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Proyecto oligárquico y nueva izquierda oficial
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 11 de mayo de 2005.

Consiste en privatizar lo que queda de los activos del Estado e invertir fondos privados en obras públicas.

Después del desastre nacional causado por el riosmontismo portillista y el “izquierdoderechismo” de los ex guerrilleros y ex comunistas que se vendieron a la voluntad de su enemigo, el proyecto oligárquico de país -truncado cuando el viejo PAN perdió las elecciones ante Ríos Montt y su testaferro Portillo- ha vuelto a la carga con el gobierno de Berger. Este proyecto consiste en realizar el interés oligárquico de privatizar lo que queda de los activos del Estado y de invertir fondos privados en obras públicas, reduciendo el poder económico estatal en aras del control absoluto de los servicios públicos por parte de la iniciativa privada.

Al ponerse al servicio de este proyecto estratégico -que navega con la bandera de la “corrección política”- Eduardo Stein, Frank La Rue y Rigoberta Menchú, así como sus conspicuos colaboradores, han pasado a formar parte de la nefasta legión de “izquierdoderechistas” que, ahora divididos en riosmontistas y oligarquizantes, siguen cumpliendo la innoble tarea de “legitimar” ante la comunidad internacional y sus agencias de cooperación externa a los gobiernos elitistas de Guatemala, los cuales insisten en continuar ejerciendo su incapacidad de trabajar por un interés nacional en el que se procure empleo para todos y, por el contrario, persisten en instaurar regímenes sectorialistas que sólo benefician al grupo social más privilegiado para que algún día la riqueza fluya hacia las masas “por goteo”. Los señalamientos de corrupción que la izquierda oligarquizante sigue haciéndole a la izquierda riosmontista es, pues, vana y de suyo reversible, pues a la vista está que la actual izquierda en el gobierno no es otra cosa que “lo mismo pero más barato”.

Al otorgarle a esta nueva izquierda oficial el control del espacio publicitario de la vicepresidencia (Stein), la bandera de los derechos humanos oficialistas (La Rue) y la llave para mantener abierto el chorro de la cooperación internacional hacia el gobierno (Menchú), la oligarquía está borrando la contradicción que había entre cooperación internacional e interés oligárquico, al extremo de que quienes viven de estos financiamientos y todavía acarician sueños libertarios, se encuentran doloridos por los cambios que ha habido en la línea de las erogaciones, las cuales evitan financiar proyectos que puedan tener consecuencias concretas de desarrollo en las comunidades recipiendarias y prefieren implementar inocuos talleres culturalistas relativos a las identidades, el respeto a las diferencias y el uso “políticamente correcto” del lenguaje.

Sin duda existe ya una fluida convergencia entre el interés oligárquico de largo plazo para el país y el interés globalizador del que la cooperación internacional es punta de lanza con su miríada de oenegés, las cuales cumplen a cabalidad la función de mantener fragmentadas y dispersas a la sociedad civil y a la sociedad política mediante el fomento de su lucha desleal por los financiamientos; todo, con el fin de impedir que de ellas brote un proyecto de país basado en un interés nacional interclasista e interétnico, opuesto a la sectorializada visión exclusivista de la oligarquía y a la demagogia “políticamente correcta” de las izquierdas que llaman “realismo político” a su agudo y desembozado sentido de la oportunidad.

Es por ello comprensible que la nueva izquierda oficial encubra con la espesa retórica oenegista de los derechos humanos y la victimización indigenista, su fraudulenta práctica política a favor de la dominación oligárquica y en contra de un interés nacional en el que todos tengamos algo en lo cual creer y por lo cual luchar.

Fuente: el periodico.com.gt


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