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El militarcito dentro del encapuchado
Por Mariano González - Guatemala, 18 de marzo de 2016
magopsi@yahoo.com.mx

escuela

Porque está bien que los encapuchados de Quetzaltenango estén tratando de mejorar la cara a la Huelga de Dolores pintando aulas y repartiendo panes, pero está mal que los restantes encapuchados lleven un militarcito dentro, vivito y rozagante que les haga reproducir lo que en un momento quisieron criticar.

Y no. No es simple figura retórica ni ganas de criticar porque sí. Es la transformación que sufren bastantes cuando se ponen la capucha encima. Pasa cuando van gritando consignas como si fueran militares o estudiantes de la politécnica en los pasillos de las escuelas o facultades de la USAC. O pasa, esto es muy particular, cuando se les ocurren genialidades como cerrar la Escuela de Psicología “porque ya se declaró la huelga”.

En efecto, al preguntarle por qué cerraron el edificio de esta unidad académica un día sábado, dejando actividades académicas o de servicio (como atención a personas que acuden a servicios psicoterapéuticos), un encapuchado, detrás de las rejas responde: “porque ya se declaró la huelga”. Y al preguntarle por qué, respondió: “Porque lo podemos hacer y lo queremos hacer”.

¡Viva la razón y el diálogo!

El problema es que la Huelga de Dolores, que se quiso tradición crítica y satírica, está huérfana de lo que le daría soporte: un movimiento estudiantil activo al interior de la universidad y políticamente consecuente respecto a la sociedad. Esto es precisamente lo que se echa en falta en el momento actual (aunque una de las posibilidades más promisorias de las protestas de 2015 fue, precisamente, que reaparecieron los estudiantes universitarios como actor político).

La Huelga de Dolores, como toda institución humana, es contradictoria y ha sido problemática a través del tiempo. Por supuesto que ha tenido sus buenos momentos y ha servido para la crítica de las estupideces de figuras políticas y religiosas, de instituciones opresivas y de la propia represión estatal. No en balde los participantes fueron excomulgados por Sor Pijije (el arzobispo Mariano Russel y Arellano). Fueron perseguidos por los militares de turno. De hecho, fueron muy queridos por los sectores populares (y es significativo que parezcan existir algunos resabios de ello).

Pero durante su historia también ha presentado aspectos problemáticos y contradictorios. Basta leer la novela Viernes de Dolores de Miguel Ángel Asturias (que ficcionaliza los sucesos de los primeros años 20 del siglo pasado) para darse cuenta de ello. Lo que podía contener las contradicciones existentes en su seno era la existencia de un movimiento estudiantil con un horizonte político y una tradición de lucha.

Sin este movimiento estudiantil que le dé una cierta regulación, la Huelga de Dolores es la posibilidad para desmanes de todo tipo que adquieren un carácter sistémico y estructural. Todos los años suceden atropellos y abusos, distintos hechos de violencia, reproducción del machismo y la misoginia, etc. Este año se publicitó un “bikini open” en la Escuela de Ciencias de la Comunicación como guinda a la falta de criterio político.

La Huelga de Dolores se podría recuperar si primero se recuperan varias asociaciones y la propia AEU. Si estudiantes y docentes universitarios empiezan a reflexionar y actuar sobre la reproducción de las taras de la política nacional al interior de la propia universidad.

Mientras tanto, como se observa en la fotografía que acompaña estas líneas apresuradas, la Huelga de Dolores permanecerá enclaustrada, secuestrada por encapuchados que en lugar de proponer una actividad crítica y satírica, reproducen los males que en un momento quisieron criticar.

Como ese militarcito que parecen llevar dentro, feliz cada vez que se ponen la capucha.

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