Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Burguesía de Servidumbre (La misma de la que venimos hablando, pero ya entradita en el siglo XX):
Por Mario Palomo - Guatemala, 16 de agosto de 2005
mariopalomo77@gmail.com

II

Se trata sin duda de una burguesía, digamos, un tanto más permeada por la moda internacional. La evolución que manifiesta con respecto a su etapa oligárquica tradicional, es sólo una envoltura aparencial. No podría ser de otra manera, ya que se resiste a romper con el andamiaje feudal del cuál depende toda su existencia espiritual y material.

En su hogar, si bien no contaban como ahora, con todas las antigüedades que a la burguesía tanto gustan –es porque entonces sus antigüedades estaban nuevas- no podía faltar la imagen pasada de tinte, del cristo de Esquipulas.

El café y los monocultivos se enclavaban en la economía mundial con alguna estabilidad, y se aseguraba con ello la prolongación del modelo precapitalista del latifundio: era el tiempo en que la burguesía mundial se perfilaba como promesa a imitar. Ya no estaba de moda usar medias de Peter- Pan con traje de tres piezas –como los próceres-, de los peinadazos tipo salón de belleza del XIX pasaron a usar el pelo corto y bigotito oscuro –puros modelitos de orgi-fiesta donde Saúl E. Méndez-, y John Wayne entusiasmaba al racismo criollo matando indios a diestra y siniestra en el mítico oeste gringo.

Era el tiempo en que el miedo al espectro del comunismo unía como la religión, a las burguesías desarrolladas, y a las clases poderosas del tercer mundo. Según su manera de ver las cosas, el comunismo engendraba “una endiablada sed de sangre de inocentes doncellas burguesas” y el desarrollo industrial del socialismo, quemaba como combustible “la carne de cruda de niños cristianos”. –Para que vean que la mojigatería absurda de vena conservadora no es nueva-.

La vertiginosidad con que el mundo cambiaba, hacía sentir a nuestra espectadora burguesía de servidumbre, que ella cambiaba con él. Todo lo sustancial se transformaba en todos lados; y aquí se respiraba el mismo hedor a latifundio. Desde entonces, nuestras clases dominantes cultivaron la tradición de priorizar la apariencia: las viviendas citadinas aspiraban diferenciarse de los caserones coloniales como los de Antigua Guatemala. Surgían con la arquitectura republicana, los edificios y las plazas colmadas del sentir neoclásico. La incesante movilidad del café en el mercado mundial daba a la burguesía nacional la posibilidad de importar desde fuera todo, hasta el sentir cosmopolita del invierno parisino en medio del trópico caluroso del monocultivo y la servidumbre agraria.

Por lo mismo, no era casual que sus gustos se acoplaran a las exigencias estéticas de fuera, y que como resultado de ello, figuraran en la ciudad los primeros barrios con casas art nouveau, y más adelante, entrados los años veinte, las casas art deco y bau haus, a la par de los cuchitriles y palomares donde vivían las clases menesterosas.

Si bien en ésta etapa, nuestra burguesía emergente quería copiarle hasta el andadito a la burguesía norteamericana y europea, esto lo hacía en el sentido de insuflarse una identidad que no se correspondía con su realidad: su incapacidad de liderar una industria y un comercio capitalista de carácter nacional. Así es como, precozmente, nuestra burguesía no dio la talla para llenar del todo, el traje histórico de la burguesía (por mucho que dilapidara sus dineritos en Saúl E. Méndez).

Lo único que garantizaba su bienestar económico era el dominio despótico que ejercía sobre amplias masas de campesinos serviles, de tal suerte que su proyección en el mercado mundial no era otra que la de un proxeneta que vende sin ninguna consideración los frutos producidos por la servidumbre agraria.

Surgía pues, una burguesía más moderna, más cosmopolita y más ávida de negocios en el extranjero, porque sabía que contaba con una reserva enorme de servidumbre que ofrecer a cambio de espejitos y demás chirajos importados. Era la oligarquía feudal, disfrazada de “liberal”: pura burguesía de servidumbre.

