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El mundo en un grano de arena
Por Marcela Gereda - Guatemala, 3 de diciembre de 2007

“Vuelvo, quiero creer que estoy volviendo, con mi peor y mi mejor historia, conozco este camino de memoria, pero igual me sorprendo”. Mario Benedetti.

Vuelvo de nuevo a Escuintla. Entre polvo, humedad y arena recorro la antigua carretera de la costa pacífica. Es noviembre y época de zafra, el sol se derrite sobre volcanes y cocos. Sobre rostros cansados y sudados.

Viajo entre picops que transportan diversas cargas. Las hay unos que trasladan llantas; otros, caña de azúcar; otros, coches. Unos llevan chatarra y otros, repletos de coco, rebasan en curva y sin piedad al ritmo de Los Iracundos: “Va cayendo una lágrima en tu mejilla”.

Miro por el retrovisor, a diferencia de las palanganas guapachosas y desbordadas de cargamentos, advierto la palangana de mi picop vacía. ¿Cuál es el equipaje y carga que transporto en mi picop?, me pregunto. Y entonces escucho la sonrisa de Denilson y la alegría de Winnipeher. Veo la manera de bailar de Sleiter y el diente de oro de Lupita brillando bajo un sol resplandeciente en el caserío “Paraje Galán”, en Guanagazapa.

Son ellos los niños y jóvenes miembros de una red juvenil comunitaria de diversas aldeas y caseríos de municipios de Escuintla con los que he estado trabajando estos días. Hay en ellos inmensas ganas de ser y de decir. Deseos de hacer y de construir el desarrollo de sus comunidades.

“Cuando sea grande quiero ser mecánico”, dice efusivamente Denilson, de 10 años. “Yo quiero ser enfermero”, dice Brandon. “Mi sueño cuando sea grande es ser una buena maestra”, expresa con esperanza Yulisa. He hablado también con directores de escuela, alcaldes y líderes comunitarios. El diagnóstico es el ya conocido y sobredicho: no hay empleo y la educación es escasa. Son mínimas las oportunidades de expresar talentos y habilidades. Es poca la voz y el espacio que los adultos dan a los jóvenes. Minúsculos los esfuerzos por estimular y motivar a que los niños sean niños. A que los jóvenes sean jóvenes, a construir una cultura juvenil de paz y de participación.

Estos chicos tienen plena conciencia de lo que significa estar vivos hoy, conocen el costo de la vida y, a pesar del calor y la pobreza, con una inmensa sonrisa expresan: “No hay pisto para esta Navidad, pero hay que hacerle ganas”.

¿Qué debiera ofrecer el Estado a Denilson y a Brandon para lograr sus sueños?, ¿para tener una vida digna y un diente de oro que brille en medio de un empleo estimable? “O sea que lo que sucede es que aquí la muchachada no halla ni en qué entretenerse, por eso al vicio se meten”, dice Erica, de la aldea El Milagro, en Masagua.

La semana pasada estuve en varias comunidades de San Pedro Carchá; viajo sobre muchas carreteras y a pesar de hallar un país tan pequeño en extensión, encuentro una Guatemala inmensa y desconectada. Llena de voces humanas no escuchadas. Colmada de dolor no expresado, de un pasado que sigue siendo parte del presente. “Aquí la tierra llora sangre, seño, aquí hay jóvenes que todavía no saben lo que el Ejército le hizo a su familia”, dice un ex patrullero y sobreviviente de la masacre de Panzós.

El alcalde de Carchá, don Manuel Izaías, un ex maestro rural y gran alcalde que vela por la juventud, dice: “El cimiento de un país es su niñez, su juventud; si no le apostamos a la niñez, no hay desarrollo. Si queremos desarrollo, debemos invertir en la educación, salud y deporte para los niños, hacerlos sentir importantes y protagonistas de su desarrollo como personas”.

Hallo la palangana del picop desbordada: el mundo en un grano de arena. De historias y experiencias para traducirlas y para exigir al Gobierno y al futuro Ministro de Educación, a las organizaciones para la juventud y a usted, amigo lector, un poco de participación en la construcción de una sociedad de todos y para todos. En la que la juventud se sienta libre de ser quien es, orgullosa de verse como se ve. Inundando sobre el país su potencial y capacidad de ser. Lo imagino. Viajo sobre la carretera antigua al Pacífico, “conozco este camino de memoria pero igual me sorprendo”.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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