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Sembradores de tormentas
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 17 de septiembre de 2005

Recuerdo que cuando la administración republicana actual se disponía a invadir Irak, yo escribía mucho acerca de la situación en el Medio Oriente y sobre el fundamentalismo cristiano-sionista, lo cual me valió una irrupción en mi casa por parte de agentes de alguna organización internacional de inteligencia, que me dejaron como mensaje la ausencia de las pesadas cortinas del ventanal de la sala, como diciendo: si nos llevamos esto, nos lo podemos llevar también a usted.

Recuerdo asimismo que entre los mensajes de odio que recibí en mi buzón electrónico, había uno en el que un airado señor me decía que habría de comerme mis palabras cuando aparecieran las armas de destrucción masiva con las que Sadam pensaba destruir el mundo civilizado y libre. Y aunque jamás me puse de parte de Arafat ni de Sharon sino por el contrario los equiparé en muchos sentidos, mi esfuerzo de imparcialidad fue juzgado como antisemita por algunos, como si palestinos e israelíes no fueran ambos pueblos semitas.

Ahora, cuando la invasión a Irak se ha convertido ya en la prevista pesadilla estadounidense, en el tan anunciado segundo Viet Nam, y cuando la declaración bushista de "misión cumplida" se volvió un chiste de humor negro, hasta los más conservadores periodistas atacan al demencial equipo de gobierno republicano, en especial a los genocidas Rumsfeld, Cheney y Wolfowitz, para sólo mencionar a tres de los más prominentes ventrílocuos del pelele que funge como presidente de Estados Unidos. A estas alturas, medio mundo anhela que pasen pronto los años que faltan para que haya elecciones y las ganen los demócratas. Y, luego de la ya consolidada resistencia iraquí y de la retirada israelí de Gaza, yo pregunto: ¿quién acabó comiéndose sus palabras?

Digo todo esto porque un lector me pregunta por qué ya no he seguido escribiendo sobre Estados Unidos, la administración republicana y el Medio Oriente. La razón es que lo que había que decir fue dicho en su momento, y lo que ha estado ocurriendo no ha sido sino un conjunto de desarrollos de lo que ya muchos habíamos anunciado. La creciente mortandad de iraquíes que la política estadounidense de sustitución de sus soldados por tropas nativas del país ocupado está provocando, había sido anticipada, e incluso el incremento del terrorismo en Irak (en donde no existía) y en el resto del mundo, se había advertido con gran insistencia. Muchos periodistas anunciaron al mundo y a Estados Unidos la desgracia que les esperaba si se dejaba actuar sin resistencias a los ventrílocuos de Bush.

Ahora, cuando ya es demasiado tarde y no queda sino esperar a que los desarrollos históricos en juego hallen su desenlace, ni Naciones Unidas ni otras burocracias internacionales podrá hacer nada por darle nuevo cauce a los acontecimientos porque la institucionalidad internacional ha sido cooptada por el neoliberalismo fundamentalista republicano, y la ideología cristiano-sionista soborna a funcionarios políticos en todo el mundo. Aunque el proyecto de la guerra preventiva ha fracasado ya, y no es sino una bestia herida y acorralada, precisamente por eso es que todavía puede causar muchísimo daño aunque no por largo tiempo. La industria armamentista ha quedado ya hinchada de dólares y bien puede esperar algunas décadas antes de desatar otra guerra, sobre todo porque es imposible parar la actual en el corto plazo.

Por todo lo dicho, convendría que la lucha de los pueblos del mundo se centrara en el antineoliberalismo, en fortalecer y depurar los Estados y en no caer en la trampa de la lucha contra el terrorismo o contra el narcotráfico, ya que se trata de dos luchas que a sus promotores no les interesa ganar, pues de ocurrir eso se quedarían sin el negocio más rentable que pudieron haber inventado. Ni el terrorismo ni el narcotráfico ni la migración hacia Estados Unidos serán totalmente detenidos sencillamente porque todos le sirven a la economía, las finanzas y al juego político de las derechas neoliberales. Por ello, los países del tercer mundo, en especial de América Latina, bien harían en concentrarse en construir Estados fuertes y economías libres que le permitan a toda su población incorporarse al empleo, la producción y el consumo, pues este es un buen momento histórico para lograr márgenes de autonomía que se tornarán invaluables en el futuro cercano; la fragilidad del imperio debida a lo locura republicana es creciente y se hará cada vez más evidente en los próximos años. La prueba está en el impacto material y emocional que Katrina tiene y seguirá teniendo en Estados Unidos.

Los sembradores de tormentas empiezan a cosechar sus vendavales. No nos metamos en el ojo del huracán político que se avecina. No nos pertenece. Nosotros tenemos otros problemas que atender, y esta es una buena hora para que nos dediquemos a hacerlo

Fuente: www.lainsignia.org


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