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Estado de la negociación sobre Agricultura en la OMC - La conversión de aranceles
Por Maria Isabel Morales Marcucci - Guatemala, 23 de mayo de 2005

La causa de conversión es la diversidad de tipos de arancel. La tradición arancelaria viene evolucionando desde los romanos y en este momento conviven distintos tipos de arancel. Aranceles “ad valorem”, que es un porcentaje del valor CIF (costo, seguro y flete) de la mercancía en el puerto nacional. Aranceles específicos, que consisten en un pago fijo en base a volumen o peso (X$ por TM, X$ por Litro). Existen luego combinaciones de ambos aranceles sobre ciertos productos y hasta el uso de ambos para luego aplicar el que resulte más alto según la variación de precios. Desde julio, los miembros de la OMC están de acuerdo en que para negociar una reducción de aranceles es necesario primero reducirlos a una misma medida que permita hacer comparaciones. La referencia acordada fue la de arancel “ad valorem” (porcentaje del valor).

1. El 4 de mayo tuvo lugar en Paris una reunión ministerial, donde los autodenominados Cinco Partes Interesadas (Five Interested Parties –FIP, (EE.UU,, CE, Australia, Brasil e India), presentaron a más de una veintena de Ministros su propuesta para expresar aranceles específicos en aranceles “ad valorem” de la importación., exclusivamente para su aplicación a la fórmula de reducción de aranceles. Los venteytantos ministros aprobaron. Con un procedimiento típico de la OMC, ese borrador ha sido presentado al resto de los miembros recientemente y es probable su aprobación en los próximos días. Quedan dos cuestiones menores pendientes:
- un precio internacional para el azúcar que sirva de denominador; y
- la verificación de los datos que proporcionen los miembros con aranceles no ad valorem, en su mayoría países desarrollados proteccionistas.

Dado que se ha acordado lo más importante, se descuenta que estas cuestiones se aprobarán y podrá comenzar a negociarse en el pilar de acceso a mercado.

2. Los detalles de la conversión son muy técnicos, pero los explicaremos, porque afectan el tema de Acceso a Mercado (la teoría es que hay tres pilares en Agricultura: Acceso a Mercados, Subsidios a la Exportación y Ayudas Internas) de la negociación sobre Agricultura. La esencia de la propuesta en Acceso a Mercado consiste en reducción de aranceles, con excepciones para productos sensibles en ciertos sectores y una categoría de Productos Especiales (PE/SP) y un Mecanismo de Salvaguardia Especial (MSE/SSM) para los países en desarrollo basado en seguridad alimentaria, desarrollo rural y necesidades de subsistencia.

La fórmula estratificada de reducción comienza por agrupar los aranceles en una cantidad de “estratos” o “bandas” a negociarse, que podrían ser entre tres y seis; un debate pendiente. El criterio para reducir es que los aranceles en la “banda”más alta deberán bajar en un mayor porcentaje que los aranceles en la “banda” más baja. Por eso lo acordado en París es tan importante, porque colocará los opacos aranceles específicos en una banda de la fórmula de reducción de aranceles. De esto dependerá que un “pico arancelario” (arancel mucho más alto que los de otros productos) expresado en arancel específico, quede o no en el estrato más elevado en su expresión ad valorem.

Como no está asegurada la conversión definitiva de los aranceles específicos en aranceles ad valorem, la UE y el G-10 se resisten al párrafo 37 del “Marco” que se acordó en julio de 2004. En él se dispuso una negociación para simplificar aranceles, porque el hecho que un pico arancelario específico tenga un equivalente ad valorem muy bajo, no garantiza que se consolide a ese bajo nivel, dado que se puede “reconvertir” en arancel específico. Una vez pasada la reducción los países quedan libres de volver a aplicar sus aranceles específicos, por eso procuran que la conversión arroje un arancel ad valorem más bajo que el de su efecto real.

3. Los miembros de la OMC no han establecido aún criterios sobre cuales aranceles serán considerados como altos. Puede que sean los llamados aranceles confiscatorios, porque pasan del 100%. Otros desean un nivel mucho más bajo. Otros recuerdan el umbral del 90% de la llamada fórmula de Harbinson . En todo caso, los aranceles ad valorem están publicados y no pueden esconderse, pero en el caso de los específicos, para establecer el porcentaje equivalente al monto por pagar es necesario conocer el precio. Si una TM de azúcar paga un arancel específico de100 y el precio del azúcar es 80/TM, el arancel equivalente ad valorem es de 125% (100/80 x 100).

El problema comienza con definir cual es el precio de referencia a ser usado para esa simple operación aritmética, llamada de equivalencia arancelaria (AVE, siglas en inglés). Porque según el precio de referencia que se use, el producto puede clasificarse en la banda de los aranceles altos, que serán severamente recortados u otra banda con menores recortes.

