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La sospecha nuestra
Por María Olga Paiz - Guatemala, 9 de mayo de 2007

No se puede crear seguridad

He leído, como ustedes, las encuestas que sitúan la inseguridad como uno de los problemas más acuciantes del país. He visto también las respuestas de los candidatos a esos temores.

Seguridad total, ofrece Giammattei, con la mano alzada al estilo fascista. Mano dura nos promete Pérez Molina, con la frente fruncida y los labios apretados. Pero no va por ahí la cosa. Las proclamas electoreras se quedan en frases anecdóticas.

El problema fundamental del país es la notoria desconfianza que prevalece entre nosotros. Entre ciudadanos y Estado, en los sectores organizados entre sí y entre los individuos y esas organizaciones. Existe una sospecha permanente que distancia a los electores de los elegidos y una desconfianza mayor entre los contribuyentes y los cuentadantes.

Todos sospechamos que la justicia es discrecional y sirve a quien detenta el poder. Hemos visto el brazo disparejo de la ley estirarse para alcanzar a sindicalistas y dejar escurrirse a banqueros, mercenarios y otros.

¿Seguridad total para quiénes? ¿Mano dura contra cuáles? No se puede crear seguridad sin vencer la suspicacia. ¿Y cómo superar un rasgo tan enraizado en el carácter nacional?

Solo el cumplimiento cabal de la ley sin rasgos ni distinciones nos ayudará a establecer confianza. Solo cuando sepamos qué se puede esperar ante un comportamiento ilegal, sin que existan miramientos respecto a quién es el transgresor de la ley, podremos estar confiados en que hay una igualdad mínima. De otra manera, nos atenemos a lo de siempre, a que quien tenga más poder político o mejores recursos económicos, será siempre beneficiario de la impunidad.

Tenemos que exigir que un eje fundamental de Gobierno consista en habilitar a las instituciones del sistema de justicia para cumplir con su labor indiscriminada. De otra manera, sobrevivirá la inseguridad, hija primogénita de la desconfianza.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 300407


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