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El ganado y la refinada ignorancia neoliberal
Por Mario Roberto Morales - Querétaro, 29 de julio de 2005

Casi siempre que despreciamos la ignorancia, solemos aparejarla a la pobreza y no nos detenemos a pensar en cómo aparece entre los ricos y poderosos, suponiendo quizás que ellos no la padecen por el mero hecho de no ser pobres.

Es cosa sabida que las oligarquías latinoamericanas no se caracterizan precisamente por su sensibilidad artística, creatividad y conocimientos científicos, históricos y culturales. Por el contrario, suelen sustituir su noción de "ser culto y educado" con el despliegue habilidoso de modales en la mesa, la sala de estar y los espacios públicos. Y es así que estas elites suelen oponer como signos de supuesta "alta cultura" a los modales -esa expresión formal del conductismo hegemónico al uso para relacionarse entre sí mediante fórmulas "civilizadas"- frente a la ausencia de los mismos en la también supuesta "baja cultura" de las masas populares, las cuales, como se sabe, son menos propensas a reprimir sus impulsos y su libertad moral en aras del fingimiento de sofisticación, distinción, exclusividad, "cultura" y "educación" que tanto preocupa y ocupa a los ricos y poderosos.

Tanto Mises, en La mentalidad anticapitalista, como Hayek, en La fatal arrogancia, desarrollaron una "teoría" abiertamente antiintelectual al concluir en que lo que ellos conciben como "mentalidad anticapitalista" es propia de intelectuales que se tienen a sí mismos en alta estima pero que al no poder tener la influencia social a la que se creen acreedores, culpan de ello al sistema capitalista encarnado en los "triunfadores" del mercado: los nunca bien ponderados demiurgos de la creación de empleo y riqueza llamados comúnmente empresarios, quienes, por tanto, deberán cuidarse (Mises y Hayek dixit) sobre todo de los intelectuales.

El conocido antiintelectualismo empresarial de derecha tiene, como vemos, bases "científicas", es un asunto "serio", "filosófico" (lo dicen nada menos que Mises y Hayek, por favor) y no es sólo un producto de la "sabiduría" bienpensante y bon vivant. Para los ricos y poderosos, pues, ser un intelectual independiente -es decir, no financiado por corporaciones monopolistas como lo fueron sus maestros Mises y Hayek- es igual a ser un envidioso de quienes sí han "triunfado" en el mundo del mercado y, por tanto, a padecer una esencial, intrínseca e incurable "mentalidad anticapitalista", resentida, fracasada e irredenta. La causa del anticapitalismo de los intelectuales no es otra cosa que la envidia. Esta es una verdad irrebatible. La dicen Mises y Hayek.

Para los ricos y poderosos (así como para sus aplicados repetidores y perros de presa) no hay entonces ninguna necesidad de debatir intelectual ni académicamente sus dogmas económicos y políticos. La ignorancia parece ser el estado natural de una ideología de empresarios sin más horizonte que su ética del lucro, aunque la misma se nos ofrezca conveniente y vistosamente envuelta en el papel glossy de la "ciencia" y el "sentido común" (Mises y Hayek dixit) de universidades que son, más que otra cosa, escuelas de cuadros que habrán de inmolar su libertad de pensamiento -sustituyéndola por el seguidismo dogmático e intolerante del neoliberalismo- para la mayor gloria de la yihad mercadológica de sus jefes. Así se explica la pasmosa disciplina con que evaden los debates intelectuales y académicos.

Sin embargo, nada de esto nos debe extrañar mucho porque la ignorancia de los ricos y poderosos no es un asunto nuevo ni mucho menos. Ya Schopenhauer decía que:

"La ignorancia sólo degrada al ser humano cuando va acompañada de la riqueza. El pobre está sujeto por su pobreza y necesidad; sus tareas sustituyen en él al saber y mantienen ocupados sus pensamientos. En cambio, los ricos, cuando son ignorantes, viven sólo para sus placeres y se asemejan al ganado, según se puede ver todos los días".

Schopenhauer se cuida de generalizar y deja abierta la posibilidad real de que existan ricos cultos, pero al mismo tiempo dice que la semejanza de los ricos ignorantes con el ganado es algo que se puede ver todos los días, sugiriendo que se trata de algo bastante generalizado en las elites de poder, las oligarquías y, por extensión natural, en sus vanguardias (anti)intelectuales.

Quizás -como solía ocurrirle con frecuencia- Schopenhauer se exceda al comparar a los ricos ignorantes con el ganado, toda vez que éste no padece las ingentes presiones sociales que sufren quienes confunden y de hecho sustituyen la cultura y el conocimiento con los apretados modales que según ellos les otorgan distinción y refinamiento. La nobleza natural del ganado no necesita recurrir al ridículo para hacerse valer y aceptar por sus congéneres. Sólo eso nos faltaba: que de pronto aparecieran por ahí vacas tan refinadas como sus dueños terratenientes y sus hijos y nietos industriales y banqueros. Por favor. Esto no lo dicen Mises ni Hayek.

Fuente: www.lainsignia.org


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