Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Desde la masculinidad
Por Mario Roberto Morales -Guatemala, 29 enero del 2005.

Entre las muchas afirmaciones interesantes de la feminista estadounidense Camilla Paglia, se encuentra esta que alude a la asimetría entre los sexos y cuya simpleza es sólo aparente:

"La mujer es el sexo dominante. Los hombres tienen que echar mano de toda clase de recursos para probar que son dignos de la atención de la mujer".

Este juicio de Paglia se ubica en el marco más amplio de su reflexión sobre que la condición de madre o fuente dadora de vida de la cual se originan los hombres, le otorga a la mujer, en el inconsciente masculino, un estatuto de divinidad de cuyo poder no puede librarse totalmente jamás, a pesar de que para llegar a ser plenamente sí mismo el varón necesita des-identificarse de su madre. Menudo conflicto que origina conductas que van desde la idealización hasta la satanización de la figura femenina. En este sentido, el ser femenino es, por así decirlo, auto constitutivo, mientras que el ser masculino depende del ser femenino para constituirse, aunque sea por contradicción. Por eso Paglia afirma también:

"La mujer es, sencillamente. Pero el hombre necesita llegar a ser. La masculinidad es riesgosa y elusiva porque se alcanza por medio de la rebelión contra la mujer y solamente puede ser confirmada por otros hombres. Coaccionar la masculinidad con el objetivo de que se sensibilice no resulta para nada en masculinidad".

Si la masculinidad se forma solamente mediante el proceso de des-identificación respecto de la feminidad, y si únicamente puede ser confirmada, afirmada y constituida permanentemente por la solidaridad de otros hombres, entonces la masculinidad constituye siempre una formación psico-emocional conflictiva por contradictoria. De ahí la afirmación de que la mujer sencillamente es, mientras que el hombre necesita llegar a ser por medio de un difícil proceso de amor y desapego simultáneos respecto de la madre, y de ahí también la idea de que la mujer es el sexo dominante. Por eso dice Paglia:

"Cada hombre necesita definir su identidad en contra de su madre. Si no lo hace, simplemente cae hacia atrás y es tragado por ella".

En otras palabras, el hombre desaparece si no niega a su madre para constituirse como un ser diferenciado y autónomo. Tomando en cuenta que este es el difícil proceso que lleva a la formación de la masculinidad, resulta estéril -como afirma Paglia- coaccionar a los hombres para que se sensibilicen en relación a los intereses estrictamente femeninos, exigiéndoles una adhesión incondicional hacia su causa y pretendiendo que lo hagan desde su masculinidad. A lo sumo, a la masculinidad puede pedírsele solidaridad con la feminidad y sus luchas en contra del orden patriarcal -que es opresivo para hombres y mujeres- pero no identificación total e incondicional para con sus reivindicaciones, mucho menos si éstas caen dentro del feminismo antimasculino. Eso sería tanto como que una madre no dejara que su hijo llegara a ser él mismo plenamente impidiéndole independizarse de ella, absorbiéndolo y castrando la formación de su masculinidad, al mismo tiempo que lo urgiera a ser "todo un hombre". ¿A alguien le suena esto familiar?

Solidaridad con las mujeres desde la masculinidad, tal y como ésta se auto constituye (con toda su conflictividad), es lo que procede pedirle a los hombres. Nada más. De ahí que la expresión "hombre feminista" sea un oxímoron cabal. Las mujeres están, pues, solas en su lucha aunque conciten la consecuente solidaridad de muchos hombres, los cuales tendrán que darla desde su diferencia radical. Una diferencia que, como todas las diferencias, tensa la relación entre los opuestos que se complementan. Sin embargo, "la tensión entre los sexos es imprescindible para la supervivencia", afirma Paglia. Y lo es porque la construcción de la noción de masculinidad, como contrapuesta a la de feminidad, es lo que hace posible la sexualidad que, como se sabe, es el motor que impulsa a la humanidad hacia la vida y hacia la muerte.

Resulta una lucha desencaminada exigirles a los hombres que sean como las mujeres y que éstas busquen parecerse a aquéllos como mecanismo para equilibrar el poder en la sociedad patriarcal. Lo que se obtiene con esto no pasa de ser una adhesión insincera por parte de algunos oportunistas, y una ilusión pasajera por parte de algunas (con mucha razón) resentidas. Y, ojo: no se trata de no subvertir los roles patriarcales. Se trata de hacerlo yendo a la raíz de los problemas y aceptando y respetando las diferencias. De esa manera se sumarían solidaridades sinceras y se restarían las conocidas resistencias de los hombres, naturalmente temerosos de llegar a perder su tan difícilmente lograda y a la vez frágil masculinidad.

Fuente: www.lainsignia.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.