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Réplica a la peor de las respuestas neoliberales
Por Mario Roberto Morales - Querétaro, 28 de julio de 2005

Es una lástima que los neoliberales se nieguen a discutir ideas y centren sus hepáticos ataques de intelectuales fracasados, frustrados y resentidos en la persona y no en sus ideas.

Ante su incapacidad de contradecir con el intelecto las críticas al neoliberalismo, sus más conspicuos exponentes optan por denigrar a la persona que osa señalarles su testaruda renuencia al diálogo, echando mano de su "argumento" favorito, a saber: que quien se atreve a perpetrar semejante sacrilegio lo hace porque posee una esencial "mentalidad anticapitalista", deficiencia esta que se debe a que el desdichado que la padece es una persona fracasada, frustrada y resentida.

Usualmente, los oligarcas y sus vanguardias neoliberales suelen endilgar este triádico sambenito a sus críticos presuponiendo que todos los que analizan y contradicen los postulados neoliberales encajan en el estereotipo de haber sido sufridos niños de extracción social popular y humilde, que estudiaron en desvencijadas instituciones públicas y que al llegar a las universidades estatales aprendieron a quemar llantas en los cruceros más que a comprender los rudimentos del más alto conocimiento posible: la administración de empresas. Como resultado de su infeliz niñez, estos pobres infantes envidiaron a los niños que tenían tele, carro y ropa importada. Ergo: son resentidos y frustrados. Y como no tienen herramientas para triunfar en el mundo capitalista, lo odian, lo descalifican y quieren destruirlo, pues no pueden dejar de ser unos fracasados. Con esto les basta a los neoliberales para descalificar a quien los contradice y para evadir el debate intelectual y académico. Si alguien no está de acuerdo con la cartilla neoliberal de pregrado, por fuerza tiene que ser un pobretón resentido. No puede tratarse de una persona "normal".

A veces, sin embargo, estos tozudos "pensadores" se topan con individuos a los que no les cuadra su conveniente estereotipo. Cuando eso ocurre, buscan cómo adecuar su lógica del fracaso, la frustración y el resentimiento para que le quepa a quien no ha sido pobre ni ha estudiado en instituciones públicas ni ha tenido que envidiar teles, carros ni vestimentas a nadie. Y, para poder caracterizar a una persona así como fracasada, resentida y frustrada, estos eternos aprendices de sofistas estiran a su antojo conceptos muy suyos como el que tienen del "éxito", al que perciben como el llegar a mercadearse bien en los circuitos de compraventa de mercancías. De esa cuenta, reducen a una versión miserable a la persona de marras (pues no pueden contradecirla) aplicándole "al revés" su particular concepción del éxito y el fracaso. En vista de que no le pueden achacar que haya sido pobre y ambicionado lo que no pudo tener en materia consumista, le buscan otros "fracasos" y otros "resentimientos", con el objetivo de caracterizarla como alguien que no pudo "triunfar" como ellos y que por lo mismo los odia y les envidia su dinero.

Entre las respuestas a mis artículos "El liberalismo y la creación de riqueza", "Convergencia política y libertad de mercado" y "Obstáculos para la convergencia política", se encuentra una ("La mentalidad anticapitalista", de Luis Enrique Pérez, Siglo Veintiuno 23-7-05) en la que su autor empieza por invocar a Hayek para decir que existen "mentalidades anticapitalistas" que son propias de personas fracasadas, frustradas y resentidas, y pone como ejemplo el caso de un escritor (cualquier semejanza conmigo es mi pura mala suerte y su pura mala leche) que según el articulista ha soñado con que sus libros se volvieran imprescindibles para el mundo, pero en vista de que -sigue diciendo nuestro agudo pensador- descansan en paz en los anaqueles de las librerías, el escritor en cuestión es un fracasado y un frustrado. Y como sus libros tampoco le producen la inmensa riqueza con la que según el articulista soñó, eso lo ha convertido también en un envidioso de quienes sí tienen mucho dinero, no importa que éstos sean zapateros o mercachifles pequeños. Como el escritor del ejemplo es también un intelectual que, según el conspicuo neoliberal que escribe, fantaseó con que sus ideas orientaran al mundo entero y no lo ha conseguido, eso lo ha amargado a tal punto que ha generado una feroz mentalidad anticapitalista por puro resentimiento, frustración y amargura. En otras palabras, la mentalidad anticapitalista (es decir, la de quienes osan contradecir el neoliberalismo) es una mentalidad de fracasados. Lo que nos llevaría a pensar, con el simplismo de la lógica formal, que la mentalidad procapitalista es de "triunfadores". Analicemos un poco esto.

Si aceptamos -con los neoliberales- que el criterio maximalista de que el éxito consiste en triunfar según las coordenadas del mercado, es decir, y para el caso del escritor del ejemplo anterior, el éxito consiste en escribir best-sellers, hacerse rico escribiéndolos y ganarse así el reconocimiento de las masas lectoras, estaríamos aceptando que los best-sellers son -por el mero hecho de venderse bien- estéticamente obras literarias y que, consecuentemente, las masas son capaces de apreciar y establecer críticamente la calidad literaria, pues pueden igualmente constituirse en el fiel de la balanza que determina el éxito o el fracaso de un escritor y de un intelectual más allá de cualquier duda.

