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Mojigatería conservadora y la excusa neoliberal
Por Mario Palomo - Guatemala, 31 de diciembre de 2005
mariopalomo77@gmail.com

¿A qué se debe que en un país como el nuestro, las clases empresariales que nunca han dado la talla para llevar a cabo el ideario del <<laissez faire>>, insisten en hacerse pasar por “liberales”, cuando en realidad se han sostenido –y sostienen- gracias a que han remolcado desde la colonia toda una serie de prácticas oligárquicas y monopólicas; prácticas de las que dicho sea de paso, es imposible que pueda derivar una sociedad inspirada en el ideal liberal de auténticos hombres libres?

Mejor no contarse cuentos: el “liberalismo” del que se precian no es tal. Los amagos “libertarios” del empresauriado no deben estimarse más allá de lo que han resultado ser, esto es, simulacros cargados de retórica por medio de la cual han logrado sobrevivir su subdesarrollado conservadurismo a través del filtro de la ideología neoliberal.

Por ello no es de extrañarse que el neoliberalismo haya entrado con mayor fuerza gracias a las purgadas propuestas espirituosas, tanto del Opus Dei como del puritanismo protestante, ya que ambas tienen en común no sólo el que se disputan la hegemonía en la superestructura ligándose al poder industrial y financiero, sino ser vertientes de interpretación de las sagradas escrituras a partir de la mera lógica empresarial de extrema derecha.

Es en éste sentido que el neoliberalismo empata con el conservadurismo oligárquico del tercer mundo, precisamente porque ambas formas de pensar son intolerantes, autoritarias, y en consecuencia, también anti-democráticas. No por nada Milton Friedman era tajante cuando afirmaba que la democracia no era necesariamente un valor intrínseco del mercado.

Es decir pues, no nos queda sino lidiar durante un tiempo indefinido, no sólo con toda la lógica irritante del capitalismo salvaje, con su enanismo intelectual rebosante en ejemplos sacados del “sentido común” empresarial, sino también con todo el tufo de mojigatería religiosa, que hace de comparsa espiritual a los ordenes sociales autoritarios, impregnando todo con su intolerancia característica hacia la razón científica, y hacia la razón en general.

Esto se ha expresado en todo su caricaturesco esplendor durante la gestión gubernamental del presidente Oscar Berger, quién se ha dedicado a atender de manera obediente y servil las exigencias tanto del Opus Dei como de los fantoches de la fe televisada (expiando la moralina de sus feligresías empresariales), en cuestiones tan barrocas como la amenaza que representaba para el “limbo” el que no se vetara la ley de “Acceso Universal y Equitativo de Servicios de Planificación Familiar y su Integración en el Programa Nacional de Salud Sexual Reproductiva”, donde parece ser, los curitas tenían “sesudísimas” cosas que decir al respecto de la salud sexual de las mujeres, así como de las consecuencias sociales de la explosión demográfica en una sociedad tan excluyente como la nuestra. Al final dicha ley fue vetada bajo el “argumento” de que “ya estaba contemplada en la Ley de Desarrollo Social”, cuando en realidad se trataba de una ampliación de la misma que intentaba promover un acceso más abierto a todos los métodos y mecanismos de planificación familiar, sin que ello tuviera que desembocar en el hiper-estigmatizado aborto.

En fin, de esa materia está hecha la asfixiante avalancha conservadora y el alegre criterio de los imbéciles. Perdón si no me asiste el sobresalto cuando la violencia alcance a sus “buenas conciencias”.


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