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Dar
Por Marcela Gereda - Guatemala, 17 de diciembre de 2007

En la Agenda Nacional de la Juventud, propuesta por la Coordinadora Juventud por Guatemala, se indica que nuestro país “está conformado por una población eminentemente joven. De 12.7 millones de habitantes, 8.99 millones (70.84 por ciento) están entre los 0 y 29 años. Las potencialidades para el desarrollo se encuentran en la juventud, ya que representan la base del aparato productivo del país, alcanzando a ser el 37.88 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA). Este segmento poblacional ha sido históricamente excluido de las políticas de desarrollo social, económico y político impulsado desde el Estado”.

Dada la estructura de oportunidades de nuestro país, la mayoría de los jóvenes guatemaltecos se enfrentan a problemas sociales como la falta de educación y salud, la “callejización”, la discriminación, la ausencia de opciones de recreación, el trabajo infantil, el abuso sexual, el maltrato infantil, los pocos espacios de participación, organización y expresión de la juventud. También esta estructura empuja a miles de jóvenes a migrar a Estados Unidos.

El lunes pasado, la Organización de Derechos Humanos del Arzobispado entregó la Orden “Juan José Gerardi” a dos jóvenes ex pandilleros de Ciudad del Sol, Samy y Cristy.

Entre extorsiones y homicidios, robos y delitos, sicarios y vendedores de droga, marcados por la pobreza, los códigos de la calle, la difícil inserción en el mundo laboral y estigmatizados por tatuajes y por tener relaciones con pandilleros, crecieron Samy y Cristy.

A pesar de todo, no cerraron los ojos ni huyeron; se quedaron allí y apostaron por su gente.

Creyeron en la infinita capacidad de transformación que vive en cada ser humano. Dieron la espalada a la violencia y se arriesgaron a permanecer en Ciudad del Sol, donde hoy coordinan el Rincón Joven “Por mi Barrio”, en el que los niños, en vez de pasar tiempo en la calle, pueden llegar a aprender y a jugar, a hacer uso creativo de su tiempo y, posteriormente, buscar un posible empleo.

Sus sueños, hacer más grande y mejor el Rincón Joven, que lleguen más niños y que haya empleo y más oportunidades para los infantes de escasos recursos, para que éstos queden fuera del riesgo que implica crecer y vivir dentro de la pandilla.

Me pregunto: ¿Qué representan estos sueños para Guatemala? ¿Qué expresan sobre lo que somos los guatemaltecos? ¿Qué dicen sobre nuestro presente y qué para nuestro futuro?

Creo que representan un mundo de posibilidades: nos muestran que sí hay quienes se comprometen a hacer este trabajo. Dar un sentido a los “otros”. Su aportación es enorme porque permite vislumbrar la posibilidad de revertir ese proceso que hemos naturalizado como un caos sin remedio, pero que quedará en poco sin políticas que apuesten también por la vida de esos “otros” que al final también somos nosotros.

Con todo y la falta de oportunidades, y además de que hace pocos meses se asesinó a Panadero, otro ex pandillero en búsqueda del cambio, hoy el día vuelve a ser de esperanza: se premia con la Orden Gerardi a dos ex pandilleros extraordinarios, que practican una excepcionalidad compartida con muchos otros, con el compromiso y el ejemplo de su enorme capacidad de transformación. Por invertir su tiempo apostándole a la vida; al dar y darse a la niñez y a la juventud.

Cristy y Samy, una pareja de reivindicación de lo humano. Desde su generosidad sin cálculo, con riesgo y desde sus carencias ellos dan. Dan al “otro”. Nos dan como país. ¿No es acaso esta razón suficiente para que nosotros también comencemos a dar a la juventud un nuevo horizonte de oportunidades y no solo pedirles que renuncien a lo que son?

Ciudad del Sol aparece hoy como un espacio de esperanza, donde día a día resurge, con personas que dan, como Samy y Cristy y otros muchos, la esperanza de lo que somos como guatemaltecos y lo que podemos ser. De lo que Guatemala es y de lo que podría ser. Y para quien quiera entender “dar es dar”.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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