Por desgracia para quien así "argumenta", es cosa sabida que las ideas y la literatura han sido siempre un ejercicio de elites y que de ninguna manera el gusto masivo ha podido constituirse en criterio de éxito en este rubro de la actividad humana, como de hecho lo es en el caso del vendedor de baratijas (las cuales pueden ir desde los juguetes de plástico hasta el armamento nuclear, pasando, claro, por los best-sellers), comida rápida para bolsillos exangües y paladares corrientes, y espectáculos coloridos para idiotizar más y más a esas masas que son cada vez menos capaces de discernir lo que más les conviene, no se diga para establecer la calidad de los libros que no lee. ¿Es entonces del todo posible calificar de fracasado a un escritor y a un intelectual porque no cumple con los requisitos que el mercado y el consumismo exige del "triunfador" que vende baratijas, a saber: gustarle a las masas ignorantes (tanto más ignorantes cuanto más sujetas estén a los mandatos consumistas del mercado), venderle a éstas muchas mercancías (libros) y que las mismas se dejen orientar por sus ideas? Lo que se esperaría es lo contrario, ¿no? Y de hecho eso es lo que ocurre. La prueba está en el artículo que nos ocupa.

En la estrecha, dogmática e intolerante mentalidad neoliberal no cabe pensar que el éxito de un escritor y un intelectual resida en el avance que su obra signifique para la literatura y para las ideas de su época y de las épocas subsiguientes, muy independientemente de que esto sea reconocido o no por las masas incultas durante su tiempo de vida o muchos años después. Para el caso que nos ocupa, esto es del todo irrelevante pues no se trata ni de ejercer el intelecto y la literatura con criterios de gloria póstuma concedida por entendidos y especialistas, ni de hacerlo para la gloria inmediata concedida por el mercado y sus estadísticas de ventas. El escritor y el intelectual que respeta su oficio, no piensa ni escribe para "triunfar" en el sentido mercantil que del triunfo tienen los neoliberales y demás mercachifles. Piensa y escribe para hacer avanzar el pensamiento y la literatura y, con ellas, la conciencia de sus lectores. Que lo logre o no, eso se determina mediante metodologías distintas a las utilizadas para medir los ingresos de los negocios de los mercaderes y, por lo que se ve, no están al alcance de la comprensión de éstos.

Es claro pues que pedirle a un neoliberal de hueso colorado que entienda y acepte estos sencillos asuntos implica exigirle demasiado, y eso no me parece justo. Ocurre sin embargo que quien así se sale por la tangente evitando rebatir con argumentos mis críticas al dogmatismo neoliberal y atacando oblicuamente a la persona (no a sus ideas), es de suyo, como a sus lectores de sobra les consta, un notorio aspirante a escritor que ensaya sus trabajosas aproximaciones a la literatura en columnas de opinión en las que consigue ser cursi cuando busca ser lírico, oscuro cuando pretende ser profundo, y simplista cuando ambiciona ser claro, hablando siempre desde una ilusoria altura de CEO de corporación transnacional y jamás desde su modesta estatura de empresario pequeño. En otras palabras, aunque su intención no es ser un caricaturista ni mucho menos una caricatura, suele hablar con voz de Súper Ratón desde su condición de Ratón Pérez, evidenciando que todavía no entiende la diferencia entre una obra literaria y un pasquín, ni la que existe entre un escritor y un redactor o entre un intelectual y un aplicado repetidor de ideas.

Se me olvidaba señalar que este conspicuo neoliberal dice también que quienes tienen "mentalidad anticapitalista" por haber fracasado en la vida y vivir frustrados y resentidos, piensan que "la humanidad era feliz antes de que hubiera capitalismo". Ignoro quién podría ser tan idiota como para afirmar esto en esos términos, ya que es cosa sabida que la felicidad de la humanidad no depende de un sistema económico ni político. A lo sumo, el bienestar de las elites o de las masas podría depender de eso. Lo cual nos llevaría a una discusión de la que estoy seguro que nuestro improvisado filósofo autodidacta también querrá por sobre todas las cosas evadirse.

Quiero terminar estas líneas diciendo un par de verdades de Perogrullo que no por serlo son sabidas por los neoliberales, lo cual está a la vista en artículos como el que ahora nos ha ocupado. Me parece que criticar u oponerse al neoliberalismo no necesariamente implica ser anticapitalista. También, que el neoliberalismo no sólo no es igual al liberalismo sino que de hecho ambas concepciones y prácticas capitalistas son opuestas entre sí. He aquí un buen punto de debate que, al menos en nuestro chato medio "intelectual", nunca se llevará a cabo. Es una lástima que los neoliberales se nieguen a discutir ideas y centren sus hepáticos ataques de intelectuales fracasados, frustrados y resentidos en la persona y no en sus ideas. Falacias ad hominem dizque les dicen en su amada lógica formal.

Fuente: www.lainsignia.org - 270705


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