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¡La URNG ha muerto, que viva la izquierda!
Por Mario Roberto Morales - Noviembre 2003

Desde principios de los años noventa he venido insistiendo en mis artículos periodísticos en que para construir una izquierda actualizada en Guatemala era necesario que la URNG muriera.

Debido a que se ha identificado a la URNG con "la izquierda guatemalteca" (como si sólo aquella nefasta organización representara esta manera de pensar y ejercer la política), es que surgen confusiones cuando se habla de "la muerte de la izquierda" en Guatemala. En realidad se trata de la muerte de la URNG, es decir, del centralismo, el autoritarismo, el militarismo y la corrupción propias de la comandantitis aguda que caracterizó a esta fuerza siempre.

Sus más conspicuos cabecillas nacieron a la vida política como resultado de la amalgama de militares contrainsurgentes y burócratas estalinistas que conformaron las primeras guerrillas, resultantes de la fracasada asonada del 13 de noviembre de 1960. Estos orígenes determinaron la famosa "cultura del autoritarismo de izquierda" como herencia directa del militarismo de derecha que está en la base del orígen de esta injusta e interdiscriminatoria nación.

En donde quiera que estuvieran quienes luego jefearían la URNG (una unión forzadamente improvisada por órdenes de Cuba en 1982), las cosas (sospechosamente) fracasaron. El divisionismo sectario, las intrigas, las purgas y los asesinatos fueron la regla y no la excepción de esta izquierda bizarra que culminó su triste camino con el rechazo ciudadano en las urnas el pasado 9 de noviembre. Desde emboscadas en las que morían combatientes idealistas que iban supuestamente a recibir armas, y sacrificios de militantes que fueron negados por sus jefes, hasta el sabotaje de la única candidatura indígena en la elección pasada, en donde quiera que estuvieran estos nefastos quintacolumnistas, los proyectos populares terminaban en la frustración y la muerte de los más valiosos elementos de la izquierda. Basta revisar la historia para darse cuenta de esto (remito al lector a mi libro La ideología y la lírica de la lucha armada. Guatemala: Editorial Universitaria, 1994).

La nefasta conducción de la guerra popular por parte de la URNG culminó en la masacre de unas 200 mil personas, la mayoría indígenas, hecho del que la Comisión de Esclarecimiento Histórico responsabilizó tanto al Ejército por su política genocida como a las guerrillas por haber puesto en práctica tácticas de provocación para atraer al Ejército a una guerra prolongada y luego abandonado a su suerte a la población civil de apoyo.¿ No es acaso motivo de regocijo que esta "izquierda" haya muerto? ¿Es que no era necesario que mueriera para que una genuina izquierda actualizada pueda surgir de quienes nada tuvieron que ver con la traición de la URNG, especialmente los jóvenes? Ahora, ya eliminado ese lastre autosaboteador, puede aspirar a existir en Guatemala esa necesaria fuerza política con vocación utópica por el bienestar de las mayorías (entendiendo por utopía una idealidad modélica inexistente e inalcanzable que sólo sirve para inspirar y guíar las acciones políticas) que aún no nace en forma actualizada, eficiente y pragmática en este país.

Ya es hora pues de diferenciar a "la izquierda guatemalteca" como una fuerza dispersa pero consecuente con los principios que animan la práctica política por el bienestar de las mayorías (ahora en codiciones de globalización y sin el lastre del socialismo real), y la URNG, una camarilla de cabecillas de incondicionales seguidistas que desde 1982 -cuando fueron derrotados militarmente- viven en contubernio con su "enemigo", como lo ilustra el de sobra el conocido "caso Mincho", ocurrido durante las oscuras negociaciones de paz.

Persiste, claro, el peligro de que los rescoldos de la URNG y sus múltiples desprendimientos se enquisten en las nuevos agrupaciones de izquierda, como ocurrió con la ANN. Por eso, la izquierda naciente debe meticulosamente enterrar los cadáveres flotantes del hundimiento de la URNG si es que quiere de veras constituirse en una fuerza política moderna, flexible y con posibilidades de ejercer (no sólo de impugnar) el poder. Por lo pronto, cuenta ya con las condiciones propicias para reinventarse a sí misma sin la espina de los infiltrados clavada en el corazón. ¡La URNG ha muerto, que viva la izquierda!

Tomado de Siglo XXI
www.sigloxxi.com


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