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De lo irrebatible formal a lo irrebatible concreto
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 2 de julio de 2005

Ante las reacciones neoliberales a mi artículo, "El liberalismo y la creación de riqueza" (La Insignia 22-6-05), hago las siguientes reflexiones tratando de abarcar dichas reacciones en su conjunto.

Las afirmaciones irrebatibles lo son por dos razones posibles: o porque contienen una coherencia lógico-formal interna, o porque ilustran de manera evidente un hecho real que, por ser evidente, no necesita comprobación. Lo formal irrebatible no siempre se corresponde con lo factual irrebatible, ya que, como se sabe, la coherencia interna del discurso formal puede ser correcta sin por ello ser verdadera, por lo que la corrección de la lógica formal no es instrumento adecuado para explicar el comportamiento de lo real-social, cuya complejidad dialéctica desborda con mucho las categorías lógico-formales.

Aceptar como irrebatibles las afirmaciones de que la única manera de erradicar la pobreza es creando riqueza, y que el Estado no es un generador de ésta porque es financiado por los impuestos ciudadanos, no implica que de ello se siga por fuerza que el Estado no pueda crear condiciones para asegurar la libertad de mercado a fin de generar la riqueza aludida ni que crearla sea patrimonio exclusivo de elites oligárquicas o paraoligárquicas. Tampoco que, en vista de que el Estado no genera riqueza, éste deba ser sustituido por una oficina gerencial encargada de hacer cumplir la "majestad de una ley" y de unas "reglas claras" que avalarían una "libertad de mercado" que sólo lo sería para grupos neo-oligarquizantes. Y aunque también es irrebatible que el Estado debe ser pequeño, eficaz e incorrupto, de esto no se sigue por fuerza que deba ser débil ni que la libre creación de riqueza dependa de la neutralización del poder estatal.

Para distinguir la diferencia entre liberalismo, neoliberalismo y mercantilismo, y entre quién es liberal, neoliberal o mercantilista, más que recurrir a esquemas teórico-formales y autoidentificatorios hay que actuar ante la urgente necesidad local de un proyecto económico nacional en el que el Estado se encargue de crear condiciones y garantías para el ejercicio de la libertad de mercado, combatiendo las prácticas monopolistas e impulsando la creación de nuevas empresas y nuevos empresarios, no para que el Estado genere riqueza y se convierta en un empresario privilegiado más, sino para sentar en la práctica las bases de sus adecuadas funciones legislativas, ejecutivas y judiciales. Insisto en que esto fue lo que quiso hacer Árbenz, y ese hecho no se invalida con el argumento formalista de que como el Estado no genera riqueza, ergo, Árbenz no pudo querer hacer eso y mucho menos lograrlo y que, por tanto, su objetivo era instaurar el comunismo. Árbenz no quería que el Estado produjera riqueza sino que creara las condiciones de libertad necesarias para producirla. Es necesario historizar las afirmaciones para que éstas de verdad se vuelvan irrebatibles en el plano de lo factual.

He aquí el talón de Aquiles de la manera neoliberal de razonar: creer que la coherencia formal del discurso puede dar cuenta del comportamiento dialéctico de lo real. Es por ello que la "teoría" política y económica neoliberal no aguanta una confrontación con lo que ocurre de hecho en la política y en la economía. Lo que es innegable es que, al margen de apelativos e ideologías, es preciso converger en un proyecto económico nacional que incorpore el interés de todos los sectores sociales para generar riqueza mediante la libertad de mercado de todos los ciudadanos y no sólo de las elites que ya poseen capital. Esto constituiría la necesaria democracia radical que le permitiría al país crecer económicamente y despegar hacia el desarrollo con un Estado eficiente y probo cuyas funciones se definirían según el estadio que trancurra el proyecto económico nacional. Todo lo cual implicaría haber transitado de lo formal a lo concreto y de la teoría a la práctica.

Fuente: www.lainsignia.org


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