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Ejercicio práctico para convocar violencia: las y los jóvenes Emos[1]
Por Mariano González. - Guatemala, 24 de febrero de 2009
magopsi@yahoo.com.mx

Helio Gallardo define las identificaciones inerciales como posiciones sociales suministradas por el sistema que implican asimetrías y convocan violencia. Por ejemplo, ser mujer, indígena, pobre y rural se constituye en una posición que convoca múltiples discriminaciones. Pero en nuestra realidad hay muchas más “opciones” para atraer violencia.

En el caso de los jóvenes Emos, la identificación inercial provista es la de ser “jóvenes rebeldes”, con todo lo ambiguo que puede ser esta posición. En efecto, ser joven rebelde implica el deseo, quizás difuso y no necesariamente claro, de querer darse una identidad distinta a la que se proporciona desde los valores morales tradicionales. Para decirlo claro, los jóvenes rebeldes rechazan la posición de joven adaptado o de joven exitoso. Pero el sistema les define como inadaptados, problemáticos, locos, etc., de forma tal que les define rechazándolos. Al no cumplir con las miradas, expectativas, valores y conductas esperadas convocan desde rechazo y desconfianza hasta insultos, golpes y todo tipo de estigmatización, es decir, convocan violencia. Desde la perspectiva adulta, que en este caso es la perspectiva del poder, se les califica con una serie de estereotipos y valores negativos que son definitorios de la “juventud rebelde” y que se convierte en la visión asumida hasta por otros jóvenes, los adaptados y cómplices del sistema (M. Zúñiga), e incluso, por ellos mismos. Otra cosa fuera si tuvieran una organización que les proveyera soporte y un horizonte de esperanzas que les sirviera como guía en el arduo camino de la construcción de identidades gratificantes y proveedoras de autoestima. Sin embargo, esto es lo que no se mira en los jóvenes Emos.

Al contrario, su posición resulta sumamente problemática. Es fácil advertir que lo que les sucede es que convocan violencias de diverso tipo. En forma mínima, hay una fuerte incomprensión y rechazo hacia la cultura Emo que parte de los adultos y es compartida por muchos jóvenes. Es cierto que muestran acciones contradictorias y que provocan repulsa. Las autoagresiones y ese gusto por una sensibilidad depresiva que desarrollan como opción identitaria revelan aspectos fuertemente problemáticos.

Lo que debe considerarse, sin embargo, es que los Emos no se “producen” por problemas psicopatológicos ni por desintegración/ disfunción familiar, sino por una cultura de la desesperanza, que cierra cualquier horizonte y hace de la violencia (hacia fuera o hacia dentro) una de las únicas opciones a la mano. Y que es nuestra cultura. Lo psicopatológico y las disfunciones en la familia pueden mediar en una elección que implica autoagresiones, pero no son lo determinante. Problemas personales y familiares siempre han habido y no han resultado en una cultura tan diferenciada como la de los Emos. En comparación, en los 60s y 70s existieron jóvenes adaptados, hippies y militantes revolucionarios. Existieron en un contexto específico en el que se abría un horizonte de sentido totalmente distinto. Los Emos existen en nuestro tiempo, son “signos de nuestro tiempo” que revelan nuestro absurdo. Son una expresión de nuestro mundo que  ha sido captada por una expresión cultural propia[2].

Pero en lugar de intentar comprender su situación, se les rechaza. No solo realizan una opción tan fuertemente problemática, sino que además se refuerzan sus dificultades. Esto se revela en la forma en que se les describe y en las reacciones que despiertan. Para utilizar una expresión coloquial: ¡No solo, sino!

Dina Fernández señalaba que los Emos pueden convertirse, por su adscripción identitaria, en culpables de muchas cosas. Recuerda que ante el asesinato de la familia Chew[3], ya los fiscales acusan a Chew Girón del mismo y utilizaron la “prueba” de que pertenece a la comunidad de los Emos que, y éstas son palabras de la columnista  “tienen fama de ser deprimidos, ensimismados y poco sociables” (Dina Fernández, elPeriódico 29-12-2008). La lógica de la fiscalía es que es culpable porque es un emo, lo cual resulta absurdo pero significativo en función de los estereotipos que se crean en torno a los Emos. Revelador de la incomprensión y el rechazo desde el cual son juzgados.

No hay interés por escuchar lo que quisieran expresar ni se busca contacto o comprensión, No se considera que los actos que realizan y provocan repulsa, pueden ser también signos de dolor. Andrés Zepeda representa muy bien esta actitud: “Si les hubiera tocado crecer en algún asentamiento, seguro que serían mareros, pero a cambio harían el favor de no quejarse tanto. Qué tragedia: imagino lo pesadas que han de ser sus cargas existenciales para que tengan como oficio ensayar una serie de patologías que van desde negarse a comer hasta cortarse las muñecas con hojas de afeitar, para luego amagar con suicidarse (¡ala!, no se repriman, ¿les presto mi machete?[4]).” (elPeriódico 12/12/2008).  Y es cierto que sus dolores no son los de los jóvenes empobrecidos y carentes, pero en ellos se encarna un cierto espíritu del tiempo, absurdo y nihilista, del cual somos partícipes.

Quizás por eso es que convocan tanta violencia. Porque su sinsentido es el nuestro. Una maestra comentaba lo siguiente historia sobre un joven emo de su colegio. Un padre, al saber que su hijo se había hecho cortes en las muñecas (porque el joven se descuidó y mostró esas heridas), le dice: “Si quieres marcas yo te las voy hacer bien” y acto seguido le pegó tan duro que, en efecto, cumplió su amenaza dejándole marcada la espalda. ¿Solucionar su autoagresión agrediéndolos?

Así que con el pelo cubriéndoles los ojos (¿como no queriendo ver?), figuras delgadas y etéreas de tanto no comer, mangas largas y caminando con los brazos pegados al cuerpo para que no vean sus cicatrices, los Emos, esos hijos de nuestro tiempo, caminan atrayendo repulsas y agresiones. ¿Cómo no intentar reflexionar sobre su condición y la nuestra?


[1] Le agradezco a  las compañeras de la Unidad Popular de Servicios Psicológicos, Mónica, Jennifer, Marina, Evelyn y Micda, por sus observaciones sobre los Emos.

[2] Incluyendo una apariencia, pautas de consumo y música diferenciadas y muy actuales.  Los Emos serían impensables en los 60s y 70s.

[3] A finales del 2008, en ciudad de Guatemala se produce el asesinato de la familia Chew (padre, madre y tres hijos pequeños) perpetrado de forma muy sangrienta. De acuerdo a la fiscalía, uno de los principales sospechosos es el hijo mayor Yat Roy Chew Girón.

[4] Realmente el columnista no se imagina sus cargas existenciales. En todo caso, habría que escucharles y buscar comprender qué es lo que están queriendo expresar.

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