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Colectivismo contra individualismo: un falso problema
Por Mario Roberto Morales - México, 6 de agosto de 2005

Una de las tácticas más socorridas para impedir el debate intelectual es plantear en blanco y negro las alternativas para solucionar un problema, reduciendo al sí o al no las posibilidades del pensamiento práctico. Por eso, las bipolaridades deben tomarse siempre con saludable sospecha y prudente alejamiento, tratando de vislumbrar en su aparente contradicción irreconciliable los innumerables matices de gris que siempre existen entre el blanco y el negro.

Los planteos bipolares simplifican los problemas hasta falsear su natural complejidad, ofreciendo al espectador distraído la ilusión de que sus soluciones se reducen a aplicarles un "sentido común" que suele envolver intereses grupales cuya satisfacción implica lesionar intereses ajenos. Es lo que ocurre con la bipolaridad neoliberal entre individualismo y colectivismo que, para los pensadores "prácticos" y por ello antiintelectualistas neoliberales, constituyen dos polaridades opuestas e irreconciliables entre sí, sobre todo en lo referido al tipo de Estado "liberal" que conviene, según ellos, a los países del tercer mundo y del mundo entero, independientemente de la experiencia de la Inglaterra tatcherista y de la de los Estados Unidos de la "reagonomics".

Para ellos, el colectivismo es una ideología que piensa en la colectividad social cando piensa en las funciones del Estado y la economía. Mientras que el individualismo es un "sentido común" que piensa en el individuo cuando piensa en las funciones del Estado y la economía. Así, los colectivistas son todos aquellos que, yendo desde los aborrecibles comunistas y socialistas hasta los empresarios mercantilistas de derecha que se cobijan en el Estado para lucrar a costillas de quienes pagan impuestos (pasando por toda suerte de socialdemócratas) creen que el Estado debe ocuparse de la colectividad.

Por el contrario, los individualistas han descubierto la irrefutable verdad (Smith, Mises, Hayek, Nozick) de que son las personas individuales y no los colectivos los que actúan en la sociedad y en la economía y quienes se relacionan entre sí intercambiando bienes y servicios por dinero. En este sentido, los colectivos son "abstractos" y no tienen existencia "real". En otras palabras, el Estado no existe, sino las personas que trabajan en la administración pública. La nación no existe, sino sólo las personas que trabajan y viven en un territorio así llamado por quienes inventaron la abstracción. La economía no existe, sólo las personas que libremente intercambian bienes y servicios en beneficio mutuo.

De aquí, el antiintelectualista pensamiento libertario neoliberal deduce que la libertad es propia de las personas, mientras que la autoridad y el autoritarismo son propios de los colectivos abstractos, en nombre de los cuales se coarta la libertad individual de las personas concretas, que sí existen en la realidad. Como vemos, la oposición binaria entre libertad y autoridad tiene el mismo carácter maniqueo de la correspondiente entre individualismo y colectivismo. Ambas se plantean como polaridades cuya existencia no sólo no necesita de la existencia de su contraparte para existir sino, proponen los neoliberales, de hecho una (la conveniente) sólo puede existir si se destruye la otra. La negación de la negación es desconocida para ellos. De aquí que su planteo y su lucha tengan un carácter desembozadamente fundamentalista, es decir que su éxito depende de la desaparición, por todos los medios posibles, de todos aquellos a quienes perciben como colectivistas que quieren instaurar totalitarismos socialistas para aplastar la libertad individual, en la que se basa la propiedad privada y el derecho a practicar la libertad de empresa hasta llegar hasta el monopolio, siempre y cuando-dicen-no se coarte el derecho de los demás. Porque eso sí: "el respeto al derecho ajeno es la paz", como decía Benito Juárez, un indígena mexicano que era liberal y que soñó para su país una modernidad capitalista como la que soñó Árbenz para el suyo unos años más tarde. Demasiado tarde, porque ya la guerra fría habría de impedírselo a sangre y fuego, como se lo impidió a México después de Juárez.

Las oposiciones binarias sirven de base para plantear falsos problemas, como todos aquellos que se ofrecen en blanco y negro. En el caso que nos ocupa, se nos olvida que los colectivos están formados por individuos, y que los individuos sólo pueden ser libres formando parte de colectivos, pues está probado históricamente por la exitosa lucha de supervivencia librada por los seres humanos, que el gregarismo fue imprescindible para que la vida individual floreciera. Plantear el problema como la oposición de dos contrarios que no se relacionan entre sí y que no constituyen cada uno la condición de existencia del otro, es llevar la realidad al simplismo, evadiendo su carácter dialéctico y la posibilidad de aplicar soluciones dialécticas a los problemas políticos y económicos de la humanidad. Lo colectivo no se opone a lo individual de manera irreconciliable. Los contrarios lo son porque se complementan, no porque se excluyen. Si no, que lo digan los hombres y las mujeres.

Todo esto, sin embargo, debería discutirse libremente, si de veras se tiene un espíritu liberal. Lo malo es que los neoliberales sólo responden con un silencio que pretende ser de autosuficiencia pero que me mucho me temo es de puro y llano temor.

Fuente: www.lainsignia.org


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