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Etnocéntricas identidades futboleras.
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 8 de junio de 2005

Para divertirme un poco analizando conductas de aficionados al fútbol, interrogué a unos amigos que asistieron al partido entre la Selección nacional de México y la de Guatemala, el sábado 4 de junio. Quería degustar las diversas expresiones del complejo de inferioridad que padecen muchos guatemaltecos respecto al inmenso México y al orgulloso nacionalismo mexicano. Este envidioso y corrosivo sentimiento de inferioridad quizá se deba en parte a que México tiene una industria del espectáculo que produce “estrellas” en todos los rubros del entretenimiento, con lo que ha creado una imagen mítica de sí mismo imposible de imitar por países que carecen de industria cinematográfica y cuya autoestima anda siempre “volando bajo”.

Si los aficionados ticos aúllan como “pieles rojas” de westerngringo al grito de “¡Indios, indios, indios!” cuando su Selección juega contra la guatemalteca, y arremete a botellazos y pedradas contra la de México, la fanaticada chapina se desgañita profiriendo improperios como este que se oía el sábado pasado en el estadio Mateo Flores, y que -refiriéndose a un jugador mexicano que no se molestó en venir con su equipo- decía así: “¡Cuauhtémoc, marica, tu madre es tica!”, con lo que la vociferante chapinada insultaba a dos enemigos con un solo grito resentido.

Entre la multitud vestida de azul y blanco y con el escudo de la bandera guatemalteca pintado en los rostros, destacaban un par de “mayas” ataviados con altos tocados de plumas en la cabeza y largas capas vistosas sobre la espalda. Uno de ellos llevaba encima un letrero que decía: “Los mayas son papás de los aztecas”, y vitoreaba a su Selección nacional. Un genuino shamán posmoderno. Destacaban también unas mujeres “mayas”, vestidas con sus trajes regionales, ostentando, tatuado en el rostro, el escudo nacional con su pajarito verde y su pergamino conmemorativo de la independencia que los criollos se recetaron manipulando a indígenas y mestizos en 1821. Simpáticas hibridaciones estas, con las que algunas personas expresan su eufórico imaginario patriótico- deportivo, sus coloridas pasiones nacionalistas y sus telúricos anhelos identitarios.

Si nuestro futbolístico shamán supiera que la dirigencia k'iche que después del colapso de la unidad maya quiso constituirse en imperio -para lo cual movilizó a este pueblo a fin de masacrar y sojuzgar a caqchikeles y tzutujiles- era una dirigencia formada por guerreros del Golfo de México cuyo modelo político eran los aztecas, quizás habría pensado dos veces encasquetarse su rotundo letrero, ya que la sola idea de que la frase “Los aztecas son papás de los quichés” fuera pertinente, le hubiese resultado insoportable.

El desenlace del partido fue el de siempre: la Selección guatemalteca no sólo perdió sino, para ser fiel a la tradición, hizo el ridículo. Lo cual no obsta para que la noble chapinada ejerza de nuevo su irredenta vocación masoquista y emigre hoy en masa hacia Costa Rica para acompañar en su desgracia a su amado equipo en su encuentro con la Selección de ese país. También, para que la vulgar fanaticada tica les aúlle en la cara “¡Indios, indios, indios!”, como el peor insulto que se le puede ocurrir a un culto aficionado de la “Suiza centroamericana”. Habría que preguntarle a nuestro shamán “posmo” si esta vez ostentará un letrero que diga “La Capitanía General es la mamá de Costa Rica”, y si por hacerlo teme más ser linchado por los ticos que por sus hermanos “mayas” fundamentalistas.

Habrá cumplido, eso sí, con la reglamentaria y debida “equidad de género” al uso. Y eso, quizás, le gane algunas simpatías.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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