El pueblo bien vestido, ¡jamás será vencido! II
Por
Mariano González. - Guatemala, 14 de mayo de 2009
magopsi@yahoo.com.mx
¡El pueblo unido jamás será vencido! corean entusiasmadas, pero con recato, señoras que me parece haberlas visto en la sección de sociales de la revista Vanidades. Una señora, evidentemente emocionada, gritaba por las bocinas “Guatemala somos todos…Este es un movimiento ciudadano, sin diferencias sociales…”, al tiempo que un mocetón de 1.90mts., blanco y rubio, portaba un cartel con la frase: “¡Los universitarios exigimos su renuncia!”.(1) A la sombra de los árboles del parque central, sobrios pero muy visibles, guardaespaldas de los manifestantes vigilaban que no hubiera peligro para sus protegidos. Y por supuesto, lujosos vehículos agrícolas correctamente estacionados en estacionamientos y calles aledañas, esperaban a sus dueños después de la valiente asoleada.
Puedo sentir que el asesinato de Rodrigo Rosenberg es una pérdida lamentable para su familia y para el país. Pero también siento que es parte de la tragedia a la cual asistimos diariamente y de la cual, son las personas pobres las que resultan más afectadas. Esto me debe obligar a mantener una perspectiva política clara en referencia a estos sucesos y tratar de pensar los posibles sentidos que se generan en torno a la coyuntura actual. Las protestas que se están llevando a cabo por el escándalo suscitado a raíz de las acusaciones vertidas por Rodrigo Rosenberg en ese video impactante, resultan desde un punto de vista sociológico, sumamente interesantes.
Se puede afirmar y especular mucho respecto a los promotores y las intenciones de los organizadores de las protestas (la oligarquía y el gobierno, principal pero no exclusivamente), pero lo que resulta evidente es que la recepción de las convocatorias y la participación que se está generando en las protestas nos dicen un poco de nosotros mismos.
Un profesor universitario que también estaba observando alegremente lo que sucedía, me decía que las protestas no sólo eran la expresión de clases diferentes, sino de “razas” diferentes (utilizando la palabra “raza” de una forma pragmática, sin que en este contexto requiera precisión conceptual). Y es que resultaba más que obvia la diferencia entre los manifestantes que van en contra del gobierno, blancos, rubios, bien vestidos, que llegan un poco como a reunión social y los manifestantes a favor del gobierno que son morenos y morenas, chaparritos y llegan con la ropa que utilizan para trabajar (como el delantal del puesto del mercado, del comedor o del asentamiento). Es claro que no todos corresponden a esta descripción sumaria, pero la composición principal de cada grupo manifestante es claramente distinta y se corresponde a grupos sociales netamente diferenciados: opulentos y empobrecidos, ricos y pobres.
Decir con los manifestantes de la high que “Guatemala somos todos” resulta una invisibilización de las diferencias que son importantes dentro de la actual coyuntura, pero que además, atraviesan y explican nuestra historia como país injusto y empobrecido. Porque las causas estructurales de la violencia vienen de la construcción de un país profundamente desigual donde unos pocos tienen en exceso, mostrándolo ostentosamente y una mayoría que no termina de llenar sus necesidades básicas asiste al espectáculo de la opulencia de las élites. También pesa impunidad heredada que practicó el ejército al defender los intereses de la oligarquía (aunque el ejército terminó por construir un proyecto propio), blindándose contra la amenaza del “comunismo internacional”…y de hacer justicia a la mayoría empobrecida del país.
No sé lo que puede llegar a pasar a raíz de estas manifestaciones. Pero es necesario ver todo lo ideológico que encierra la proclama que “Guatemala somos todos” o el ya largamente utilizado concepto de “sociedad civil” que lo mismo agrupa al CACIF que a organizaciones campesinas. Con estas manifestaciones se expresa en el espacio más visible la existencia de grupos diferentes que portan intereses y proyectos diferentes. Proyectos e intereses contrarios y contradictorios, pese a una retórica del buen gusto que se acostumbra a utilizar desde hace tiempo y que crítica el “resentimiento”, el “negativismo” y a los que provocamos “división”.
Hay que señalar claramente que con el alarmismo un tanto histérico que se produce desde la protesta de la high, se tiende a borrar las diferencias y hacernos creer que todos estamos en la misma situación. Y ser críticos frente a los intentos de manipulación a través de apelaciones afectivas al patriotismo como “Guatemala, yo no te abandono”, al himno nacional versión radio juvenil y al uso de otros mecanismos que buscan lograr la identificación con una causa de “todos”.
Porque no es cierto: no me olvido que hay diferencias fundamentales en la existencia concreta entre esa señora rubia, alta y de mucho dinero, y la humilde mujer, morena y chaparrita. Pese a lo que digan.
(1) Lástima que de la emoción por participar se le olvidó poner a quiénes se exigía la renuncia y sobre todo, de qué Universidad era… ¡o sea pues!
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