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¿Es Proreforma populista?
Por Marcelo I. Coj - Guatemala, 9 de enero de 2010

La respuesta: claro que sí. Esto puede sonar contradictorio, ya que sus proponentes la han vendido como anti-populista, como una reforma que evitaría los abusos de los gobernantes y sus mentiras. No obstante, usando como base los argumentos de Carroll Ríos (siglo veintiuno, 06/01/2010) aquí deduzco que Proreforma sí es populista. Ríos ha sido directora de la escuela de estudios políticos y relaciones internacionales de la Universidad Francisco Marroquín (UFM) y parte del Centro de Estudios Económicos y Sociales (CEES), dos de las instituciones detrás de esta propuesta.

Ríos, citando a Robert Barr, argumenta que “el populismo recurre a la estrategia de la antipolítica para ganar apoyo”. Luego ella misma explica “Es decir, se coloca del lado del ciudadano olvidado en contra del poder dominante. Promete alterar drásticamente el sistema o las estructuras para beneficio del ciudadano común”. Asimismo, refiriéndose a los políticos dice que “las personas votan por los políticos que más les ofrecen a ellos; nadie mide si lo prometido es factible o aconsejable”.

En base a su argumentación puede decirse que Proreforma es populista por las siguientes razones. Primero, recurre a la antipolítica para ganar apoyo. Por este concepto se entiende la búsqueda de objetivos políticos sin el uso de los canales propios de la institucionalidad político-democrática, como los partidos políticos por poner un ejemplo. Segundo, apela al ciudadano olvidado en contra del poder dominante, identificando dicho poder con los corruptos (léase gobierno), los delincuentes comunes, los que tienen “privilegios legales” (como los pueblos indígenas y las mujeres), entre otros; cuando es evidente que el poder dominante es la élite económica que impera en nuestro país, por lo cual esta propuesta necesariamente resulta engañosa. Tercero, promete alterar drásticamente el sistema en beneficio del ciudadano común, valiéndose para ello de un bombardeo mediático que propone a Proreforma como la solución de los “problemas” que aquejan a la población. Cabe mencionar que si se aprueba seguramente sucederá todo lo contrario, es decir se conservará el status quo en desmedro de las mayorías excluidas. Cuarto, ofrece, pero no hay forma de medir si lo prometido es factible o aconsejable. Sobre este último punto es importante decir que su ofrecimiento se basa en una teoría extremadamente conservadora y que, por lo mismo, no ha sido aplicado en ningún país del mundo.

Vale mencionar que los intelectuales de UFM despotrican contra todo aquello que, según ellos, huela a populismo, como sucede con Evo, la defensa del medio ambiente, la reforma agraria, etc. En fin, ponen esta etiqueta para adversar todo cambio social. Por lo que me resulta divertido usar los argumentos de Ríos para demostrar que Proreforma es populista, dado que al ser así, sus mismos proponentes e ideólogos deberían de dejar de apoyar esta propuesta.

En resumen, queda claro que bajo este razonamiento Proreforma es “populista”, dado que apela a las masas y ofrece un cambio radical. Aunque su propósito no sea el de favorecer al ciudadano de a pie, sino el de mantener las ventajas de una reducida élite económica que se beneficia del actual orden de cosas. En concreto, una élite que aprovecha sus privilegios basados en las circunstancias, entre los que resalta la propiedad privada y exclusiva de la mayor parte de la riqueza del país.

Guatemala, 9 de enero de 2010


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