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Rigoberta
Por María Olga Paiz - Guatemala, 26 de febrero de 2007

Una cosa es que se superen y otra...

La sola mención de su nombre desata pasiones. La candidatura de Rigoberta Menchú pone en un brete muy incómodo a quienes en este país se han apresurado a barrer bajo la alfombra sus prejuicios racistas.

Estas buenas conciencias abogan porque los indios tengan bocado, pupitre o empleo con salario mínimo, pero respingan ante la posibilidad aún remota de ser gobernados por una india. Una cosa es que se superen y otra que nos superen, vaya. Es ahí donde empiezan a aflorar los chistes despectivos, el cacareo temeroso y siempre latente a la reversión del orden establecido.

Hay otros en este gallinero que actuamos como adversarios de nuestros propios prejuicios y defendemos a priori a la candidata, sin haber escuchado su propuesta. En todo caso, los que “huy no”, los que “mejor no” y los que “a ciegas sí”, hemos tomado nuestras posiciones por puro impulso emocional, condicionados por nuestro ánimo reaccionario o apóstata.

No hay rodeo posible, después de tantos años de discriminación, hasta los indios son racistas.

Rigoberta ha sacado a ventilar las creencias más incómodas, a remover los miedos más atávicos. Y nos hallamos consternados, incómodos, inquietos. Si tan solo prestamos atención a nuestras palabras, podremos advertir, admitir y confrontar que sí, de plano pensamos que el lugar de los indios es el campo, por decirlo de alguna manera. De otra forma podríamos seguir eternamente poniéndonos el tacuche de cristianos demócratas sólo para dominguear.

Desaprender el racismo, asimilado a temprana edad, no es cosa de pasar en limpio nuestras supersticiones. Es un proceso, y como tal, va a tomar muchos años de convivencia, de discusiones francas, de experiencias interétnicas radicalmente distintas que puedan abrir una fisura en nuestra rígida visión del país. Ya sólo por esa oportunidad, podríamos aplaudir la participación de Rigoberta.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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