hora de que esta “casta divina” reflexione sobre las responsabilidades políticas y económicas que tiene hacia el país.

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.