Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Presencias estorbosas
Por María Olga Paiz - Guatemala, 9 de mayo de 2005

Que se queden allá bien guardados.

Cuán inconvenientes para el ornato de la ciudad, pero, sobre todo, cuán incómodos son los mendigos.

Están ahí, en la pausa del semáforo, obligándonos a posar la mirada en la deformidad, la suciedad, la miseria: cosas que preferiríamos desterrar de nuestro pensamiento y de nuestras vidas augustas y bonitas. Extienden hacia nosotros su mano, abierta a interpretaciones. ¿Qué piden? Una moneda, un minuto, una mirada de reconocimiento. Más que un ruego, la palma abierta es una interrogación, ¿qué podemos dar? No importa si habitamos una casa de Las Luces o un cuarto de palomar en el Cerrito del Carmen, no importa si conducimos un auto de 16 cilindros o usamos el transporte público. Nos estorba su presencia porque nos confronta a cuán precario es nuestro bienestar, esa ilusión que hemos creado con tanto afán. Esos encuentros de semáforo nos dejan el alma en zozobra. ¿Qué es lo que en realidad nos diferencia de los indigentes de rostros asoleados y manos agrietadas, desérticas? La lotería de la cuna, vaya minucia. Pero sabemos que no hay seguro ni inversión en la banca suiza que nos haga invulnerables al rechazo, a la enfermedad, a la muerte. Así que tratamos de ignorar los nudillos que golpean la ventanilla hablando por celular o subiendo el volumen del estéreo. O bien, buscamos con desesperación en el bolso unas monedas sueltas con que llenar esas manos vacías: el precio para olvidar, para escapar de la vulnerabilidad que esa mano extendida hace tan evidente.

Por eso, me late, recibimos con aplausos que pase un picop recogiéndolos a todos para llevarlos a un albergue donde les den comida y ropa limpia que disfrace sus pobrezas. Bien guardados lejos de nuestra vista, de nuestra conciencia, podemos continuar imperturbables viviendo nuestra vida de ficción.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.