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Joven y lustrado
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 19 de julio de 2005

Es así que los farsantes "posmo" del tercer mundo asumen histrionismos exhibicionistas de subidos tonos light, por medio de los cuales transmiten a los incautos su falsa sabiduría y su colosal confusión, envueltas en el oropel del reality show y convenientemente disfrazadas con la glamorosa máscara de la razón.

Si no fuera por su insultante vacuidad, el histrionismo que el mercado exige de los políticos, los intelectuales, los artistas y escritores podría ser digerido con relativa facilidad. Lo que resulta irremediablemente indigesto es que ciertos farsantes que se hacen pasar por políticos, intelectuales, artistas y escritores -más duchos en el arte de la performance que en el de ejercer el criterio en lo que hacen- ofrezcan al ingenuo consumidor de "cultura" un amplio menú de falsos saberes mediante los aspavientos del cantante ligero y de la stand-up comedy. Estos imitadores y repetidores de lo que reclaman como producto de su supuesto genio son los que suelen causar agruras a quienes se interesan con sinceridad en el conocimiento del mundo, cuando aparecen por ahí desbordando su incontinencia verbal y su compulsivo exhibicionismo vacío sobre las inermes cabezas de los más ignorantes.

Por suerte, estos especimenes sirven para detectar los rumbos de la moda, pues, como decía Schopenhauer hablando de algunos escritores alemanes de su tiempo, en ellos "se notan los efectos de la tendencia nacional a imitar inmediatamente en la literatura toda tontería, igual que en la vida todo descaro, lo que se demuestra en la rapidez con que hacen estragos ambas cosas". Es así que los farsantes "posmo" del tercer mundo asumen histrionismos exhibicionistas de subidos tonos light, por medio de los cuales transmiten a los incautos su falsa sabiduría y su colosal confusión, envueltas en el oropel del reality show y convenientemente disfrazadas con la glamorosa máscara de la razón.

Estos aventajados aprendices de lazarillos suelen ostentar inconclusas maestrías realizadas en recónditas universidades del deep South estadounidense (de esas que se obtienen mediante un long paper de15 o 20 páginas, el cual muchos de ellos ni siquiera han podido terminar), y con este fracaso en la mano regresan a sus paisitos a pontificar y a valerse de su talento sofístico -más cercano a la locución deportiva que al discurso académico- para encandilar y guiar a ciegos y nadar a gusto en los mares de la mediocridad localista.

Cioran retrata así al prototipo de estos jóvenes y lustrados farsantes:

"¿Es un acróbata? ¿Es un director de orquesta atrapado por la Idea? Se entusiasma, luego se modera, alterna el allegro y el andante, es dueño de sí mismo como lo son los faquires o los estafadores. Mientras está hablando, da la impresión de buscar pero nunca sabemos qué: un experto en el arte de imitar al pensador. Si dijera una sola cosa perfectamente clara, estaría perdido. Como ignora, al igual que sus oyentes, a dónde va a parar, puede continuar durante horas sin agotar el asombro de los fantoches que lo escuchan".

Aunque el prototipo de estos especimenes queda de sobra caracterizado en este aforismo, no deja de preocupar la frustrante posibilidad de que -por padecer el síndrome de Ronald McDonald en su fase terminal- el joven y lustrado farsante al que va dedicada con toda consideración esta sátira, no sea capaz ni siquiera de darse por aludido.

Fuente: www.lainsignia.org - 130705


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