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Un cadáver que canta melodías de amor
Por Mario Roberto Morales -Guatemala, 8 de marzo de 2005.

No cabe duda de que la inteligencia militar de mi país continúa jugando de lo lindo con la fragilidad de conciencia de la resaca de "izquierda" que quedó de los llamados acuerdos de paz. Si logró neutralizar a una parte de los militantes guerrilleros durante el pasado gobierno de Alfonso Portillo, dándoles puestos de poder subordinado a la voluntad de su antiguo enemigo, el general golpista Efraín Ríos Montt, ahora ha logrado acabar con las posibilidades políticas del remanente "izquierdista" que criticó a sus compañeros por haberse vendido a su enemigo, y promovió el nombramiento de Eduardo Stein, colaborador de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y ferviente adepto de la teología de la liberación, como vicepresidente de la república; de Frank La Rue, cuadro político de las Fuerzas Armadas Rebeldes, como encargado de velar por el respeto a los derechos humanos desde el oficialismo; y de Rigoberta Menchú, miembro del Ejército Guerrillero de los Pobres, como embajadora de buena voluntad del gobierno para garantizar el flujo de financiamientos de la cooperación internacional hacia éste. Los tres personajes arribaron a sus puestos seguidos por un nutrido enjambre de entusiastas colaboradores que afirman estar donde están por puro realismo político y no porque les atraiga el obsceno encanto de la derecha y mucho menos porque posean un desarrollado sentido de la oportunidad.

A estas alturas de la presidencia de Óscar Berger, es cosa sabida que su gobierno responde al interés oligárquico de viabilizar la privatización paulatina de lo que queda de los activos del Estado y de invertir fondos privados en obras públicas, reduciendo el poder económico estatal en aras del control absoluto de los servicios públicos por parte de la iniciativa privada. Se sabe asimismo que este proyecto oligárquico se ha fijado 30 años para su consolidación definitiva, según los análisis de sus ideólogos. Es obvio que al ponerse al servicio de este proyecto político, que navega con bandera civilista y democrática, tanto Stein como La Rue y Menchú, así como las circunspectas huestes que los siguen, han pasado a formar parte de la legión de "izquierdoderechistas" que, ahora divididos en riosmontistas y oligarquizantes, siguen cumpliendo la innoble tarea de "legitimar" ante la comunidad internacional y sus agencias de cooperación externa a los gobiernos elitistas de Guatemala, los cuales insisten en prolongar indefinidamente su incapacidad de trabajar por un interés nacional interclasista e interétnico en el que se procure empleo para todos, y por el contrario persisten en instaurar regímenes sectorialistas que sólo benefician al grupo social más privilegiado para que algún día la riqueza fluya hacia las masas "por goteo".

Ubicada entre el ejército genocida y la inculta oligarquía feudal, la flamante "izquierda" vernácula, derrotada y despojada ya de valores elementales como la dignidad, el honor y la lealtad, oscila sonriente según sea el rumbo que le señalen sus ex enemigos. Stein le allana caminos diplomáticos a su locuaz y torpe presidente, quien tiene graves problemas para expresarse en castellano; La Rue ha oficializado su lucha por el respeto a los derechos humanos y, con ello, ha tenido que hacerse de la vista gorda ante las flagrantes violaciones que de éstos realizan las fuerzas de seguridad; Menchú, convertida en embajadora de buena voluntad del despistado Berger, y en empresaria farmacéutica de medicamentos genéricos que anuncia, entre otros productos, los infalibles "condones del doctor Simi", invoca el respeto al Estado de Derecho para justificar violaciones a los derechos humanos de campesinos sin tierra por parte de la fuerza pública.

No cabe duda de que la inteligencia militar no necesita eliminar a sus enemigos "de izquierda". Basta con darles un poco de lo que por lo visto siempre han ambicionado para neutralizarlos en sus posibilidades políticas, facilitándoles las condiciones para el ejercicio meticuloso de su propio desprestigio. Si la derecha local es una vergüenza, la "izquierda" no se queda atrás, sobre todo desde que ambas perpetraron las componendas entre jefes guerrilleros y militares que llevaron a los acuerdos de paz; esos que todos los oenegeros locales invocan para usufructuar los financiamientos de la cooperación internacional, la cual, a partir de haber financiado esos acuerdos, se ha convertido en un arrasador poder paralelo que mueve a voluntad los hilos de las marionetas de derecha, "izquierda" e "izquierdoderecha" en el territorio llamado Guatemala; un lugar que es ya casi inviable como país, a no ser que se venda a los designios del capital transnacional sin más condición que la de hacer de su oligarquía un conjunto de socios minoritarios de sus inversiones.

A pesar de la bonanza de su elite, la "izquierda" representada por Stein, La Rue y Menchú se enreda cada vez más en sus propios mecates. Un protegido del vicepresidente, el recién nombrado jefe de la inteligencia civil del gobierno y ex miembro del partido comunista, Edmundo Urrutia, tuvo que renunciar después de que se le probaran actos corruptos de poca monta clasemediera, perpetrados mediante un desembozado aprovechamiento de su cargo. Está visto que ni como comparsas pueden jugar bien su papel estos proverbialmente ineptos "izquierdoderechistas", los cuales pasarán a la historia como una legión más de arribistas corruptos que, al igual que aquellos a quienes dijeron combatir, traicionaron a su patria vendiendo lo que quedaba de su soberanía a intereses extranjeros.

Ahora que los conocemos gracias a los siniestros oficios de la inteligencia militar, los ciudadanos sabemos que la lucha política por la democratización tiene que construirse prescindiendo de ellos por parte de quienes todavía no han perdido la esperanza de enfrentar la globalización con un mínimo de dignidad y beneficio para las mayorías. Stein, La Rue y Menchú están dando, con lujo de notoriedad y bajo los reflectores del oficialismo, la patada de ahogado que rubrica la derrota ideológica de la inmunda resaca de una "izquierda" previamente derrotada militarmente, que ahora se aferra como un parásito a la derecha para sobrevivir sin vergüenza ni dignidad aunque sí con desbordante cinismo, pues insiste en vociferar a los cuatro vientos su inocuo y devaluado compromiso con el pueblo, los indígenas, las mujeres y demás oprimidos y subalternos de una patria que está contribuyendo a hundir aún más en el fango de la estulticia y el atraso.

Estos tres personajes y sus seguidores acabaron de matar a la agónica "izquierda" que se echó en brazos de su enemigo con los acuerdos de paz. Es necesario construir una fuerza política capaz de diseñar y poner en práctica un interés nacional interclasista en el que todos los sectores de la sociedad encuentren un objetivo específico por el cual luchar. La alternativa es sentarnos a ver cómo la oligarquía vende incondicionalmente el país a las transnacionales, mientras el putrefacto y todavía insepulto cadáver de la "izquierda" susurra sus resobadas melodías de amor, derechos humanos y "corrección política" al oído de sus temidos amos, los todopoderosos jerarcas de la ubicua cooperación internacional.

Fuente: www.lainsignia.org


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