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Livertad con “v”
Por Marcela Gereda - Guatemala, 10 de diciembre de 2007

Las últimas semanas estuve en varias comunidades de las Verapaces, Izabal y Escuintla. Entre otras cosas, hablando con maestros, directores de escuela y niños, conocí de cerca el programa de Pronade. En definitiva las cuestionadas escuelas de autogestión no fueron una respuesta para lo que el país necesita, y decisivamente su estado y la triste mirada de los niños ponen sobre el tapete la demagogia de la ministra Aceña hace unos domingos en una entrevista que le hizo elPeriódico.

Hablando con líderes comunitarios supe que la propuesta descentralizadora del Mineduc, al poner la contratación de docentes en manos de los padres de familia, le impuso a los sectores más pobres una carga mucho más alta de la que tienen los padres con más recursos. Varios niños afirman que los maestros siguen sin llegar a dar clase.

El Movimiento Magisterial, uno de los pocos movimientos sociales que hoy le está haciendo frente a la ola neoliberal, se opuso a la reforma educativa de Aceña con protestas, ante lo que ella salió con su sempiterna defensa de la competitividad, la ciencia y la productividad.

Independientemente del concepto empresarial sobre educación que Aceña tiene, creo que merece la pena reflexionar sobre algunos puntos para el futuro Ministro de Educación.

Creo determinante detener la contrarreforma educativa de corte neoliberal impulsada con respaldo del BM y el BID. Hacer una inversión humana para la calificación y compromiso de los maestros.

Tomar en cuenta las demandas del Movimiento Magisterial, encabezado por el Sindicato de Trabajadores de la Educación en Guatemala y la Asamblea Nacional de Maestros.

Un verdadero maestro es aquel que nos plantea la necesidad de reflexionar sobre el mundo de ahí afuera, es decir, la necesidad de comprender el planeta en que vivimos e implicarnos en los acelerados cambios que en él se dan.

Creo que educar al país no debiera significar solamente alfabetizarlo, sino hacer de la educación un agente de transformación social al buscar una comprensión crítica de la realidad social, política y económica del país.

Cambiar el país debe hacerse desde la educación. Desde pensarnos construyendo una sociedad civil activa, una cultura de la implicación y la responsabilidad social, generando sinergias para ensanchar la política.

Para esto es necesario el diseño de una nueva pedagogía en el nivel medio y universitario, que tome en cuenta las variables sociales y culturales, el escenario económico y político de aquí, para la creación de nuevos espacios para la producción de conocimientos, reconociendo que los sistemas educativos tienen poco que enseñar y mucho que aprender.

Mi amigo y maestro, el antropólogo Juan Carlos Gimeno, señala que las universidades de hoy deben preguntarse ¿qué nuevos conocimientos exige la globalización en el ámbito del desarrollo y la gestión de las transformaciones sociales que la acompañan? ¿Hasta qué punto las viejas categorías son insuficientes para abordar la gestión de las transformaciones sociales? ¿Qué condiciones de participación de los actores de desarrollo son necesarias para la producción de conocimientos dirigidos a producir transformaciones sociales dirigidas al desarrollo humano? Esto debiera darnos en qué pensar para las universidades guatemaltecas alejadas de los conflictos de nuestro tiempo y lugar.

Las universidades como sistemas educativos debieran desempeñar un papel de articuladores de sistemas políticos y de desarrollo humano para la nación, debieran partir de lo que somos: el segundo país más desigual de toda América Latina.

Hace unos meses recibí una carta de uno de los chicos en Villa Nueva con los que trabajo en la que me escribía (sic): “Ceño Marsela, grasias por enseñarnos a creer en la livertad”. Esto me llevó a la reflexión de que la libertad que viven aquellos chicos es una libertad con “v” pequeña, y a plantear este desafío desde la educación para que la niñez y la juventud dejen de ser “livres” y pasen a ser seres humanos en permanente liberación para transformar el mundo que habitamos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt

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