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Imágenes del Sur: Latinoamérica de Calle 13
Por Mariano González y Anneliza Tobar - Guatemala, 31 de enero de 2012
magopsi@yahoo.com.mx

Es tan solo una idea, pero procesos de cambio que se gestan desde América del Sur, vía resistencias cotidianas, luchas de movimientos sociales y el trabajo de algunos gobiernos, van convirtiéndose, poco a poco, en una sensibilidad cultural que se va extendiendo y reivindica otros valores frente a los valores del sistema de dominación. Quizás esto contribuya a comprender esa expresión de diversidad y de denuncia que es Latinoamérica de Calle 13.

Luchas y resistencias, así como canciones de protesta y trova, son parte del paisaje latinoamericano desde hace largo tiempo. Estudiantes, trabajadores y activistas celebran, conmemoran, protestan y se reúnen al calor de guitarras y viejas y nuevas voces provenientes de Argentina, Chile, Cuba, México y, prácticamente, de todos los países del subcontinente. Hay bellísimas canciones que celebran la dignidad y la solidaridad, denuncian la muerte y la injusticia, expresan dolores y esperanzas desde esta región.(i)

Sin embargo, y pese a una difusión que se extiende en múltiples espacios, es de hacer notar que también en circuitos de producción y consumo musical de difusión masiva, se pueda encontrar una canción y un video como Latinoamérica de Calle 13. Resulta un signo interesante que interpretes conocidos giren la vista hacia el sur y reivindiquen la particularidad latinoamericana, transmitiendo a un público potencialmente grande, un mensaje coherente y esperanzador.(ii)

En un ritmo que incluye sonidos de los pueblos profundos latinoamericanos y con una estética propia de un video musical, se presentan una serie de rostros e imágenes de latinoamericanos. Como se puede apreciar niños, ancianos, hombres y mujeres, negros, indígenas y blancos aparecen viendo a la cámara o son presentados en sus actividades cotidianas. No se encuentra la celebración de esos modelos de cuerpos perfectos, las invitaciones y el glamour de los “ricos y famosos”, así como sus gestos y rictus, sino gente en momentos de su vida.

La selva, el campo y la ciudad son mostradas como parte de la diversidad del subcontinente. Son imágenes, rostros y cuerpos que no coinciden con los criterios estéticos dominantes: que celebran la diversidad pero que también contienen su denuncia en tanto son paisajes y situaciones populares y pobres. Al final, el corazón y el árbol-mujer que crece es una imagen muy fuerte de resistencia y esperanza.

Además, la letra de la canción propone un mensaje propiamente político y que también propone aspectos diversos de la realidad y la cultura latinoamericana. Desde la referencia a los escritores García Márquez y Pablo Neruda (“los versos escritos bajo la noche estrellada” en alusión al famoso poema 20), pasando por los celebrados goles de Maradona contra Inglaterra, hasta la referencia al “Plan Cóndor”, parte de la infame represión de los gobiernos en el Sur contra sus pueblos, así como a sus resultados: miles de asesinados y desaparecidos (acompañados de imágenes que, por asociación, pueden entenderse como fotografías de desaparecidos y la denuncia: “¡Perdono pero nunca olvido!”). En suma, la canción logra retratar parte de la realidad latinoamericana, usualmente la que no se ve, se desprecia o es tratada de otra forma en los medios de comunicación: quiénes son los sujetos, cuál es nuestra historia compartida, la riqueza natural del territorio (que hay que defender). La observación/escucha de este retrato “mueve” despertando emociones: orgullo, indignación o esperanza.

En sus estrofas se denuncia el robo histórico al que se ha sometido el subcontinente, la explotación de las poblaciones campesinas, así como los valores de la tierra y de la gente. El coro en el que intervienen la colombiana Totó la Momposina y la brasileña María Rita es explícitamente contrario al relato dominante: el relato del mercado que, como dirá Franz Hinkelammert, es el gran relato de la modernidad in extremis en la que nos encontramos (y, por tanto, resentimos). Allí cantan:

Tú no puedes comprar al viento./ Tú no puedes comprar al sol./ Tú no puedes comprar la lluvia./ Tú no puedes comprar el calor./ Tú no puedes comprar las nubes./ Tú no puedes comprar los colores./ Tú no puedes comprar mi alegría./ Tú no puedes comprar mis dolores./

Francamente es difícil esperar algo similar en los cientos de grupos y cantantes de Pop o de Rock que usualmente pueblan los circuitos musicales comerciales.(iii)

Indudablemente que una golondrina no hace verano y un grupo y una canción no transforman el mundo. Pero tampoco es ese su cometido. Puede, y siempre es solo una posibilidad, acompañar, denunciar, indignar, mostrar dolores, colores, imágenes y sonidos de resistencias y esperanzas.


(i) Sería simplemente imposible presentar una lista más o menos decente de autores y canciones de protesta y trova (o canciones populares) que han dado este acompañamiento. Cualquier lista sería tan solo una expresión de preferencias personales y una injusticia.

(ii) Más en estos tiempos en que los jóvenes (y todos nosotros) necesitamos volver a creer.

(iii) Siempre ha habido y hay algunas excepciones a la reproducción acrítica de la realidad. Por ejemplo (y es solo un ejemplo) canciones de Los Fabulosos Cadillacs.

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