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Tomate e basilic
Por Marcela Gereda - Guatemala,12 de noviembre de 2007
marcela.gereda@gmail.com

Endogamia y racismo. Etnocentrismo e incapacidad explicativa sobre lo que sucede en Guatemala.

Herederos de la civilización cristiano-occidental y de la “patria del criollo”. Extranjería y endiosamiento de los valores occidentales. Estas son algunas de las características que pueden describir la conducta de la reedición de la oligarquía, de su juventud. No me preocupa tanto la manera de pensar de la vejentud oligárquica como la ideología neoconservadora de mi generación.

Nombres de perro en inglés. Celebrar el 4 de julio como si fuese una fecha nacional guatemalteca.

Nombres de sus horrendos edificios en la zona 14, como “Bellagio” y “Bellini”. Que para nombrar el menú lo hacen en francés: ensalada “Tomate e basilic”, como si tomate y albahaca no fuese suficientemente cool. Es más que evidente que en el núcleo oligárquico junior se da un fuerte etnocentrismo (cuando un grupo social está convencido de que los únicos valores legítimos y verdaderos son los patrones culturales propios), y, paradójicamente, al mismo tiempo una enorme enajenación. Este colectivo considera como valores universales todos aquellos provenientes de Estados Unidos y algunos países europeos, provocando algo así como una extranjería de este grupo en su propio territorio nacional.

La imitación del núcleo oligárquico de las características más superficiales del llamado modelo occidental le conduce a una incapacidad de crear un pensamiento autónomo y auténticamente suyo, generando la propia dependencia cultural e intelectual que algunos autores catalogan como “colonialismo mental”.

Según Marta Elena Casaus Arzú, “el núcleo oligárquico (guatemalteco) mantiene su hegemonía a través de la endogamia, es decir que hay alianzas matrimoniales que se dan únicamente dentro del mismo grupo social. El racismo opera como uno de los mecanismos más fuertes de reconocimiento de sí mismo y del otro, siendo así el racismo un mecanismo de supervivencia y legitimación de la clase”.

Alrededor de 12 mil personas (2 por ciento de la población) monopolizan las dos terceras partes de las tierras agrícolas, y producen esencialmente para el mercado internacional. Las grandes explotaciones (más de 45 hectáreas) aportan cerca del 90 por ciento de la producción de café y banano, y casi toda la producción de algodón. Este grupo constituye el núcleo duro de la oligarquía guatemalteca.

El desarrollo del capitalismo expansivo está transformando el mundo en que vivimos, y con ello los referentes de nuestra experiencia como seres humanos. La globalización produce nuevas formas de conocer y percibirnos a nosotros y los otros. Así, es el mercado el que define quién y qué es la sociedad; el mundo está definido en función de flujos de mercancías, dineros, información, nuevas tecnologías que generan nuevos paisajes de referencia para la gente.

Este proceso provoca una deshumanización del trabajo, porque al humano en la lógica del mercado se le entiende como productivo o improductivo. Es desde esta concepción que a la oligarquía junior nacional le agrada la retórica de economía de mercado, no porque presupone la disolución oligárquica –eso le da alergia–, sino porque le permite metamorfosearse en su discurso de la propiedad privada.

De ahí mi crítica a que el país sea aprendido desde la lógica neoliberal, en la instrucción de un alumnado al que se le enseñan doctrinas nocivas y ahistóricas, herméticas y perversas sobre el modelo económico a seguir y sobre el Estado de Derecho. Esta ahistoricidad sirve para prolongar la estructura agraria precapitalista de los juniors.

Buscar hablar con la oligarquía junior es a veces un diálogo de sordos. Sin embargo podemos partir de un reto: empezar a ser donde se está. Conocer de dónde venimos y hacia dónde queremos caminar. Fijarnos con atención en qué es lo que Guatemala hoy demanda y necesita para buscar un interés nacional. Hacer un país de todos y para todos en el que la convivencia interétnica e intercultural sea la norma y no la excepción, motivo de orgullo de nuestra particular manera de estar en el mundo

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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