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Sonreír con los ojos
Por María Chiqui Ramirez - Guatemala, 21 de noviembre de 2020
ixlajuj@gmail.com

Recuerdo las miradas de mi madre, rápidas, directas. Desde muy niña supe de que se trataban sus miradas y lo que se podía venir de no dejar de hacer lo que estaba haciendo, especialmente si había más gente. Muchos vivimos esas experiencias y le agradezco a mi madre el qué con sus métodos, me haya enseñado a convivir en sociedad.

Ahora detrás de las mascarillas hemos aprendido con los ojos, a sonreír, saludar, aceptar, negar, detener, mantener la distancia social y muchas otras cosas, sin hablar. Estamos desarrollando más el sentido de la vista, a expresar con los ojos las emociones que la mascarilla nos impone.

Tenía quizás 15 años cuando en la tienda de libros usados de don Pepe, frente al actual MUSAC, me topé con “La Peste” de Albert Camus.

Fue toda una revelación y marcó mi vida ante los problemas humanos de ser, existir vivir, morir.

En esos años me era difícil comprender como se podía estar exiliado en su propia tierra, en su casa, en la propia familia, rebelarse ante el confinamiento que no se acepta y se desmiente ante la crueldad de la enfermedad. La novela La Peste se desarrolla en ese pequeño pueblo de Argelia, Orán que a mediados del siglo XX fue cerrado al mundo para que la peste no saliera de sus fronteras. En medio de la arena y el calor sofocante, la prosperidad económica cae ante la peste bubónica transmitida por las pulgas en las ratas.

-Las ratas han muerto de la peste o de algo parecido y han puesto en circulación miles y miles de pulgas que transmitirán la infección en proporción geométrica, si no se la detiene a tiempo. La Peste Albert Camus. P. 32

Después don Pepe, me sacó otro libro diciendo, ya que le gusta el tema.
Esta vez El Decamerón que nos había sido recomendado por el maestro de literatura del INCA, me transportó a Florencia que estaba siendo arrasada por la peste bubónica en 1348. Giovanni Boccaccio considerado el maestro de la prosa italiana, describe como un grupo de siete mujeres y tres hombres deciden escapar de la ciudad tomada por la peste bubónica, para aislarse en una villa a unos cuantos kilómetros de Florencia. Cada uno de ellos debe contar un cuento o una novela corta cada noche durante el confinamiento de diez días, de allí el nombre de Decamerón. Para la época era un libro pornográfico.

Pero el impacto fue mayor al enterarme que los europeos trajeron a este continente las enfermedades que no existían aquí: varicela, sarampión, tos ferina, fiebre amarilla, fiebre bubónica entre otras. Y me preguntaba e investigaba ¿porqué en Abya Yala no habían pestes de esa magnitud hasta que nos invadieron?
La razón está ligada a que, como en América no hubo desarrollo de la ganadería equina ni porcina, ni otros animales de granja, la convivencia con los animales fue diferente. En los viejos continentes, el aparecimiento de la ganadería marcó el surgimiento de la propiedad privada y el patriarcado, hecho que no sucedió en Abya Yala hasta muchos siglos más tarde.

En la época del oscurantismo europeo la falta de higiene personal fue fomentada por los mitos cristianos escatológicos en Europa, donde se aseguraba que solamente el fuego limpiaba el alma y el cuerpo. Creían que el agua, no limpiaba ni el cuerpo, la higiene brillaba por su ausencia y los gatos depredadores naturales de las ratas ligados a la brujería fueron eliminados. De esa cuenta las pestes que eran cíclicas arrasaban con la población más débil y enferma, mientras los más fuertes desarrollaban defensas.

Agustín Muñoz Sanz, jefe de la unidad de patología infecciosa del Hospital Infanta Cristina de Badajoz y profesor titular de Patología Infecciosa de la Facultad de Medicina de la Universidad de Extremadura, explica cómo los microbios que viajaron en las carabelas devastaron a la población nativa (de América). Muñoz lo cataloga como “Un desastre demográfico, una catástrofe ecológica. En menos de un siglo desaparecieron de su propio mapa varias decenas de millones de habitantes indígenas. Por ejemplo, el 90% de la población caribe y arawak murió en los veinte años siguientes a la llegada de Cristóbal Colón y sus hombres en 1492”. En todo el continente la mortandad por pestes traidas de Europa, mató al 90% de la población especialmente la peste porcina altamente contagiosa.

En los Libros de Chilam Balam de Chumayel se describe la mortandad90 “VI. Seis Ahau.
IV. Cuatro Ahau. Hubo peste. Entraron los zopilotes a las casas, dentro de las murallas.
II. Dos Ahau. Hubo viruela, viruela grande... El 18 Zip y Nueve Imix es el día de la muerte de Ah-Pulá, Napot Xiú, en el año de 150828.”

En la Capital del Reino de Guatemala y sus alrededores se registran las siguientes epidemias: Cólera Morbus en 1520; viruela en 1521; sarampión en 1532 y 1534; “pestilencia” (peste negra) en 1545, 1582, 1592, 1601, 1607 y 8, 1631, 1647, 1660, 1665; viruela nuevamente en 1708, y en 1723-25 y 1733; rabia en 1710 y 1712; tifus (tabardillo) en 1741; sarampión en 1769. En la época Independiente, las mayores crisis de salud han sido provocadas por el Cólera Morbus, (bacteria Vibrio Cholerae) una de las cuales provocó la caída del gobierno del Doctor Mariano Gálvez.

Contaba mi papá Hector Ramirez Solorzano que habiendo nacido en 1912 había sobrevivido a la gripe española y al terremoto de 1917. Mientras mi madre Zoila Esperanza García Cordón contaba que muchos adultos de su familia materna en Zacapa habían muerto por la pandemia en esos años. Hoy nos admira o no creemos en los estragos de una pandemia y nos relajamos, porque arrogantes que somos nos creemos inmunes a la muerte. Son las epidemias las que han guardado el equilibrio de la población desde épocas remotas. Los estudios demuestran que los hombres de Crogmañon resistentes a las bajas temperaturas, no sobrevivieron el cambio climático ni las enfermedades que las altas temperaturas traen consigo.

Igualmente los huracanes, de la palabra Jun Rakan, Un Pie, fuerza cósmica que garantiza el equilibrio de la vida, renovan la vida, llevan agua a las zonas de sequía, alimentan los mantos freáticos, recuperan lagos y lagunas, reverdecen los bosques y planicies aunque el costo en vidas lleva mucho sufrimiento y desvastación a la humanidad.

Vamos a vivir otra “normalidad” en donde debemos aprender a respetar nuestro entorno natural, compartir más, escuchar más, disfrutar mas la vida que se escapa como el agua en el lavadero dice la canción. Pero, como los humanos somos como las cucarachas y sobrevivimos a las catástrofes, y nos adaptamos, los más fuertes aprenderán a convivir con el covid19, y con otros muchos más bichos y catástrofes. Desarrollaremos otros sentidos y ya, ahora estamos aprendiendo a hablar con los ojos.

 

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