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Al margen del niño
Por María Olga Paiz - Guatemala, 25 de abril de 2005

Lo que está por sancionarse no es el estado civil.

El artículo que prohíbe a personas solteras la adopción de niños en el anteproyecto de Ley de Adopciones, tiene dedicatoria. Lo que está por sancionarse no es el estado civil del candidato a mamá o papá adoptivo, sino más bien su preferencia sexual. Se parte del prejuicio de que un soltero que busca adoptar es un homosexual a lo mejor encubierto. Pero, en el intento de negar la oportunidad a los homosexuales, la nueva ley arroja en el cesto de rechazos a otros adultos heterosexuales solteros y capaces de proveer a un niño del amor y los cuidados necesarios para un desarrollo sano.

Y ésa es sólo una de las tragedias tangenciales de la aprobación de ese artículo de la ley. Según estadísticas del Children's Bureau de Estados Unidos, las mujeres solteras que desean adoptar en ese país están más dispuestas que las parejas compuestas por hombre y mujer a adoptar niños de otras etnias y niños mayores que han quedado rezagados en el sistema. Si estas estadísticas pueden ser aplicables a Guatemala, es previsible que disminuyan las oportunidades de muchos huérfanos guatemaltecos de encontrar un hogar.

Nos han antecedido en esta restricción hacia las personas solteras China, Rusia y Corea del Sur, todas sociedades de tradición autoritaria que han antepuesto al bienestar del niño sin padres, el afán de castigar la desviación de la norma. Son sociedades que antes de revisar y ampliar su concepto de familia han preferido reafirmar sus prejuicios a cualquier costo.

Al margen de la opinión personal sobre las familias alternativas, ¿no está mejor un niño en un hogar, ya sea este de una madre soltera o de una pareja de homosexuales, que sin hogar?

¿Es justo que impongamos la carencia y la orfandad a la posibilidad de nexo entre dos necesidades humanas básicas, la de dar y recibir afecto? ¿No es ésa, al fin y al cabo, la razón de ser de la adopción?

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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