Hay varios criterios para establecer el precio. Puede ser el precio CIF del país importador, que se encuentra en la base de datos IDB de la OMC. Puede ser el promedio de precios en el mercado internacional, que maneja la base de datos COMTRADE de la ONU. Con el IDB, el precio de importación en Europa puede ser más alto que el precio internacional y arrojar un arancel equivalente más bajo que un específico igual sobre el mismo producto, digamos, en Egipto. En los países desarrollados los altos precios de importación y el sesgo a favor de productos de alta calidad son endógenos al sistema de protección que aplican.

Por ejemplo, imaginemos un país que aplique un arancel específico de $100.000 por automóvil. A ese país solo ingresarán automóviles tan caros que puedan “sobrevivir” a ese mega-arancel y obviamente, nadie importaría automóviles baratos. Ese sistema de protección influencia el flujo comercial y distorsiona las estadísticas del país proteccionista importador.

En el caso de la carne bovina, aún cuando haya diferencias mínimas en los cortes, el enorme diferencial de precios entre el interno europeo e el internacional no obedece al mayor poder adquisitivo de la minoría europea que accede al reducido contingente, ni por diferencias de calidad. La causa es el sistema de protección que eleva artificialmente los precios internos a favor de los productores europeos. En esas condiciones, un kilo de carne –CIF- puede valer más de 20 dólares, a pesar de que sólo es un pedazo de carne empaquetado al vacío.

Ese caso no es sólo de los países de la Unión Europea, sino que incluye a los del Grupo de los 10 –G10- que son los otros países ricos con alta protección a su agricultura, como Japón, Suiza, Noruega. Todos ellos están en contra de usar precios internacionales, porque sus equivalentes ad valorem los pondrían en el nivel más alto, que sufrirá severas reducciones.

4. El acuerdo logrado en Paris es el de hacer la conversión usando los precios de importación y luego hacer una comparación usando los precios promedio de importación de todos los miembros, que no son precios internacionales . Esa comparación permitirá establecer la disparidad y con ello la credibilidad de los precios CIF como referencia, sujeto a lo siguiente:

a) Como regla general, se toman los precios de importación. Esto es ya una gran concesión a los miembros desarrollados proteccionistas.

b) Luego viene el “filtro 40/20”: Se verifica que la disparidad de precios no resulte demasiado grande. Si el precio de importación IDB supera en más de un 40% al promedio de precios de importación COMTRADE, y la diferencia entre los equivalentes ad valorem calculados con ambos tipos de precios excede los 20 puntos porcentuales, entonces el producto pasa a tener el trato alternativo. Esto es otra concesión, porque un 40% es mucho para tomarlo como una diferencia meramente estadística;

c) Trato alternativo: Para los productos agrícolas de los capítulos del arancel que van del 1 al 16 más aquellos más allá del capítulo 24, se partirá la diferencia de precios en una proporción de 82,5% precio de COMTRADE y 17,5 precio de IDB. Para los productos de los capítulos 17 a 24, salvo el azúcar, se partirá la diferencia de precios en una proporción 60%-40%, dado que serían productos procesados. Esto es otra concesión al proteccionismo de los ricos.

d) Finalmente, el azúcar: Se tomará un precio internacional a definir.

5. Con esta penosísima negociación se perdieron nueve meses, lo que lleva a la reflexión de que cuando son los países desarrollados quienes discrepan en la sustancia no hay inconveniente en demorar el proceso negociador. Más aún, en la reunión anterior del FIPs en Ginebra, a mediados de abril, se acordó y así se presentó a los demás miembros, que el cálculo citado se haría sobre los equivalentes ad valorem (partir la diferencia de los dos cocientes del arancel específico respecto a los dos precios de referencia) y no sobre precios. Matemáticamente, existe una diferencia entre partir la diferencia entre un cociente y partir la diferencia entre los denominadores de dichos cocientes. Eso fue presentado como una gran concesión para los países exportadores.

Sin embargo, cuatro días más tarde, en una reunión en Ginebra de altos oficiales, el 19/4, la UE dio marcha atrás y desconoció la metodología acordada. Argumentó que sólo se había hablado de partir una diferencia de precios y no de equivalentes ad valorem. El Presidente del Comité, asaltado en su buena fe, calificó esto de “malentendido”. Seguramente no será el último. Los países en desarrollo pueden tomar nota de estos puntos “procesales”.

En la sustancia el acuerdo favorece más a la Unión Europea y al G-10 que a los países aperturistas con vocación exportadora, como los del grupo Cairns y gran parte del Grupo de los 20 -G-20 . Lo que no está aún claro es el efecto que tendrá en países con protección elevada en aranceles ad valorem, como algunos otros del G-20. Su rasgo común es que exportan algunos rubros, pero defienden a sus agricultores de las exportaciones subsidiadas de los EE UU y la Unión Europea.

