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Salimos del canasto
Por María Olga Paiz - Guatemala, 12 de marzo de 2007

Un placebo que tranquiliza nuestra ansiedad.

Estuve hace poco en un diálogo sobre Guatemala. Cada participante dejaba caer en un canasto papelitos con palabras que expresaran cómo veía a Guatemala. “En un laberinto”, “sin rumbo”, “sin norte” ilustraban la sensación generalizada de confusión en que vivimos. Para mi sorpresa, coleccionamos suficiente vocabulario para escribir una novela de SyM (Sadomasoquismo, para los no versados).

Humillada, amarrada, castigada, esclava, de rodillas, o bien, violenta, iracunda rabiosa, fueron algunas de las palabras escogidas para describir al país. A mí más bien me pareció que pintaba el estado mental y anímico de los asistentes, todos contemporáneos treintañeros, hijos del coletazo letal de una guerra interna, que ya se ve, dejó sus secuelas en nuestra forma —polarizada y tortuosa— de ver el mundo.

Claro que la corrupción, la pobreza y la suciedad también cosecharon menciones. Y contra toda lógica y pronóstico, del canasto, como del sombrero de un mago, salieron, asimismo, un buen tanto de papelitos esperanzados. Con potencial, con recursos, rezaban.

Yo para mis adentros pensé si no sería esa la pildorita con que doramos nuestra impotencia y nuestra rabia. Un placebo que tranquiliza momentáneamente nuestra ansiedad, el temor que nos atenaza cuando abrimos los ojos a la realidad. En algún lugar, pensamos con vaguedad, duerme algo capaz de rescatarnos de esta horrible situación.

Claro que este optimismo en apariencia irracional y desesperado puede tratarse de un rasgo positivo del guatemalteco, de su tenacidad en asuntos de fe, de su capacidad inconmensurable de creer. Puede ser, también puede ser así, discuto con mi cínico interior.

Y él me contesta, lapidario: “Nada real es vago”.

Talvez es hora de empezar a concretar. Hum… difícil tarea hallándonos como nos hallamos: confusos, impotentes y rabiosos. ¿Terapia, alguien?

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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