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La recordación de una izquierda nostálgica y el asueto de una burguesía a sus anchas: El 20 de octubre
Por Mario Palomo - Guatemala, 20 de octubre de 2005
mariopalomo77@gmail.com

Ya basta de quejarse de los “excesos” del capital; una crítica de lamentos no busca más que crear un capitalismo más equitativo, concediendo al capital la capacidad de adoptar una lógica de desarrollo benevolente. El capital necesariamente constituye un “exceso” en su explotación del trabajo: lamentarse de ello Significa que no se comprende su constitución social.
Werner Bonefeld, Sergio Tischler

En honor a la verdad, no me gusta conmemorar la revolución del 20 de octubre. Tampoco me gusta participar en las liturgias de la petrificada identidad de la izquierda guatemalteca, por mucho que sea buena oportunidad para ver y compartir con aquellos hombres y mujeres que uno sabe se han curtido el físico siguiendo el más noble deseo de acabar con la explotación y la injusticia troglodita en éste hermoso y malhadado país.

Me parece inútil –cuando no fariseo- asistir a las marchas conmemorativas con el sólo objeto de encontrarse con los de la foto, para verse y escucharse gritando las lisiadas consignas de hace treinta años; desde el trébol hasta el parque central, a la misma hora en que la apartadísima y candida oligarquía se despabila despreocupada, o va ya rumbo al chalet en la costa sur. Puro performance de posmo-izquierda.

Si a la izquierda sólo es posible encontrarla en misa, es mejor y más honesto no encontrarla en absoluto. Conmemorar es un acto de recordar nostálgicamente, es una suerte de momento de duelo, de pensamiento post-mortem. Es por eso que no me gustan las conmemoraciones, las misas de réquiem; ¿acaso han desaparecido la injusticia y la explotación como para pensar la lucha y la necesidad de la misma en tiempo pretérito?

La Guatemala de hoy es más injusta, más excluyente, y más pobre que hace 61 años, y sin embargo, nunca como ahora la oligarquía ha gozado de tanta holgura, de tanta tranquilidad, a tal punto que se permiten ser condescendientes con los reproches inofensivos de la izquierda institucional, y con los de toda la mediocracia oenegera.

Al fin de cuentas, a la oligarquía y a toda su comparsa de testaferros políticos les es conveniente ceder espacios para que la sociedad canalice todo su descontento y su frustración de la manera más ordenada, alejada y menos molesta posible. El 20 de Octubre, el 1ro de Mayo y todo el resto de fechas de la romería izquierdosa, al no inscribirse en una actualización permanente basada en objetivos concretos de transformación social, no pasarán de ser actividades sociales de recreación, más parecidas a las kermeses escolares o, a las mañanas deportivas.

Alegre, lo que se dice alegre será asistir y ser parte del país que decide dejar de ser una gris sala de espera para nacerse sin excusas contra la soberbia y el hartazgo. Entonces nos juntaremos de veras a celebrar un presente que estará libre de envidias por el pasado, ya que se será un presente lleno de futuro.

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