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Mentiras
Por María Olga Paiz - Guatemala, 3 de diciembre de 2007

Vaya embusteros profesionales.

Señores diputados: al resto de ciudadanos parece indignarle que mientan ustedes; a mí que lo hagan tan mal. Son políticos, se supone que la mentira sea una de sus herramientas diarias de trabajo. Y van y balbucean un “no nos dimos cuenta”, evadiendo la mirada, como chiquillos sorprendidos en el hurto de alguna menudencia. Uno esperaría que se hubieran pulido un poco en este arte esencial.

Aprendemos en pañales que la mentira es la estructura que sostiene la sociedad y a todas sus preciadas instituciones. Hay que ser un desmañado para no haberse dado cuenta, a su respetable edad, que la primera regla de oro de la mentira es la verosimilitud. Nadie quiere verdades. Se necesitan embustes, pero exigimos que sean bien contados.

Han de admitir, visto a la distancia de los días, que sus habilidades para el ardid son tan burdas y rudimentarias que pasman. ¿Será posible que hayan caído inadvertidamente, como principiantes o morones, en el pecado capital de creerse sus propias invenciones? Vaya embusteros profesionales, vaya zorros astutos. En fin, como dice Javier Marías en Tu rostro mañana, “la mentira exige capacidad de fabulación y de improvisación, e inventiva, y memoria férrea, y arquitecturas complejas, la practican todos, pero son pocos los facultados”.

Ahora quieren ustedes enderezar con un artificio sobre un error de procedimiento el fiasco inicial de una indemnización aprobada en un estado alterado de conciencia. En un acto desesperado para recuperar la credibilidad, el diputado Ortega, quien en un lapsus leyó el número erróneo de propuesta de modificación a Ley de Servicio Civil, les insta a la sinceridad. Da pena su ineptitud en estos lances.

Inexactitudes, contradicciones, embrollos: no hay nada más exasperante que una mentira contada con torpeza y descuido. ¿Aviesos? Ojalá. Pero no les creo capaces de tanto.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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