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Libres, liberados, libertinos y libertarios
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 15 de junio de 2005

Los neoliberales reducen la libertad humana al "intercambio voluntario y mutuamente beneficioso de bienes y servicios", acto sublime al cual llaman "mercado". Mediante el ejercicio del mercado, el ser humano -dicen- ejerce su libertad porque escoge opciones de consumo. De aquí que quienes propugnan por la "libertad de mercado" merezcan el título de "libertarios", y quienes se oponen a esa "libertad", que no es otra que la abolición de los controles estatales a las libertinas transacciones de la "iniciativa privada", sean unos "socialistas"; es decir, unos individuos que rehúsan ser libres y prefieren ser parte del montón, ya que carecen del arrojo, la audacia y la abnegación de esos demiurgos de la creación de empleo y de riqueza llamados comúnmente empresarios, por lo que buscan proteccionismos estatales en los que guarecer su innata cobardía y vocación de esclavos. Quien no esté de acuerdo con este punto de vista puede llegar a ser, más que un "socialista", un desfasado "comunista".

Por el contrario, el siempre agudísimo Cioran dice que:

"Es libre aquel que ha discernido la inanidad de todos los puntos de vista, y liberado quien ha sacado las consecuencias".

En otras palabras, para Cioran la libertad de pensamiento brota de la experiencia conciente de que todos los puntos de vista son ideológicos, es decir, adecuados a intereses particulares o grupales, y que lejos de ofrecerse como tales, se plantean en calidad de verdades universales de conveniencia humana generalizada. Aquí reside el problema. Si el punto de vista en cuestión se planteara como tal, es decir, como un punto de vista grupal, interesado y particular (como el marxismo se plantea a sí mismo en calidad de concepción del mundo, método de análisis e ideología proletarios), la universalidad posible del punto de vista se vería encarnada en el desempeño social y político del grupo para cuya particularidad fue construido. Pero la "universalidad" per se que se arroga el pensamiento neoliberal, lo nulifica y relega a mero pretexto formalista "teórico" de una ideología empresarial que no representa a todo el empresariado.

Quizás la parte más interesante del aforismo de Cioran, sea la que se refiere a la persona liberada, más que a la libre; porque si bien la toma de conciencia sobre la vacuidad de todos los puntos de vista nos hace libres porque es verdadera, solamente al haber experimentado las consecuencias de asumir esta vacuidad como si de hecho tuviera contenidos concretos, el ser humano puede saberse liberado de las ataduras de la ideología. Mucho ojo: los neoliberales rehúsan llamar ideología a sus vericuetos "teóricos" y prefieren llamarlos "sentido común" (modestos que son). Pero no es lo mismo luchar por librarse de las cadenas de la ideología que pretender que las ideologías acaban con el advenimiento de una "verdad final" llamada capitalismo corporativo. Las ideologías, como universos simbólicos que expresan deseos, cumplen funciones políticas concretas, eso lo sabemos todos. De lo que se trataría es de verlas como lo que son: como mecanismos de movilización, y no como verdades inamovibles ni como nociones esencialmente falsas y por ello despreciables.

Al igual que los izquierdistas nostálgicos del estalinismo, los ultraderechistas neoliberales continúan siendo prisioneros de su punto de vista y, por ello, ambos de complementan en sus sórdidas y desveladas diatribas de "guerra fría". Los primeros siguen creyendo que la historia es una fatalidad cabalística de la que el socialismo brotará por arte de magia, y los otros andan por ahí pregonando su condición de seres libres y libertarios porque pagan planillas y hacen negocios de manera libertina. Lo que salta a la vista es que a ambos les falta mucho para convertirse en seres liberados. Liberados de su punto de vista, de su fatalidad histórica, de su "sentido común", de su ideología, de su inmensa mentira.

Fuente: www.lainsignia.org


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