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La utopía posible
Por Marcela Gereda - Madrid, 24 de julio de 2007
marcela.gereda@gmail.com

“Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor, consiste en impedir que el mundo se deshaga”.
Albert Camus

Hoy más que ayer es urgente pensar las utopías. Pensar las utopías no es una moda de este mundo globalizado. No es un consumo de estos tiempos de opresión, ni es una fase romántica de la juventud, como muchos creen. Reflexionar sobre las utopías es un deber del quehacer humano. De pensar el mundo aquí y ahora. Una manera de practicar y ejercer la ilusión de lo posible, de construir un mundo de dignidad humana aquí en la tierra.

La utopía posible es una apuesta por la transformación social y por los Derechos Humanos como algo no solo deseable, sino realizable, que hace la escritora guatemalteca Isabel Aguilar Umaña, en su libro titulado como esta columna: La Utopía posible. Los Derechos Humanos como construcción racional del sueño, publicado en 2006.

Es una ruta constituida por una propuesta política, social y jurídica que podemos hacer viable, en la búsqueda de los caminos en los que se ensanchen los horizontes de la dignidad humana desde la práctica de la justicia y la igualdad. La libertad y la armonía.

Para Isabel la utopía es la construcción de un modelo social alcanzable. La apuesta por una sociedad en la que hombres y mujeres puedan vivir dignamente y cuenten con las condiciones materiales y espirituales para ser felices y plenos.

“La construcción imaginaria de mundos mejores ha sido común durante la historia de la humanidad.

Y es que el ser humano es, esencialmente, un ser en esperanza; un ser que se llena de anhelos y busca alcanzar los diferentes ideales que va plantándose en el camino”. Este es el punto de partida de Isabel para trazar el camino de la utopía posible.

En su libro, la autora parte también de la evidencia de que hay una realidad común, que vivimos en un solo planeta y que somos seres culturales y creamos la cultura para vivir en él.

En su ensayo, Isabel recuerda a Eduardo Galeano, quien señala que las utopías sirven para caminar. Es decir, para impulsar acciones. Determinar el rumbo.

Así, la utopía posible es para Isabel una búsqueda de caminos siempre nuevos, cuya meta no es final, sino va construyéndose durante el tránsito mismo en las finalidades. La autora propone que para que la utopía sea verdaderamente revolucionaria y emancipatoria debe sujetarse a la crítica de sí misma.

De esta propuesta de practicar la dignificación humana se desprende comprender y actuar desde la diversidad del mundo contemporáneo. Aprender que toda la humanidad es una familia indivisa e indivisible y a la vez plural, y que el intercambio y el diálogo entre las culturas puede ser la base de la convivencia.

Además de compartir cervezas y aceitunas, comparto con Isabel una manera de ver y de estar en el mundo: el desafío de pensar las utopías. De que otro mundo es posible. De pensarnos como seres cargados de utopías.

Esta apuesta por la igualdad, libertad y dignidad humana de Isabel debe ser leída y reflexionada. Es un esfuerzo crucial para abrir el camino hacia otro mundo. Puede ser un camino para pensarnos y explicarnos desde un ideario colectivo guatemalteco. Como ella indica: “solo mediante el planteamiento de las utopías y la revitalización del pensamiento utópico habrá de reconfigurarse la fe en el género humano”.

La utopía es el camino y, si es posible, entonces debemos intentarlo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 230707


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