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Pastor de sicarios
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 27 agosto del 2005

Después de haber instado a su gobierno a que asesinara al presidente de Venezuela, el pastor evangélico Pat Robertson se disculpó diciendo que "to take him out" (que fue la expresión que usó refiriéndose a Hugo Chávez) quería decir muchas cosas, por ejemplo, secuestrarlo, y así evitar los gastos de otra guerra preventiva. Valiente aclaración y disculpa la de este cristiano renacido que se permite asesorar por televisión a las fuerzas de ocupación de su país sobre lo que tienen que hacer con "el mal" en el mundo.

Estas voces de alerta del cristianismo fundamentalista son las que luego se concretan en políticas exteriores como las que impulsan los asesores de Bush en Palestina, Afganistán, Irak e Irán. Y las que quienes están "del lado del bien y de Dios" quisieran ver aplicadas en Cuba, Venezuela y otros "Estados rebeldes" en ciernes, como Brasil, Argentina y Uruguay, por ejemplo.

Atrapada entre el montaje mediático de "la amenaza terrorista" y el bíblico temor a Dios, la ciudadanía estadounidense no es capaz de imponer una mínima capacidad de análisis a los mandatos puritanos y conductistas que rigen sus vidas, las cuales transcurren sin más horizonte que el consumismo forzado y la diversión compulsiva. Los guías espirituales como Pat Robertson son los responsables de mantener a este rebaño en su redil poniéndole sobre los ojos la venda de una fe paranoica y una confianza ciega en la ultrapatriótica ala fascista del partido republicano.

En uno de sus certeros aforismos, Cioran cita a San Juan Clímaco cuando éste dijo: "Aquel que tiene inclinaciones hacia la lujuria es compasivo y misericordioso; los que tienen inclinación hacia la pureza no lo son". A lo que el pensador rumano agrega: "Para denunciar con tal claridad y vigor, no las mentiras, sino la esencia misma de la moral cristiana, y de cualquier moral, era menester un santo, ni más ni menos".

En otras palabras, si se analiza la realidad y se sugieren medidas prácticas para modificarla desde la perspectiva de cualquier moralismo, se miente, porque las moralinas sustituyen inclinaciones que las contradicen frontalmente. Quizás, para seguir la lógica de Cioran, a Robertson le habría convenido más entregarse a sus más ocultos deseos, como lo han hecho tantos de sus colegas ya expuestos por los medios masivos al respecto, que disfrazarlos con ese fundamentalismo calvinista que lo hace sugerir que se asesine a un presidente democráticamente electo porque no piensa ni actúa como él, y luego disculparse limitándose a puntualizar que simplemente se lo secuestre y se lo saque del poder para imponer la "verdadera" democracia y eliminar la amenaza que él implica para su amado país.

Es posible que luego del desbarre de este piadoso pastor del almas con vocación de sicario, las pequeñas burguesías y capas medias latinoamericanas que tradicionalmente han abrazado ideologías cristianas de derecha y que están siendo asfixiadas por los efectos de la ola neoliberal, refuercen su creciente visión de Chávez como ejemplo para contrarrestar las prácticas mercantilistas y monopolistas de las oligarquías latinoamericanas que sabotean cualquier iniciativa empresarial que no surja del seno de sus clanes familiares. En especial ahora, cuando Chávez ha adoptado una política exterior mediante la que, con su manipulación del petróleo y de la competencia mediática, está alineando a Sudamérica en contra de los Estados Unidos de Bush.

La reacción de Robertson a estos atrevimientos del presidente de Venezuela puede tener efectos que, de acuerdo a su lógica bélico-religiosa, requerirían la ocupación de la América Latina entera para imponer la "verdadera democracia" y el imperio del "Bien" en este vasto paraíso tropical. Porque, insisto, es muy posible que, a pesar de sus conocidos excesos, la popularidad y el carisma de Chávez crezcan en la región en la misma proporción en que la ultraderecha neoliberal y el cristianismo fundamentalista lo satanicen a la manera en que satanizaron a Sadam, agudizando así en la conciencia de vastos conglomerados populares de esta parte del mundo la noción que cada uno tiene acerca de lo que con gran desesperanza experimenta como contradicción norte-sur.

Si lo que la elite fascista republicana quiere es preparar -muy a pesar de su propio pueblo- el escenario para otra guerra preventiva, esta vez en América Latina, a fin de alinear a Cuba, Venezuela, Argentina, Uruguay (y a todas las reacciones políticas de centro-izquierda que ha originado el descalabro neoliberal) a su estrategia de dominación planetaria mediante la imposición de la "democracia", es seguro que aquí, como en Irak, le saldrá el tiro por la culata.

En efecto, lo que está ocurriendo allí debería llevar a nuestro airado pastor de sicarios a darse cuenta de que azuzar cruzadas y gestas neocolonialistas puede tener como consecuencia la ira desatada de los nativos, quienes, está visto, no suelen apreciar la democracia que se les quiere imponer en nombre de la civilización, la libertad de empresa, Cristo y "el bien", y prefieren con mucho perfeccionar a la manera que les da la gana su propia, particular y orgullosa "barbarie".

Fuente: www.lainsignia.org


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