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Los metales en Mesoamérica precolombina
Por María Chiqui Ramirez - Guatemala, 20 de agosto de 2021
ixlajuj@gmail.com


Leyendo El Pasado Indígena de Alfredo López Austin y Leonardo López Lujan encontré la respuesta que desde hace mucho estaba buscando. Las referencias del conocimiento de metales que se tuvo en el área mesoamericana son escasos, pero se han encontrado cascabeles de cobre y otros utensilios en las excavaciones arqueológicas en México y Guatemala correspondientes al periodo post Clásico temprano y post Clásico tardío 900 al 1,500 D.C. Mesoamericano.

El libro escrito para el público en general nos lleva de la mano a conocer los orígenes de nuestro pasado indígena como bien lo dice el título, hasta entrada la invasión europea. Los primeros asentamientos humanos, la dinámica de la interrelación del trueque que Michael Coe, Pool y otros académicos, llaman “Mercado de la ritualidad”.

Los grupos de personas dispersas en la selva establecieron contacto entre sí, buscando palabras, gestos que fueron conformando un idioma común, querían comunicarse y poco a poco los centros de intercambio de productos de la tierra y manufactura se fueron transformando en lugares de rencuentro, de trueque, de intercambio de ideas de ampliación del idioma, la comunicación. Cabe resaltar que en el calendario Sagrado Ceremonial Maya que se inicia en B´atz, en el Mito de la Creación es seguido por la energía del día Ee que es la comunicación, la palabra, la escalera, el camino que une y acorta distancias.

Las investigaciones arqueológicas han encontrado los vestigios más antiguos de escritura, matemática vigesimal y registros calendáricos en Tamoanchan, tierra habitada por los Olmecas hace más de tres mil años. Si, fueron los Olmecas, los de la tierra de la bruma, el hule y el kakaw los que tuvieron las respuestas a las inquietudes existenciales humanas de ese entonces. Los que dieron respuestas a través de los mitos sobre el origen, la vida, la conducta humana, la muerte, la vida después de la vida, relacionándolos con el Cosmos, la matemática, la astronomía. Estas concepciones filosóficas y estilo de vida se extendieron a toda el área Mesoamericana llegando hasta el actual Costa Rica al sur y al norte Paquimé, Mogollón en los actuales Nuevo México y Chihuahua. Por eso es considerada la Cultura Madre. Y que en la actualidad con modificaciones siguen vigentes entre los pueblos originarios.

Entendemos ahora que el aparecimiento de la escritura, la matemática, la astronomía y especialmente los calendarios no fueron producto de una sola o pocas mentes brillantes, sino más bien de muchas personas que aportaron desde diferentes lugares, los datos de sus observaciones anotadas a lo largo de muchos años y de generaciones.

Los López afirman en su libro, p. 85 que de acuerdo con “Los estudios de Christine Niederberguer, David Grove, Paul Tostoy y muchos más, las sociedades del preclásico temprano (2,500 – 1,200 A. C.) eran igualitarias, de economía plenamente agrícolas y se distribuían en aldeas muy semejantes entre sí”. Mientras que Michael Coe afirma que era un mosaico de técnicas agrícolas adaptadas a las diferentes características del terreno. Richard Hansen lo confirma con los descubrimientos de la diversidad de técnicas agrícolas en El Mirador Peten.

El recorrido de nuestra historia en Abya Yala (América) como todas, está llena de migraciones, asentamientos humanos autosuficientes que con el tiempo llegaron a construir grandes complejos urbanos, mientras otros permanecían nómadas sin agricultura.

