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¿De qué país nos hablan estas elecciones?
Por Marcela Gereda - Guatemala, 10 de septiembre de 2007
marcela.gereda@gmail.com

Por fin, poco a poco se irá disipando la vulgar y vasta propaganda de este proceso electoral. Entre una banal contaminación visual y auditiva, suena “mano dura, cabeza y corazón” y zarandea la bandera del PP la mujer sesentona en esa esquina de la 18 calle de la zona 1. “Pablo presidente”, canta el vendedor de chicle. Combustión y saturación. Demagogia, burla y ridiculización de la ciudadanía guatemalteca.

“Tiempos mejores” proclama el PAN, al lado de un inmenso y burdo rótulo de Gallo, “nuestra cerveza”; se roza también el gigantesco sombrero de Mario Estrada, ocultando volcanes y valles. Se le asoma la frase de Giammattei: “los buenos somos más”. Entre lluvia y granizo, tráfico y smog, una población con salarios mínimos y desempleada, aparece la falsa sonrisa de Ana Lucía Alejos.

Este proceso electoral habla implícita y explícitamente de una Guatemala fragmentada, de la “República bananera” que seguimos siendo, habla de cierta manera de nuestra degradada y asaltada democracia, de una perversa cognición pública. Habla de unos candidatos que no tienen ni sienten el más mínimo respeto por la población.

Ruido y combustión. Bocinas, chicas bailarinas de la UNE, el voto comprador del PP, ofensiva propaganda y mil y un ruidos que degradan la tranquilidad y anulan la capacidad de reflexión y comunicación, entre otras cosas, son lo que ha compuesto el aire de los últimos meses en el país. Y atrás de este despliegue, unos candidatos sedientos del poder y capital, olvidados del hambre y la desigualdad de Guatemala.

Incómodo caminar por las calles saturadas de demagogia. Abrumadas de la alianza entre poder y capital. Estas elecciones nos hablan de unos candidatos que cínicamente se ríen del país, de una violada democracia que insulta la inteligencia humana. Es que nadie les ha dicho a los ciudadanos que el sufragio es el instrumento más importante de la democracia. Hoy las elecciones son para acabar con la violencia, no para instaurar la democracia.

¿Cómo se posiciona hoy la juventud ante este proceso electoral? Lo que escucho es falta de credibilidad y de esperanza. Creo necesario recalcar que la ciudadanía se debe ejercer siempre, no solo en elecciones, sino que en exigir que esos compromisos de los electos sean ejecutados para dejar de perpetuar el carnaval de los demagogos de siempre, que seducen y adormecen a la población con frases hechas, burlando al hambre, la desigualdad y a los rostros desesperados.

El devaluado y perverso proceso electoral habla de un país en el que la lógica del mercado disemina “libremente” a la política, la religión, la educación y la cultura, fortaleciendo así un ridículo discurso demagogo al que hoy los jóvenes nos oponemos. Habla de un país que necesita imprescindiblemente pensarse como un todo, que necesita resignificar su historia y su propia identidad. Habla de un país que necesita pensarse desde el reparto justo de la riqueza de esta belleza cruel que es Guatemala.

Este proceso electoral habla de una serie de discursos estériles desde el punto de vista de la comprensión del mundo y sus posibles transformaciones. De un espectáculo burlesco. Y aunque sé que no tenemos sino palabras para entender el mundo y actuar sobre él, debemos responsablemente conectar las palabras que enunciamos con el mundo que habitamos y que sentimos equivocado.

Estas elecciones dialogan sobre un pueblo que necesita adquirir conciencia en la participación y construcción del mundo en que vivimos, habla de una población que necesita ejercer el derecho a la educación como una práctica de la libertad humana, expresa la necesidad de una nación que intente su propia emancipación y exigir al futuro candidato de turno la búsqueda de una nación democrática. Yo no tengo la receta, ni la fórmula mágica, pero quizá con la participación de todos podemos encontrar la nación justa que merecemos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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