Con ella se inauguraba una nueva etapa en la historia de su consumo improductivo y suntuario: el antiguo barroquismo de las iglesias, era sustituido en importancia por los símbolos de la reforma republicana y el deslumbramiento por los motivos helvéticos. Nuestra avenida reforma, era una suerte de evocación a los campos elíseos, nuestro campo de Marte, dizque Mont Martre, la guardia de honor, no digamos. De Inglaterra venían las telas de los trajes de la burguesía citadina, de París los perfumes de sus esposas, de España los zapatos y de medio oriente los caballos, etcétera. Hasta Ubico se fotografiaba imitando a Napoleón.

En ésta etapa, si bien la oligarquía feudalona se metamorfoseaba al capitalismo vía la realización del excedente de las fincas en el mercado mundial, las relaciones sociales que definían el modo de producción nacional se parecían más a aquellas entre señores feudales y siervos. La burguesía se producía a sí misma por medio de prolongar por vías violentas la servidumbre precapitalista. En esto se puede encontrar la razón detrás de la ley de jornaleros y las leyes contra la vagancia, abolidas en 1944.

El gasto suntuario, la prolongación en el tiempo de las relaciones serviles y la incapacidad para industrializar al país y generar una producción regida entre capitalistas y obreros, fue lo que caracterizó a ésta burguesía de servidumbre. Lo que dijera René Zavaleta al respecto a la burguesía boliviana, es también aplicable a nuestra burguesía de marras: “Aún lo que se obtenía de un modo capitalista, se desperdiciaba de un modo señorial”. -La mayoría de las esculturas que adornan aún hoy nuestra avenida de la reforma, fueron importadas-.

Los sobresaltos en el terreno de la política durante la época aludida, pueden entenderse como excepciones a la regla del quietismo feudal dominante, donde la burguesía local apoyaba su seguridad económica sobre las nucas de una masa explotada de campesinos serviles.

Los antecedentes de nuestra burguesía oligárquica actual vienen precisamente de ésta etapa. Desde entonces han interpretado el libre comercio como la manera en que el capitalismo se ejerce por medio de la “compra venta” sin importar que, precisamente lo que se vendía, era producto de la compulsión extraeconómica. Es decir, desde entonces se sentían “liberales”, porque participaban del intercambio desigual –como perdedores-, vendiendo “libremente” un producto arrancado a trabajadores no libres.

De ésta cuenta es que, como clase dominante al interior del país, la burguesía de servidumbre ejerciera una influencia nefasta, porque el carácter de su poderío era únicamente posible a través de feroces dictaduras que se ajustaban periódicamente a las demandas del mercado mundial. (Ojo: cuando digo mercado mundial, me refiero a las demandas del mercado norteamericano, para ésta etapa al menos).

De otra manera no se puede explicar la exageradísima lubricación del aparato militar nacional, pues no se puede afirmar, ni para entonces, ni para ahora, que se haya tratado de un ejército presto a socorrer al país y defender su soberanía ante la amenaza de alguna invasión extranjera -para muestra, Belice. Tampoco se puede decir que la estructura militar ejerciera funciones de garante de la seguridad ciudadana. Simplemente se trataba de la génesis de una suerte de proletariado del terror, bien cebado, preparado y presto a cuidarle la salud a nuestra burguesía de servidumbre y sus instituciones. (De paso, también atenta con el cristo negro de Esquipulas.)

En corto, nuestra burguesía de servidumbre, era tal, precisamente porque lejos de generar industria, y con ella un proletariado robusto, como en cualquier capitalismo normal, vivía dilapidando las riquezas adquiridas sobre la nuca de la servidumbre agraria, y no gracias al trabajo de hombres libres. El único proceso de proletarización que se le puede adjudicar para ésta etapa, es el de las instituciones policíacas y militares, que más adelante rendirían sus frutos en sangre.

Dicho esto, ¿en qué dirección podría ir una burguesía que se ha constituido por el espíritu feudal y que ha entrado a mediados del siglo XX prolongando su existencia en medio de las “bonanzas” de un paradisíaco feudo tropical?

La respuesta a ésta y otras preguntas, en nuestra edición de mañana…

Mario Palomo es historiador guatemalteco y miembro del lobby de autores de la revista Albedrio.org - Su dirección de correo electrónico es: mariopalomo77@gmail.com

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.