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Si no es aquí, ¿dónde?; si no es ahora, ¿cuándo?
Por Marcela Gereda - Guatemala, 24 de septiembre de 2007
marcela.gereda@gmail.com

“Si besas a la luna que acaricia tu hombro, puede que un cuchillo de sal nazca de madrugada en tus pupilas.
Amargo sabor a luto tiene la tierra donde vivo”.
Otto René Castillo

Hace unos meses platicaba en la Plaza Mayor de Madrid con mi amigo Juan José Hernández, del programa Alianza Joven. Entre otras cosas, hablamos de cómo el sistema guatemalteco además de no ofrecer oportunidades de educación, consumo y empleo a los jóvenes en procesos de marginalidad, pobreza y exclusión, asesina los sueños de muchos y apoya los de unos pocos.

El lunes pasado el sueño de Daniel de Jesús Ochoa, alias Panadero, dejó de ser. Este muchacho de sonrisa de niño y 23 años murió acribillado. Había dejado la pandilla hace cuatro años. “Cuando sea grande quiero ser como vos. En 2016 voy a ser ingeniero, ese es mi sueño”, le decía Panadero a Juan José. Recién había adquirido una carreta de hot dogs para vender shucos: “Voy a hacer los shucos más limpios”, comentaba Panadero.

Lo llamábamos Panadero porque al dejar la Mara 18, enseñó a otros muchachos a hacer pan en el programa de APREDE. Panadero gastaba su tiempo dotando de claridad su presente, con metas precisas, alejándose de quién un día fue: “Antes de volver a robar prefiero la muerte”, decía Daniel.

“O matas o te matan. La muerte es segura, la vida no”. Esta es una pequeña muestra de la lógica que anima a la mara, la cual dio sentido de pertenencia e identidad a la vida de Daniel antes de abandonar la pandilla. Luego montó su negocio llamado Desafío, el cual consistía en reparación de calzado y lustre por cinco quetzales en el edificio Euro Plaza, en la zona 14. Hacía tres meses habían también matado a su hermano, El Shadow, en la colonia El Limón. Fue Panadero quien lo reconoció y sacó de la morgue. Hoy, los hermanos descansan juntos en el Cementerio General, luego de que el país anulara la oportunidad de que Daniel demostrara de lo que era capaz.

Mientras se esfuma entre escombros y lluvia su sueño, otra juventud alienada e indiferente a la muerte de Panadero, abraza y aplaude la búsqueda de éxito y fama que hace Carlos Peña para llegar al programa Latin American Idol. Todo sueño es legítimo si es sincero. Y el de Peña lo es. Sin embargo, me preguntó, ¿por qué Guatemala abraza un éxito definido por la lógica del mercado y de la fama para el consumo, y asesina una utopía en búsqueda de humanidad? Indago:¿qué representan estas utopías para Guatemala?, ¿qué expresan sobre Guatemala?, ¿qué gana y qué pierde el país, qué representan del presente y qué del futuro?

Creo que la vida de Daniel no puede perderse en el olvido porque él sabía el significado de estar vivo y de estar muerto. De vivir en plena consciencia de lo que se es y hacia dónde se aspira caminar; por esto creo que su esfuerzo merece ser parte del mundo que nos queda y del futuro que no tenemos. Del mundo que soñamos construir. Para Panadero ya no hay futuro, pero para su esfuerzo lo debe de haber. Merece la pena que lo haya. La juventud no muere nunca, por ello Panadero no se muere.

Panadero fue un “constructor de sueños”, dicen sus compañeros. Fue un ejemplo de vida que ilustra acerca de la infinita capacidad de renovación por la que los seres humanos vivimos, sentimos, soñamos y morimos.

“A mí, Dios me perdonó, aunque muchos otros aún no me han perdonado”. Lo que Guatemala no debiera de perdonar es destruir el sueño de Daniel: el cambio que él quería ver en el mundo. No debiéramos de perdonar que el Cementerio General sea testigo del entierro de sueños y pasiones. Se pierde así energía, potencial y desafíos, ganas de ser y de estar, de soñar y de decir. Dejamos a la juventud viuda del mundo.

Panadero, esperando a los clientes en la silla de lustrar, trató de buscar su lugar en el mundo, en un mundo que no le dio su lugar. Somos hijos de este tiempo, pero este tiempo no puede seguir siendo así. Si no es aquí que Guatemala empieza a tener fe, a darle lugar, vida y voz a la juventud, ¿dónde? Y si no es ahora que se empieza a evitar el entierro de la juventud, ¿cuándo?

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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