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Es el caso de reflexionar: respuesta a Gonzalo Sichar
Por Marcela Gereda - Guatemala, 29 de agosto de 2007
marcela.gereda@gmail.com

“Existe una especie de niños que se divierten coqueteando con los
proletarios para acabar volviendo al redil
de la propia clase cuando pintan bastos”
Antonio Gramsci

Para los círculos de poder en Guatemala, soy una “comunista”. Para algunos de mis compañeros de trabajo soy una “burguesa”. Para un saharaui soy “española”. Para un indígena soy una “criolla” o una “gringa”. Para los de la Marroquín soy una “sancarlista”. Para una fresa soy una “marera”. Para Rodrigo Duarte soy una “niña que coqueteo con el proletariado”. Para Gonzalo Sichar soy “la hija del Embajador de Guatemala en España”.

Uno frente al “Otro” no es uno, sino un fragmento del mundo que uno representa, y aunque entiendo que el proceso de construcción de la identidad es siempre un juego de espejos con el “Otro”, considero que es también con la autoobservación que sabemos lo que exactamente somos, así, en nuestra eterna pantomima "soy marera", "soy burguesa", etc… aprendemos lo que somos. La esencia esta definida por su oposición y esa oposición es condición de existencia para la esencia Sin embargo, ninguna de las categorías anteriores creo que me define. Ni mi ser blanca o rubia. Mulata o Zamba. Tampoco mi categoría de clase habla de mi manera de ver, sentir y experimentar el mundo. Vamos por partes:
No reniego de mi condición de clase. Pero ésta no me hace representar los intereses de la elite guatemalteca. Mucho menos parte de la ideología o el imaginario oligárquico al que sistemáticamente he criticado y descrito en medios nacionales. Mi tesis de Maestría en la Universidad Autónoma de Madrid es sobre “El imaginario de nación de los jóvenes de la oligarquía guatemalteca”. Esto me hace parte del problema y quizás también parte de la solución.

No escogemos donde nacemos. Lo que sí escogemos es el sentido con el que dotamos nuestro día a día. Somos lo que hacemos y decimos. Pero también lo que dejamos de hacer para ser lo que somos. Me explico:

Así como señalo una “esquizofrenia académica” en la manera en que muchas veces la academia occidental hace construcciones imaginarias de qué y quiénes somos los latinoamericanos. También me reconozco en una situación de esquizofrenia en la que me veo en la tensión de reconocer el poder de los sistemas de dominio sobre nuestras vidas y sin embargo intentar transformar el mundo que vivimos para hacerlo más habitable.

No me parece válido el argumento de descalificar a alguien porque viene de la “elite”. Marx y Engels eran burgueses y no por ello su trabajo deja de ser legítimo. Edward Said, el intelectual palestino, hijo de embajadores, hablaba de cómo hablarle a la elite, creo que es esto en parte lo que busco hacer: deconstruir los falsos mitos de los que está compuesto el imaginario de la oligarquía, los cuales reproducen y legitiman un sistema de desigualdad social, cultural y económica. Pero esto no es aquí lo importante. Lo importante son mis palabras a Sichar:

Primero, al mencionar la tesis doctoral de Gonzalo Sichar mi objetivo no era el de descalificar, sino el de cuestionar y reflexionar críticamente si es legítimo utilizar la categoría de “genocidio maya”. Me parece que no es correcto y lo explico por qué:

Creo que más que “genocidio maya” lo que hubo fue una tremenda masacre de civiles, los miles de civiles muertos lo fueron no por voluntad de extermino étnico sino por una criminal voluntad de control poblacional y territorial, independientemente de la etnia de los colaboradores de la guerrilla. Decir que el racismo deriva de las clases altas y del resentimiento profundo y silencioso de los indígenas es no poder (ni querer) ver más allá de lo obvio. El tejido social de Guatemala es demasiado complejo como para dividir el país en “población maya y exterminada” y “población ladina exterminadora”. Por ejemplo, Demetrio Cojtí dice: “ladino es sinónimo de Ríos Montt”. ¿Se le olvida a este intelectual maya que durante el conflicto armado el ejército también cometió masacres contra población “ladina” y que de hecho hubo y hay oficiales contrainsurgentes indígenas?

Critico severamente que la oligarquía guatemalteca mientras el ejército guatemalteco le defendía sus tierras, este grupo ignoraba que en su país en ese momento se estaba dando una matanza innegable.

Sin entrar en pormenores acerca del por qué ignoraban esa realidad social -y vale decir, que todavía la desconocen muchos de ellos-, no tenían ni la menor idea de que el Estado se encontraba atacando una estructura organizativa y a movimientos sociales que pretendían cambiar el orden social imperante por vía armada. El ejército es una estructura política-militar a favor de los intereses de una oligarquía que a muchos de ellos beneficiaba o de la que formaban parte, y aún hoy en día conforman por decirlo de algún modo: son los dignatarios de una democracia representativa del modelo neoliberal, que oculta las relaciones reales de poder.

