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Miss Guatemala
Por María Olga Paiz - Guatemala, 23 de abril de 2007

El equilibrio es tan precario que dan ganas de llorar.

Conozco a una mujer de 23 años con dientes de anciana. Tiene un cuerpecillo escaso, magro y unos ojos abiertos en perpetuo espanto, enormes y negros, como de niña asustada. No es para menos, madre soltera de dos niños, uno de ellos hidrocefálico. Con once bocas de hijos y hermanos que debe ayudar a alimentar ¿quién está para pensar en la propia boca? Los dientes que le quedan se le caen a pedazos cuando se cepilla y cada cierto tiempo, las punzadas de dolor la incapacitan y la obligan a sacarse otra muela.

La depresión, después de la muerte de su tercera bebé, la mantuvo un año entero inmovilizada en una silla, mirando ausente al abismo de su vida herida, pobre y desesperanzada. Se recuperó para seguir trabajando por la sobrevivencia de sus hijos.

Su historia se me ha quedado adherida a la conciencia como una flema espesa. Es la vida de una mujer entre millones en este país. Componer su dentadura requiere de una cantidad considerable de dinero y tiempo que no tiene; hacer habitable su vida requeriría un esfuerzo heróico.

Y si a mí me parece irremontable ¿cómo ha de parecérselo a ella? Veo al verla que este país se sostiene con unos pocos alfileres de buena voluntad. El hijo hidrocefálico de esta joven madre ha sobrevivido hasta los ocho años por obra de un pediatra que le provee leche deslactosada y antibióticos para las constantes infecciones.

Ella está viva y en condiciones de trabajar gracias a la asistencia dental y psicológica de clínicas parroquiales. Un segundo primaria sólo le permite emplearse en una maquila o mejor aun, en el servicio doméstico, que le evita pagar también por comida y transporte. Pero para poder trabajar depende de otros familiares que cuidan de sus hijos. El equilibrio es tan precario que dan ganas de llorar. Esta mujer nació un 15 de septiembre. Cuanta ironía.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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