Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

La mentada felicidad
Por Mario Roberto Morales -25 de diciembre de 2004

En el capítulo XXII de su Elogio de la locura, Erasmo de Rotterdam dice que "la primera condición de la felicidad es que cada cual esté satisfecho de ser lo que es", pero la sentencia nada tiene que ver con el conformismo derrotista de quien sucumbe a las "verdades" que el poder político, mercantil y religioso le ofrece disfrazadas de bien y de mal, sino está remitida a la aceptación de lo que se es sin lamentarse de que esto no sea lo que quisiéramos que fuera, porque se ha llegado a una comprensión más o menos plena de sí mismo.

"Pregunto -dice Erasmo-: ¿puede amar a alguien quien se odie a sí mismo? ¿Puede estar de acuerdo con otro quien no lo está consigo? ¿Puede ser agradable para los demás quien para sí mismo sea insoportable y molesto? (...) La naturaleza, que a menudo es más madrastra que madre, se complace en atormentar a los hombres, sobre todo a los poco avisados, inspirándoles el afán de despreciar lo suyo y de admirar lo ajeno. Esto hace que todas las disposiciones, todos los primores y todas las gracias de la vida se malogren y perezcan. (...) ¿Hay algo más loco que gustarse a sí mismo, admirarse a sí mismo? Y no obstante, ¿qué gentileza, qué gracia, qué dignidad tendría lo que hicieras si no estuvieras satisfecho de ti mismo?"

Las "verdades" del mundo político, mercantil y religioso nos impelen a desear ser lo que no somos mediante los ideales de conducta que sin cesar nos propone. La aceptación de lo que es y de lo que se es, implica una comprensión de que las "verdades" que el poder nos ofrece para que nos identifiquemos con ellas, sólo son ilusiones que nos hacen interiorizar identidades que no nos corresponden, como las de bueno, malo, generoso, avaro, honesto, corrupto, feo y hermoso. Comprender que las "verdades" del mundo son ilusorias constituye la única verdad posible de alcanzar, pero nos resulta difícil, si no imposible, hacerlo porque estamos condicionados a creer que en realidad decidimos y optamos por una u otra "verdad", cuando lo cierto es que, como dice Cioran en "Las dos verdades", un ensayo de su libro Desgarradura: "Sólo tenemos elección entre verdades irrespirables y supercherías saludables". Y agrega: "Únicamente las verdades que no permiten vivir merecen el nombre de verdades. Superiores a las exigencias de lo vivo, no consienten en ser nuestras cómplices. Son verdades 'inhumanas', verdades de vértigo que rechazamos porque nadie puede prescindir de apoyos disfrazados de eslóganes o de dioses".

Más allá de los eslóganes y los dioses, más allá del bien y del mal, reside la verdad de lo neutro, la neutralidad vacía de lo real, la única verdad que no sucumbe a las "verdades" del mundo, esa verdad que según Cioran no permite vivir en la ilusión ni consiente en ser nuestra cómplice. El conocimiento y la aceptación de esto es la condición para alcanzar el estado de locura de que habla Erasmo, a saber: gustarnos a nosotros mismos y estar satisfechos de ser lo que somos como primera condición para ser felices. La felicidad no reside entonces ni en la bondad ni en la maldad ni en ninguna conducta contrapuesta a otra, sino en la comprensión de las "verdades" como ilusiones. No reside en la moral sino en la conciencia de que la moralidad y la inmoralidad son polaridades intercambiables según los intereses y conveniencias del individuo, el grupo y el poder.

Este sentido profundo de la verdad como conciencia de la neutralidad de lo real es al que se refiere Nietzsche cuando en la cuarta parte de Más allá del bien y del mal dice: "Jesús dijo a los judíos: 'La ley era para los esclavos; amad a Dios como yo le amo, como hijo. ¿Qué nos importa la moral a quienes somos hijos de Dios?'" En otras palabras, el amor está más allá de la ley, de la moral, del bien y del mal como "verdades" del mundo, como certezas de partido político, iglesia o corporación. Más allá del decoro y la patanería, del conformismo y la contestación. Según Nietzsche, Dios lo sabe. Ahora nos toca a nosotros saberlo y comprenderlo también. Es en la medida en que lo logremos, que seremos paulatinamente invadidos por esa prometida y anhelada "paz que sobrepasa todo entendimiento", la misma que los esclavos de siempre buscan en las drogas, el dinero, la religión y el poder. Esa paz que no es otra cosa que la mentada felicidad.

Fuente: www.lainsignia.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.