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La fauna neoliberal y el paradisíaco feudo del "mico"
Por Mario Palomo - Guatemala, 18 de noviembre de 2005
mariopalomo77@gmail.com

La verdadera razón del neoliberalismo latinoamericano no es (ni ha sido) la consecución de un proyecto que busque la superación histórica del capitalismo oligárquico, para traducirse –como insisten hacer pensar- en la emergencia de un capitalismo de pequeños propietarios que con su esfuerzo y productividad logren desahogar de la dependencia y el subdesarrollo a estos paisitos. Nada más lejano.

El discurso neoliberal digamos, no ha sido más que el remozamiento “ilustrado” del típico conservadurismo oligárquico humedecido en el sopor tropical. Su éxito reside en que bajo dicho discurso se ha escamoteado la necesidad de cuestionar y transformar las formas de propiedad conspicuas del precapitalismo agrario –latifundismo improductivo- y del monopolismo nacional y transnacional, legitimándolas bajo los planteos de la propiedad privada abstracta y radical.

No es necesario esforzarse mucho para entender que nuestras regordetas oligarquías (a falta de capacidad creadora e imaginación) se derriten por ser agachadísimas socias minoritarias del monopolismo transnacional por un lado, y por otro, con la prolongación del latifundismo como eje de la estructura agraria, ponen a su favor la balanza del valor de la fuerza de trabajo al generar una masa indiferenciada de parados.

No se trata de ninguna novedad, pues, sino de llevar a sus últimas consecuencias las condiciones del subdesarrollo y la dependencia que ya padecemos. Nada distinto del capitalismo que han defendido las roscas conservadoras a lo largo del siglo XX bajo el asfixiante clima de achafarotamiento católico y fascista. Vale acotar que un capitalismo erigido sobre un horizonte de hombres libres no necesita de caudillos o chafas mesiánicos, eso es propio de los capitalismos de servidumbre.

Un sano ejercicio de memoria sirve para ubicar a toda la recua de “gurús” del neoliberalismo como lo que otrora fueran: intelectuales orgánicos comprometidos hasta las amígdalas con el proyecto sanguinario del MLN los más -a los menos es fácil rastrearlos desde las virulentas filas del anti-castrismo de disneyworld. El MLN nunca fue un proyecto de “pequeños empresarios” a lo A. Smith, sino un reservorio oligárquico y un nido de torturadores y matones. A sus satisfechos apologetas se les puede leer aún hoy en los diarios locales, exponiendo con lujo de folclore todas las linduras de los escuadrones de la muerte, cuando no haciéndola de locuaces porristas del Ejército –lo que se agradece por la risa que causa tanta mojigatería. En fin, así es el trópico… de una fauna exuberante.

Bien vistas las cosas, la “universidad” neoliberal es el equivalente academizado del MLN: templo donde se aliña con el dogma oligárquico y se recalca la intolerancia anticomunista propia de la paranoia de la guerra fría. La única diferencia entre el MLN en su versión de carnicería y su versión “La academia” es que ahora <<ilustran>> a sus neófitos en el manejo insaciable del positivismo lógico, cual caballito de batalla con el que “validan” o “invalidan” la realidad sino cabe en su obliterado “sentido común”.

De ahí que sea mucho más elocuente indagar sobre las verdaderas fuentes de las que se nutre nuestro neoliberalismo, no en los clásicos de la geriatría de Mont Pelerin, sino en las prácticas del oscuro y finado <<mico>> Sandoval. Que no confunda que a los “gurús” no les guste la asociación: es propio de la flatulencia oligárquica mostrar en todo momento ingratitud y desconfianza ante la servidumbre.


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