Segundo, no cuestiono en ningún momento al Director de tesis Doctoral de Sichar, Juan Carlos Gimeno, es un antropólogo a quien estimo, respeto y admiro intelectual y personalmente. Tampoco cuestiono al Tribunal. Ni a su Cum Laude. Menos a la Comisión de Esclarecimiento Histórico auspiciada por la ONU, ni al Proyecto para la Recuperación de la Memoria Histórica. Lo que yo más bien cuestiono es a las personas que disfrutan del protagonismo académico, manipulando hechos históricos de acuerdo a las representaciones colectivas más difundidas de "la población maya” en el extranjero: imaginarios “políticamente correctos” de la sociedad y el pasado de Guatemala. Creo que algunas de estas publicaciones, no son sino una construcción intelectual de una historia oficial que constituye la pantalla ideológica para muchos agentes de la cooperación internacional, que además permite canalizar fondos -con planes de desarrollo mal diseñados- de manera exclusiva a las comunidades indígenas eludiendo una compleja "problemática social y económica".

Se trata del clásico problema de muchos “científico-sociales”, originado del modo de enfocar la realidad social. Todo su interés se orienta a aquellos grupos humanos de quienes perciben mayor diferencia cultural: de tal manera, los otros se vuelven los únicos protagonistas de sus novelas, donde los ladinos como segmento monolítico se convierten en los malos y los anti-mayas. En cuanto a los fondos, estos van a parar a proyectos de desarrollo que no desembocan en soluciones de fondo a los problemas asociados a la pobreza y las relaciones de poder que operan en las redes sociales de la oligarquía. Así, mantienen en la línea de la sobrevivencia a muchas comunidades y reproducen el sistema económico que los margina y empobrece más.

Planteamientos de esta clase, parten de la una visión histórica totalmente equivocada, según la cual los mayas fueron el único blanco de represión del Estado; cuando en realidad a fin de derrotar de cualquier modo a la guerrilla y desmantelar sus bases sociales u organizativas, se emprendió por parte del ejercito, una política de masacres de civiles a lo largo y ancho de toda la sociedad con consecuencias generalizadas.

Tercero, en ningún momento estoy cuestionando la represión que denuncia Sichar en su tesis, tampoco el sufrimiento de la población indígena (y no indígena, diría yo). Lo que cuestiono es lo de “genocidio maya”. Creo que lo de genocidio o etnocidio puede tornarse juego de palabras: si por genocidio se entiende la matanza de un grupo étnico, pues formalistamente sí se puede hablar de genocidio indígena. Lo que de plano no se puede hacer es equiparar el nombre de “genocidio maya” con una intención de exterminio indígena por parte del ejército. Y esto es lo que yo cuestiono porque es en este sentido que la expresión “genocidio maya” se utiliza. Es decir, como sinónimo de “holocausto maya”.

Por último, insisto: los análisis de Edelberto Torres apuntan a que el genocidio fue contra la sociedad civil y no específicamente contra la “población maya”, es decir que negar que la intención contrainsurgente haya sido el exterminio étnico o etnicido intencional, no equivale a decir que el ejército (defensor de los intereses oligárquicos) no mató indígenas. Sólo, que los mató por guerrilleros o por apoyar de éstos, y no por indígenas o "mayas".

Para Marx, ser radical es ir a la raíz de los problemas. Creo que ir a la raíz de los problemas, es reflexionar críticamente y reconsiderar es repensar los significados para enmendar el sentido de los hechos. En definitiva descartar la idea de "etnocidio" u "holocausto maya” no quiere decir negar que hubo masacres. Lo que sí equivale a decir es que la intención no era de exterminio sino de neutralización de la insurgencia. O sea que no fue una guerra racial sino contrainsurgente. Si la guerrilla se hubiera asentado en territorio garífuna, el ejército seguramente hubiera masacrado garífunas.

Además, ni a la oligarquía ni al ejército les conviene quedarse sin indígenas: unos se quedarían sin mano de obra y los otros sin soldados.

Como salida: no creo que se deba atacar a la persona por su condición de clase. Se critican las ideas. Se debate con argumentos, no con descalificaciones personales. Creo más en el hacer que en el decir, pero toda acción pasa siempre por la palabra. Si bien es cierta la afirmación de Gramsci sobre los niños que se divierten coqueteando con el proletariado. También este brillante activista, periodista y filósofo político escribió sobre la tarea del intelectual como una articulación entre la palabra y la acción. Dice Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel: “se podría afirmar consiguientemente que todos los hombres, son intelectuales, aunque no a todos los hombres les corresponde desempeñar en la sociedad la función de intelectuales”. La propia carrera de Gramsci ilustra ejemplarmente el papel que él le asigna al intelectual: supo compaginar dos papeles, el de organizador del movimiento de la clase trabajadora, y como periodista, el de analista social profundamente consciente y reflexivo. Ese creo que es el caso sobre el que se debe reflexionar.

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