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Nota sobre los aspectos subjetivos del poder
Por Mariano González - Guatemala, 29 de enero de 2013
magopsi@yahoo.com.mx

El poder es un tema complejo. Indudablemente que está ligado a la posesión diferencial de recursos (económicos, políticos, etc.). Pero no sólo. Se han hecho muchos análisis respecto a las sutiles relaciones que se establecen en el ejercicio del poder, pero nunca está de más insistir en que también es necesario el consentimiento de aquellos sobre los que efectivamente opera una relación de poder. Esto implica el reconocimiento de que el otro que lo ejerce tiene, dentro de un marco determinado, la posibilidad (legitimidad) de ejercerlo.

Más allá de las situaciones de fuerza bruta (o en situaciones mixtas), se necesita que las personas sean aquiescentes a las exigencias del poder y, por tanto, obedezcan. En otras palabras, hay que explorar las relaciones subjetivas (y simbólicas) por las cuales algunas personas están en condiciones de imponer su voluntad y otras de obedecer ciertas exigencias.

Esto es un tema necesario para las reflexiones de una psicología política, pues debe recalcarse que la fuerza o el interés, por sí solos, no alcanzan para explicar la sumisión. Por adelantar algo, hay fenómenos como la imitación de las figuras de autoridad que se podrían entender desde la óptica de la identificación con el agresor y que pueden servir para explicar fenómenos socialmente relevantes.

En este sentido es muy sugerente la perspectiva de Sandor Ferenzci respecto al tema.(i) Entiende la identificación con el agresor como el mecanismo inconsciente por el cual se quiere saber qué quiere el agresor y actuar en consecuencia para evitar castigos. Surge de situaciones donde hay abusos extensos. Puede ser el caso de niños sometidos a maltrato en la familia. Pero es posible que influya en muchas más situaciones de la vida cotidiana. Como lo señala Jay Frankel:

“Estamos todo el tiempo borrando nuestra particularidad en nuestras interacciones sociales con figuras simbólicamente fuertes en cuya presencia nos volvemos temerosos, dóciles, enmudecidos o tontos: médicos, jefes, celebridades, expertos, gente que lleva uniformes o trajes. Nos volvemos pacientes complacientes, empleados dóciles (incluso si estamos resentidos), consumidores voraces, anuncios corporativos andantes, ciudadanos pasivos. La identificación con el agresor desempeña un papel cuando nos quedamos helados por el tono enfadado de alguien, probablemente incluso si se nos tranquiliza con una sonrisa seductora”.

De hecho, esta perspectiva podría ayudar a comprender ciertos fenómenos políticos importantes de la vida reciente del país, como algunas muestras paradójicas de apoyo político. Sergio Tischler recuerda que “parte del apoyo al riosmontismo en las regiones de conflicto tiene que ver con esa recomposición reaccionaria del poder local y al efecto ya no sólo de una interpelación autoritaria sino de mediaciones de ese signo”. Estas mediaciones fueron, principalmente, las PAC y la ayuda asistencialista del Ejército que, después de la represión extensa que impuso el ejército en ciertas zonas, deja preparado el camino al apoyo de figuras autoritarias y ligadas a la represión.

Estas ideas muy apuradas pueden ser ilustradas con un ejemplo pequeño pero significativo (comunicado por Marco Antonio Garavito).

Recientemente un grupo de estudiantes y encapuchados tomaron el edificio A del CUM. Independientemente de que se considere que el contenido de sus demandas sean legítimas o no, se produjo un gesto muy interesante dentro de esta toma. Al inicio se negoció que el personal administrativo pudiera ingresar al edificio para poder realizar sus actividades. Sin embargo, dado que los encapuchados no conocen a todo el personal, empezaron a solicitar documentos de identificación y el personal administrativo, frente a esta condición, empezó a mostrarlos.

A poco de reflexionar, resulta interesante que encapuchados exijan la identificación del personal y que éste acepte identificarse. Esto implica que los encapuchados consideran legítimo y necesario establecer la identidad de las personas a las cuales dejan entrar (de hecho es una forma de mostrar poder: aquí mandamos nosotros, nosotros verificamos –decidimos- quién entra y quién no). Por otra parte, se puede entender que el personal administrativo considere pertinente hacerlo, en buena medida, por el compromiso con sus labores y su trabajo. Lo que quiere resaltarse aquí es lo paradójico del asunto.

No obstante, hay que considerar más detenidamente la situación. En términos racionales, la legitimidad de dicha exigencia puede ser cuestionada. Sin embargo, no se hizo. ¿Podría especularse que los símbolos de autoridad (expresados en ciertos significantes como la capucha) disparan la necesidad de saber qué quieren y hacerlo para evitar castigos o problemas? Dada la tradición autoritaria del país que implica el uso de fuerza, es una posibilidad real.

Frente a esta aceptación de la autoridad y del uso de poder consiguiente, ¿Qué pasaría si también este personal considerara que es ilegítimo identificarse frente a personas que no se identifican ellas mismas? ¿Qué pasaría si en este intercambio asimétrico, se pidiera también que los encapuchados se identificaran para validar su petición? En otras palabras, que se cuestionara, al menos, la asimetría de las exigencias impuestas por los encapuchados.

Como ésta, hay muchas otras situaciones en las cuales el ejercicio de poder revela la necesidad de apoyarse en el convencimiento de los obedientes, para que se produzca el efecto deseado, es decir, la aquiescencia y la sumisión. Aquí se advierte, claramente, que deben participar aspectos simbólicos y subjetivos en el ejercicio del poder.

Más allá de este caso anecdótico, se necesita cuestionar el ejercicio autoritario y corrupto del poder que se ejerce en buena parte de las relaciones sociales existentes en el país. Pero para ello, también se necesita entender cómo funciona el poder en la mente de las personas.


(i) Haciendo un poco de chismografía psicoanalítica, Ferenzci fue uno de los discípulos preferidos de Freud, uno de los miembros del comité de los anillos, es decir, de los colaboradores más cercanos de Freud.

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