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La sociedad civil
Por Mario Palomo - Guatemala, 15 de julio de 2005
mariopalomo77@gmail.com

El Capitalismo y la Metáfora del Hijo Perdido

La sociedad civil, presa de su propia definición, vive del performance político, y del monopolio avorazado del oenegismo; producto de sus muchas ansias por figurar en el poder. Esa definición, es su jaula invisible, su domesticación, su sedante.

Ella, la sociedad civil, parece haber olvidado el doloroso proceso que constituía su memoria, aunque hoy diga que lucha contra el olvido. ¿Qué pasó? ¿Por qué en la lucha contra el olvido, parece andar olvidando su propia memoria? ¿En qué momento pasó de ser la fuerza irreverente que hace la historia, a ser su patético testaferro? La sociedad civil, ya no cuestiona el orden histórico que nos niega, navega con él, y evade los cuestionamientos valiéndose de su liturgia de conmemoración post-mortem: su memoria es la de los muertos, su protagonismo es el del fracaso.

En eso empata un poco con el capital: el capital es la relación social basada en la dominación del trabajo vivo (tú, yo, el, ella nosotros, nosotras, ellos y aquellos) por parte del trabajo muerto (la plusvalía). La dominación del sujeto por el objeto. Esa dominación histórica rebasa la esfera de la producción y su lógica penetra en la cultura, la política y se internaliza en la subjetividad humana. La definición de la lucha social, como sociedad civil es una prueba irrefutable de ello. Un graffiti más en la muralla móvil del capital.

La sociedad civil, atrapada como está en su propia y aceptada definición, no es más que un engranaje más del poder. Se parece más al hijo despreciado por un padre cruel, que busca y busca su abrazo paternal, su aceptación al fin. Esa negociación constante, donde el hijo lleva las de perder, implica la subordinación de la memoria no redimida al consentimiento y mandato del padre. Un claro ejemplo, es la conversión de la historia de las clases subalternas –que ante todo es una crítica a la condición subalterna- a puro “folclore”. En ello hay una suerte de traición, de ruptura trágica con las posibilidades de restituir los circuitos de la memoria: los “secretos acuerdos” entre las luchas del pasado no resueltas y sus hilos de continuidad con las luchas del presente. Esa fisura es importante ya que permite entender el carácter de la sociedad civil como hegemonía burguesa (en nuestro caso, oligárquica)

Eso explica en mucho la condición inofensiva de la sociedad civil, cuadriculada en el poder. Hasta sus otrora signos de espontaneidad creativa han sucumbido al letargo que posee el paso sin propósito de los agachados. Su antigua valentía, mutó a largas esperas en oficinas de oenegés, a un encandilamiento por los y las rubias de la cooperación internacional, y una triste praxis adocenada de extender las manos como caracoles esperando recibir el cheque de fin de mes.


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