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La calle y la crazy life, única alternativa
Por Marcela Gereda - Guatemala, 26 de noviembre de 2007

Una generación inconsciente del mal heredado.

La modalidad neoliberal del capitalismo tercermundista y oligárquico produce marginalidades específicas y estas toman la forma (entre otras) de maras. Para muchos no incide el sistema, sino son las personas las que “deciden” prosperar o marginarse. Es decir no hay relación de interdependencia entre la pobreza–marginalidad y el modelo económico neoliberal por el que se apuesta hoy en día.

Hablo desde lo que he visto, escuchado y documentado, no con el deseo de hacer apología de las maras, sino como una necesidad de explicar este fenómeno creciente que caracteriza particularmente a mi generación, nacida en un contexto de guerra. Una generación inconsciente del mal heredado y de la resaca que nos dejó la violencia en el país.

Las andanzas específicas de cierta población marginal están interrelacionadas con formas determinadas de acumulación del capital. Estas maneras concretas de acumulación del capital producen vivir la crazy life en la que los jomis viven por la violencia y el crimen como forma inevitable de expresar descontento ante una economía, un Estado y un sector privado que no ofrecen posibilidades de participar libremente en la creación de riqueza y, en consecuencia, tampoco posibilidades dignas y justas en educación, salud, vivienda, consumo y empleo a ese extenso conglomerado de hijos de la guerra y nacidos en tierra de nadie y sin nada.

El neoliberalismo tiene formas distintas de insertarse en cada región del planeta. En el caso de Centroamérica se caracteriza por un enriquecimiento de las oligarquías al pactar con las multinacionales, y por un empobrecimiento de las clases trabajadoras crecientemente desempleadas.

La modalidad neoliberal propugna por la lógica de los mercados locales y transnacionales sin regulaciones políticas, con lo que, en una sociedad oligárquica y mercantilista, se ahoga con ello a las clases trabajadoras. Un ejemplo de ello son las maquilas, en las que son las trasnacionales quienes imponen las leyes laborales y el Estado, en vez de proteger a la clase trabajadora, permite que esta “mano de obra barata y descalificada”, tenga este tipo de empleo bajo el argumento de que “las maquilas son importantes porque generan fuentes de empleo”.

Los miles de jóvenes que se integran a las maras, al verse sin familia, sin educación, sin vivienda, sin empleo, sin oportunidad y sin una red social y familiar que los apoye, optan por la vida de la calle.

Al vivir en la calle se asume la lógica y la normativa de la calle: vivir para matar. Si el sistema no te hace vivir, te lo quebrás vos a él.

Al tener la calle y la crazy life como única alternativa, estos jóvenes de mi generación que andan por su único espacio permisible, buscando su lugar en el mundo en un mundo que no les da su lugar, generan formas marginales de ver y actuar en el mundo. Por ello, la moral de las personas no está relacionada solo con los valores que promueve la familia, sino con las circunstancias concretas en las que nos toca nacer (a ellos, morir). Como la calle, la muerte también se vuelve una opción para esta generación envenenada del mal que produce la desigualdad y la exclusión, que son la columna vertebral de un sistema y las modalidades económicas que se autoproclaman libertarias, pero cuyos productos humanos más visibles son el abandono y el enriquecimiento de unos y el empobrecimiento y la muerte de otros. El hambre en medio de la abundancia. La acumulación unilateral del capital viviendo al lado de la miseria: sin igualdad no puede haber paz.

Un sistema económico puede producir prosperidad social cuando incorpora al trabajo y al consumo a sus masas en calidad de ciudadanos. Y produce miseria y violencia cuando excluye a esas masas de los circuitos de producción y consumo de mercancías. Por eso es que sí es lícito decir que el capitalismo oligárquico–neoliberal, sumado a otros factores estructurales, produce la marginalidad que constituye el caldo de cultivo de las maras y de su forma degradadamente alternativa de vivir, morir y matar.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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