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Lo mismo pero más barato
Por Mario Roberto Morales -Guatemala, 15 enero del 2005.

Como una planta carnívora destinada a comer hasta la muerte, la maldición oligárquica que pesa sobre Guatemala sigue devorando la disminuida inteligencia ciudadana y engrandeciendo las siempre obesas alforjas de la elite criolla que, con estridentes ínfulas de pedigrí colonial, desprecia a la pobrería por morena, aindiada y de mal gusto, al mismo tiempo que la seduce como único mercado posible para que compre sus productos manufacturados.

Esto no sería noticia si no fuera porque, ahora, el proyecto oligárquico, representado por el entorno del presidente Óscar Berger -y, en la exigua medida en que éste se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor, por él mismo- está siendo "legitimado" ante la cooperación internacional por una izquierda que aunque no es la misma que "legitimó" a Ríos Montt durante la presidencia del corrupto Alfonso Portillo, no lo es sólo porque está compuesta por ciertos amigos de los izquierdoderechistas riosmontistas, que no estuvieron de acuerdo con que la izquierda local se aliara con el militar que masacró a su militancia y a su base social, pero que no tiene empacho en apoyar a Berger y al empresariado neoliberal que lo rodea en un proyecto político privatizador que está diseñado para durar 30 años.

En esta nueva izquierdoderecha "ética" se encuentra, en primerísimo lugar, la empresaria farmacéutica y embajadora de buena voluntad del gobierno de Berger ante la cooperación internacional, Rigoberta Menchú, quien se ha posicionado como la llave por la que fluye o deja de fluir el financiamiento externo al gobierno. En segundo lugar se encuentran ex militantes de organizaciones guerrilleras, quienes fungen como burócratas "defensores de los derechos humanos", de esos que si de verdad se respetaran estos derechos se quedaría sin trabajo, razón por la cual propician situaciones para que el endémico clima de violencia que es parte central de la maldición oligárquica que asuela el país desde el siglo XVII se perpetúe indefinidamente.

El colmo de la ironía que envuelve a los nuevos izquierdoderechistas es que Berger -que encabeza simbólicamente una agrupación que ni siquiera es un partido político- tuvo que negociar con Ríos Montt los términos de la gobernabilidad del país, de modo que el flamante Estado corporativo actual depende de las huestes que conforman la mafia riosmontista, dedicada a la criminalidad organizada bajo el disfraz de partido político. Cuando Menchú fue cuestionada por pertenecer a un gobierno que co-gobernaba con el riosmontismo, se limitó a justificar la alianza aduciendo realismo político para evitar el caos y la ingobernabilidad. Uf.

Actualmente, los nuevos izquierdoderechistas se encuentran enfrascados en una supuesta lucha social de enfrentamiento entre medicamentos genéricos y de marca, argumentando que los primeros favorecen a la población más pobre mientras que los otros resultan inalcanzables para ella. El lío es, más que una lucha por los pobres en contra de los ricos, uno de competencia entre los empresarios que venden productos caros "de alta calidad" y los que venden productos baratos "de calidad menor". La pobrería es el gran mercado para todos los empresarios locales, pues este es un país de desarrapados en el que los productos baratos tienen más posibilidades de cundir en el imaginario consumista de las masas que los productos caros. El conflicto está, pues, directamente relacionado con el negocio de Menchú, llamado Farmacias Similares, el cual vende bajo el eslogan que reza: "Lo mismo pero más barato". Una frase que podría aplicarse al nuevo izquierdoderechismo que ella encabeza para diferenciarlo del anterior.

Como es fácil imaginar, el gobierno ha tomado posición a favor del negocio de Menchú gracias a los buenos oficios del vicepresidente Eduardo Stein, pivote de la izquierda "ética" pro-oligárquica en el Estado empresarial, el cual ha entrado así en contradicción con sus aliados naturales, las corporaciones transnacionales. Tal es el grado de dispersión política que existe en Guatemala para regocijo de la cooperación internacional, que así mantiene a la sociedad política y civil totalmente fragmentadas, envueltas en dinámicas centrífugas que las incapacitan para proponer un proyecto interclasista de país, haciendo con todo de este territorio un espacio propicio para el ingreso de los intereses globalizadores en clave neoliberal.

La oligarquía criolla de pedigrí colonial fundó este país declarándolo "nación", y lo hizo sobre las espaldas de indios, mulatos y mestizos. Los criollos inventaron así su patria. Una patria que siguen administrando como si se tratara de una hacienda, usando al ejército nacional como perro de presa contra la rebelde terquedad popular, que sigue brotando enérgica a pesar de la corrupta izquierda que pretende capitalizar y neutralizar sus movilizaciones de protesta por las desesperantes condiciones de inseguridad y encarecimiento de la vida en que la mayoría de ciudadanos está envuelta.

La maldición oligárquica se perpetúa, esta vez gracias a los "políticamente correctos" oficios del nuevo izquierdoderechismo "ético" representado por los peones vernáculos de la cooperación internacional y de su agenda globalizadora neoliberal. Esta perpetuación insensata y miope ha llegado al punto de convertir a este territorio en un país inviable, en un no-país, de modo que el futuro local no se vislumbra más allá de un caos en el que la ciudadanía oscilará entre la criminalidad organizada, la corrupción política y empresarial, y el consumismo auspiciado por las agencias internacionales de financiamiento.

La oligarquía criolla tiene la culpa histórica de que este país esté como está. La corrupta izquierda derechista, en todas sus versiones y pelambres, es su comparsa desde que se firmaron los acuerdos de paz en 1996 y, por ello, comparte esa culpa a partir de entonces. A los izquierdoderechistas la historia no los absolverá, aunque los de ahora sean "lo mismo pero más barato".

Fuente: www.lainsignia.org


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