En su caminar, los nómadas llegaban a los complejos urbanos construidos en medio de la selva, tomaban el idioma local, sus costumbres y mitos, sus mujeres e influían con su propio acervo cultural a la filosofía existente. Estos extranjeros al llegar a las grandes urbes se incorporaban a ellas, aceptando la superioridad de estas. Haciendo que a lo largo de la historia no se puede hablar de razas puras en áreas como la Maya. Por ejemplo, la cultura Maya fue influenciada por los migrantes que llegaban del oeste, centro y norte del actual México. Sabemos ahora que el ultimo gobernante de Tikal era mexicano y en Teotihuacan se encontraron restos de una mujer Maya enterrada con gran pompa.

Estas migraciones de grupos que llegaron del norte se dieron a lo largo de nuestra historia. Son los llamados chichimecas que fundaron los imperios Tolteca, Mexica, el Tajin Totonaca e influyeron con nuevas concepciones, nuevos mitos.

Muchas ciudades ante los desastres naturales como sequias, inundaciones, terremotos y otros causados por sobrepoblación, desforestación, guerras fueron abandonadas para reubicarse. De esa manera el desaparecimiento o colapso de las culturas mesoamericanas, se toma ahora como “desplazamiento” de los grupos culturales hacia territorios más benignos.


La interrelación era intensa, tomando en cuenta que no se utilizaba ni rueda, ni animales de carga, las comunicaciones llevaban semanas, meses y hasta años para alcanzar lugares como Paquimé, Mogollón y Casas Grandes en Nuevo México buscando cobre, esmeraldas y plumas, llevando cacao, vainilla, cerámica, tejidos, hule, alquitrán, barro y muchas cosas más.

“Las sociedades mesoamericanas tuvieron entre los factores más sólidos de su unidad milenaria la producción común del conocimiento. La sabiduría agrícola, la pericia en la explotación de los recursos naturales, las fórmulas para el computo del tiempo y el arte de la medicina viajaron por las vías del trueque, robustecidas por la experiencia compartida y acrecentadas por la variedad geográfica”, ob. Cit. P.239

Los pueblos chichimecas que habitaban en Oasisamérica, si bien no eran totalmente agricultores, en oleadas fueron llegando a los centros urbanos establecidos. Entre los muchos grupos que se desplazaron Nahuas, Purépechas, Tarascos llegados del centro del actual Michoacán en el clásico tardío (siglo XVI) ya trabajaban el cobre, exportando el matiz (mineral para colorear), hachas, palas (como ocas), puntas de lanza, anzuelos para pescar, agujas, amuletos, cascabeles, pinzas, brazaletes y otros productos suntuarios altamente valorados por las elites locales.

En el sitio arqueológico de Itziparazico Michoacán, se han encontrado restos del uso de calcopirita (CuFeS2) mineral que se utiliza en los hornos formales para trabajar el metal con fuelles. Los datos etnológicos nos llevan a conocer que en el territorio de Jicalan aún hay reclamos de la población por las minas de cobre.

Pero lo más remarcable es que, en el Lienzo de Jucutacato elaborado a mediados del siglo XVI, los autores dibujaron sobre el lienzo de 2.62 metros de largo por 3 metros de ancho, escenas del procesamiento del metal. Con anotaciones en caracteres latinos y lengua náhuatl. El lienzo fue elaborado para demostrar el derecho de esos pueblos sobre los yacimientos de cobre, su origen, derecho de antigüedad ante las autoridades coloniales.

Estos utensilios en cobre eran muy apreciados por los otros pueblos, llegándose a encontrar hasta el área Maya algunos ejemplares. (pueden observarlos en el museo de antropología e historia en Guatemala). Entonces las puntas de lanzas y otras piezas elaboradas con propósitos bélicos dieron ventaja a quienes los utilizaban en sus guerras. “El propósito de las guerras no implicaba la eliminación de los gobiernos locales, sino tan solo el reconocimiento de la subordinación y el pago periódico de tributos” Ob Cit P. 257

Los invasores en 1,495 nos encontraron en la edad de piedra, en la era del cobre, sin animales de tiro, sin ganadería, sin rueda, sin propiedad privada, sin esclavitud como sistema de producción…
Seguiremos platicando.

 

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