En general, el acuerdo de París puede erosionar el concepto de proporcionalidad del trato especial y diferenciado, concepto acordado en el Marco de julio, porque los aranceles ad valorem que usan los países en desarrollo quedan a la “intemperie” de la fórmula de reducción de aranceles, mientras que los específicos de los desarrollados proteccionistas, contarán con un “paraguas” parisino que subestimará su nivel real de protección.

6. Otro asunto complementario pendiente es el de los productos sensibles. Esta categoría esta exenta de cualquier recorte de arancel, pero a cambio de una compensación. Por ejemplo, un contingente arancelario con un ingreso garantizado y que debe ir aumentando. Será cosa de ver si la UE y los EE UU hacen los recortes arancelarios correspondientes a los productos que el acuerdo de Paris no salve del nivel alto o si los protegerán colocándolos entre sus productos sensibles.

Los países del Grupo Cairos prefieren que la UE, el G-10 y EE UU hagan uso de esta última opción, porque los recortes de los aranceles que queden en el nivel intermedio no necesariamente garantizan acceso a mercado. La opción de productos sensibles implica una compensación, que los más conspicuos miembros del Grupo Cairns entienden como una expansión de contingentes arancelarios.

Del otro lado no necesariamente lo ven así, ya que pueden negar la expansión y ofrecer como compensación una reducción del arancel para la cuota. Es decir, cerrar las opciones de expansión. Algunos, como EE UU, ante la obstinación de la UE, podrían terminar priorizando el acceso a mercado hacia los países en desarrollo, porque el hilo se rompe por lo más débil.

7. Algunos países en desarrollo prefieren recortes moderados en el nivel intermedio, porque la mayor parte de sus protecciones quedarán en esa categoría y así la negociación será más transparente y nivelada.

Otros países en desarrollo que buscan proteger a sus grandes mayorías de agricultores de subsistencia con salvaguardias especiales. Estos prefieren ver a los países desarrollados proteccionistas escoger la opción de los productos sensibles, porque al aumentar la lista de productos sensibles hay la posibilidad de aumentar la lista de productos especiales bajo salvaguardia.

Es aquí donde el acuerdo de París entra de nuevo en escena en esta obra. El motivo por el cual la UE luchó ferozmente para evitar una conversión técnicamente correcta de equivalentes ad valorem (usando precios internacionales o precios COMTRADE), es para evitar reducciones substanciales sin deber apelar a los productos sensitivos, que obligan a una compensación.

En este punto se juntan la dieta proteccionista de Bruselas y el hambre aperturista de Washington. Los perjudicados serán los países en desarrollo, como Guatemala. Si bien no existe un vínculo jurídico ni conceptual entre “producto sensitivo” y “producto especial”, es ingenuo pensar que no se tratará de establecerlo políticamente. El acuerdo de París prejuzgará sobre el número de productos especiales, que será pequeño.

El Presidente del Comité de Agricultura, en base a una iniciativa de Suiza, ya inició, en la discreta localidad alpina de Jongvy, a mediados de abril, las discusiones sobre Acceso a Mercado con un pequeño “retiro”. El grupo incluyó al Quad (EE UU, UE, Japón y Canadá), un miembro del G-10 (Corea), del Grupo Cairos (Australia, NZ, Canadá y Malasia), Ruanda y dos miembros del G-20, Brasil y la India.

La tendencia de la reunión se evidencia por la exclusión de los miembros del G-33 (ni siquiera su coordinador, Indonesia) y de la Alianza para PS/MSE (Productos Sensibles y Medidas Especiales de Salvaguardia, a pesar de ser estos últimos mecanismos parte integral de los criterios del Acceso a Mercado.

En ese “retiro” se discutieron el número de niveles de arancel, el tipo de formula de reducción, el aumento de las cuotas para productos sensibles y el manejo de los Productos Sensibles y las Medidas de Salvaguardia Especial.

El cuadro que comienza a delinearse es el de siempre. Mayores concesiones en Acceso a Mercado de los países en desarrollo, a cambio de cambios cosméticos que alteran poco o nada la protección de los mercados ricos. Una tendencia que sólo se altera cuando algunos países se deciden, como en Cancún, a trabar toda la negociación.

No parece que habrá mucho progreso en eliminar las subvenciones con que los países ricos apoyan a su agricultura. Se tratará de hacer un acto de malabarismo con cajas de colores. Pasar con disimulo los subsidios que están en Caja Ámbar (ilícitos) a la Caja Azul (tolerados). Todo indica que los EE UU y la UE seguirán empobreciendo a los países donde la agricultura es importante con el subsidio de sus exportaciones agrícolas. Subsidios que abaratan, con el dinero de sus contribuyentes, los precios en el mercado internacional: el mercado donde compran sus grandes empresas.

La negociación se retomara formalmente el 30 de mayo.

Fuente: www.ventanaglobal.info


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