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¿Una Vida Digna con Promesas Electorales?
Por Mildred López - Guatemala, 8 de septiembre de 2007

El sistema político guatemalteco muestra cada cuatro años evidencias contundentes de mayor debilitamiento y la necesidad de su transformación; sin embargo, poca o ninguna atención se ha prestado a este punto, porque esa situación es precisamente la que conviene a los intereses de unos pocos que se disputan el poder y por ende, el control de los recursos, del territorio y de las instituciones estatales.

Hoy día se asiste a un proceso electoral cargado de violencia, presiones, campañas negras fuertes, negociaciones oscuras, y una multiplicidad de partidos políticos (14) que se disputan los cargos de elección popular. Estos partidos básicamente se pueden ubicar entre la derecha con matices militaristas, neoliberales y autoritarios; la socialdemocracia escasamente desarrollada; y una izquierda débil presa de sus propias contradicciones.

En este proceso electoral cuenta cada vez más la participación de las mujeres, los indígenas y los jóvenes, elementos que se destacaron luego de la firma de los Acuerdos de Paz. Es un evento político que exigiría el conocimiento de los planes de gobierno de los candidatos y particularmente, el cómo lo llevarán a la práctica.

No es el propósito de este artículo realizar un análisis comparativo de las propuestas de planes de gobierno en sus distintos componentes. Sin embargo, a manera de ejemplo significativo se ha analizado la oferta de los partidos políticos respecto al tema agrario y de desarrollo rural, para lo cual es pertinente hacerse las siguientes preguntas: ¿Qué proponen los partidos políticos sobre estos temas? ¿Cuál es el margen de decisión política y económica del futuro gobierno en medio de un contexto globalizado? ¿Cómo lograr una vida digna para campesinos e indígenas con promesas electorales para cuatro años de gobierno?

No se encuentran diferencias sustanciales en las propuestas de programas de gobierno, en los discursos y en las entrevistas realizadas (en prensa, radio y televisión) a los candidatos que aspiran a la presidencia y a colocar diputados en el Congreso de la República, ya que representan la continuidad del modelo concentrador que se moverá entre modalidades de agroexportación que estarán entre productos primarios, berries, hortalizas y productos para la producción de biocombustibles en detrimento de la soberanía alimentaria de miles de familias guatemaltecas.

Asimismo, la exploración y explotación minera, la concreción de los megaproyectos, la promoción del turismo, de la industria forestal, de la agroindustria, de la industria textil y de vestuario y de las pequeñas y medianas empresas constituirán los pivotes sobre los cuales centrarán sus políticas, las que contarán evidentemente con el respaldo de una macroeconomía estable y cada vez más endeble frente a la incongruencia entre éstas y la realidad productiva del país.

Para llevar adelante lo anterior, se visualiza en los programas de gobierno instrumentos funcionales para tales propósitos como la certeza jurídica sobre la propiedad de la tierra para incentivar el mercado de tierras; la revisión de la normativa que regula la exploración y explotación de recursos naturales renovables y no renovables; la modernización de la agricultura de subsistencia y de exportación; la promoción de economías rurales a excedentarias; la promoción del enfoque territorial del desarrollo pero desde una visión de territorialización del capital para lo cual podrían utilizar otros instrumentos políticos como el sistema de Consejos de Desarrollo Urbano y Rural, la reivindicación de la autonomía municipal para ciertos propósitos, las comisiones que las diferentes Corporaciones Municipales puedan conformar en el marco del Código Municipal y la utilización de los recursos tanto propios como los provenientes de las transferencias del gobierno central, de la cooperación internacional y el redireccionamiento de las remesas familiares, cada vez más reducidas por la incertidumbre de las políticas migratorias de Estados Unidos.

A simple vista pareciera un planteamiento no novedoso pero sí consistente en términos de poner a funcionar todo el andamiaje institucional y aprovechar al máximo los escasos recursos con que siempre se cuentan para tareas titánicas como las que requiere el país; sin embargo, lo que se evidencia en las propuestas de programas de gobierno es dar un salto cualitativo para consolidar la territorialización del capital y del mercado de una forma acelerada, ya que de lo contrario, Guatemala estaría rezagada frente al avance que tienen otros países de la región centroamericana y de las propias exigencias que se derivan del TLC y de los acuerdos con la Unión Europea entre otros, de ahí también la importancia que le conceden a sus propuestas de política exterior.

Quienes aspiran a la presidencia y se mueven dentro de la derecha y la socialdemocracia, buscan llevar adelante la modernización del país, ya no como un proyecto, sino como propósito que se va construyendo gobierno tras gobierno y para lo cual necesitan abordar algunos aspectos agrarios y del desarrollo rural que sean congruentes con ese planteamiento; por lo mismo, no se puede esperar que hayan cambios sustanciales en la política agraria y el desarrollo rural, tampoco en la lucha contra el racismo y el respeto a los derechos de los pueblos indígenas, estos dos elementos que ahora incluyen en sus ofertas pareciera que continuarán subordinados a los intereses del proyecto hegemónico.

La tendencia de la composición del futuro Congreso de la República pareciera ser variopinta en términos de colores partidarios, pero no de ideologías y propuestas programáticas. Será un Congreso en donde se evidenciará aún más la lucha por el poder, el control por el territorio, los recursos y las instituciones y en donde las cifras de miles de familias guatemaltecas que viven en la pobreza serán utilizadas en discursos a conveniencia para justificar, aprobar o improbar determinadas iniciativas de ley, pero no para buscar efectivamente una vida digna para campesinos, indígenas y mujeres que han sido invisibilizados por décadas.

Queda entonces la tarea de analizar muy bien el voto, no dejarse engañar por propuestas y discursos aparentemente incluyentes, modernizadores, congruentes con los Acuerdos de Paz y con la promoción de políticas con pertinencia cultural, entre otros. El verdadero juego es la disputa por el control del poder, del territorio y de las instituciones, valiéndose para ello de cuanta artimaña tengan a mano para hacerlo.

La participación política es importante, al igual que la lucha por la búsqueda de nuevos derroteros basados en propuestas programáticas y prácticas políticas totalmente diferentes, que permitan que muchos guatemaltecos y guatemaltecas puedan participar más activamente en la refundación del Estado.

Fuente: www.avancso.org.gt - 130807


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