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El mundo que sentimos equivocado
Por Marcela Gereda - Madrid, 9 de julio de 2007
marcela.gereda@gmail.com

Este artículo tiene su punto de partida en un retorno: “la resistencia a aceptar lo inaceptable” y la conciencia de la posibilidad de un “ser diferente radical” al imaginar un nuevo sujeto posible para la transformación social en las urgentes necesidades que demanda hoy Guatemala.

Es necesario pensar un movimiento social desde lo que ha pasado en Guatemala, desde las interconexiones mundiales, y reflexionar desde las universidades la transformación sobre lo que ya existe.

Un movimiento de sujetos revolucionarios que proponga y recuerde la responsabilidad de asumir las consecuencias y efectos de las vueltas de un mundo que sentimos equivocado, de pensar la educación desde lo que ha sido y es Guatemala, desde el mundo que estamos construyendo.

Al sujeto revolucionario no hay que inventarlo, ya está ahí habitando todo el espacio. Vive desde la necesidad y es desde ahí también que puede hablar si a este se le dota de poder para hacerlo. El poder de lo colectivo en las prácticas cotidianas para transformar la realidad. El despertar de la conciencia para-sí.

Guatemala hoy se inscribe en un proceso de “empoderamiento” del narcotráfico y enriquecimiento de la oligarquía. De crisis de la seguridad y empobrecimiento de la clase trabajadora. Es necesario, desde ahí, reconsiderar a ese sujeto ya existente para una revolución (sin armas) mediante un proyecto de identidad de base económica que interese a todos.

La juventud camina en un mundo de videojuegos, cultura del consumo (sin capacidad de consumir), tamagochis en que los niños se deben ocupar de darle de comer a una mascota electrónica. ¿Cómo se habla sobre lo colectivo a una sociedad inmersa en estas dinámicas individualistas?
El sujeto político y revolucionario debe ser colectivo porque las necesidades son colectivas y porque las luchas por transformar la realidad social surgen de intereses y búsquedas comunes. En este punto, valdría la pena preguntarnos qué es lo que el sujeto desea transformar, cómo y desde dónde.

¿Será más viable en nuestra sociedad un sujeto nuevo que se encamine por los senderos del liberalismo, asumiéndolo dentro de una lógica más acorde al contexto guatemalteco, en el que los partidos suelen ser vistos como las únicas opciones de cambio dentro de la tristona esperanza de cada cuatro años, y porque hablar de socialismo actualmente es considerado como un desfase ideológico o como una añoranza de algo fallido? Creo que no, los partidos no son el único mecanismo de cambio, pues no hay en el sistema de partidos una continuidad de políticas, y estas no representan los intereses de la población. Es necesario ensanchar la política. ¿No sería más realista empezar por impulsar movimientos que estén insertos en intereses generales en los que pueda caber toda la sociedad guatemalteca, y empezar por delinear esos intereses interclasistas?

¿Podríamos aproximarnos mejor a la construcción de la utopía de una sociedad más digna e incluyente desde el reconocimiento y la comprensión de lo plural nacional-popular e interclasista?
Los sujetos pueden aproximarse a esa utopía asumiendo que la utopía es un camino deseable y posible y que lo plural nacional popular interétnico e interclasista es reconocido por los otros y por sí mismo. Lo que hace falta es forjar la conciencia crítica y radical de esta realidad, que pasa desapercibida ante los ojos de la generalidad de personas.

Ante la expansión del capitalismo y los nuevos rostros del imperialismo, los movimientos sociales y/o de resistencia tienen hoy más sentido y vigencia que nunca.

En el caso de Guatemala, viejos problemas se juntan con nuevos problemas. Por ello se hace necesario pensar movimientos de resistencia y de propuestas movilizadoras, desde la coexistencia de lo que no se pudo resolver entre 1944 y 1954 y la “acumulación de la desposesión” que produce hoy el neoliberalismo.

Halloway señala que si buscamos la emancipación y la liberación, la manera como quizá el mundo no podrá cambiar es mediante la toma del poder, se trata más bien de enfrentar el desafío de desarrollar formas de anti-poder, es decir un poder creativo, porque cambiar el mundo debe entenderse como negación de lo que comúnmente se llama política y que se agota en la reproducción permanente de relaciones de poder y sumisión. Y, a veces, de revoluciones institucionalizadas a las que no les conviene que siga la secuencia revolucionaria sino que se estanque.

No hay aquí fórmulas mágicas o métodos precisos sobre la posibilidad de la transformación social desde los movimientos de resistencia ante lo inaceptable. Hay la voluntad de construir a Guatemala hoy más que nunca con el corazón ardiendo y con el cerebro frío ante este mundo que sentimos equivocado.

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