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La duplicación de las ganancias y los muertos
Por Mario Roberto Morales - Heredia, Costa Rica, 24 de septiembre de 2005

En la edición nocturna de su noticiero The O'Reilly Factor, el jueves 22 de septiembre, Bill O'Reilly reprodujo una discusión que sostuvo con Phil Donahue, otro conocido conductor de televisión, acerca de la guerra estadounidense en Irak. Antes de reproducir el debate, O'Reilly advirtió al público que Donahue había incurrido en insultos, que por eso él (O'Reilly) había perdido la paciencia, y que Donahue expresaba puntos de vista de extrema izquierda. A pesar de que la toxicidad de O'Reilly y de Fox News en general me resultan intragables, esperé a que transcurriera el programa para ver aquel debate.

Donahue argumentó que la guerra en Irak era algo así como el simulacro más perverso jamás puesto en escena, y que O'Reilly estaba contribuyendo a que esa guerra continuara y a que siguieran muriendo jóvenes estadounidenses en ella. En seguida, O'Reilly atacó diciendo que si Estados Unidos sale corriendo de Irak, que es un "Estado terrorista", el mundo estaría en mayor peligro que ahora. Donahue le respondió que de todos modos Estados Unidos tendría que salir corriendo de allí tarde o temprano porque la conducción de esa guerra es desastrosa, y que sólo se trata de decidir si siguen muriendo más estadounidenses o no. Además, agregó Donahue, Irak no era un Estado terrorista antes de la invasión estadounidense, y aunque Sadam era un "bastard", no había que olvidar que era "our bastard'".

Luego de un aspaviento gratuito referido a un sobrino de O'Reilly que está peleando en Irak, en el que éste amenazó con echar a Donahue del canal de televisión, la retórica libertaria de los ideólogos de Fox News fue perdiendo vigor y aumentando sus alaridos, hasta que Donahue le pidió a su contrincante que lo dejara terminar una frase que resume de manera inmejorable la lógica de la guerra preventiva y que él formuló así: "Billy, en el último año dos cosas se han duplicado en Estados Unidos: la cantidad de estadounidenses muertos en Irak y las ganancias de Halliburton".

Como se sabe, Halliburton, una empresa íntimamente relacionada con la pérfida Enron, es controlada por Dick Cheyney y otros amigos de Bush, y tiene a su cargo la reconstrucción de Irak. Recientemente se supo que también se encargará de la de Nueva Orleáns después del huracán Katrina. Y es de suponer que tendrá a su cargo la de Galveston, Texas, después del huracán Rita.

Donahue le preguntaba con insistencia a O'Reilly si quería que los muchachos estadounidenses siguieran muriendo en Irak por esta causa, a lo que O'Reilly respondía, arguyendo que el tiempo se le había terminado, diciendo: "I gotta go… I gotta go…" Y se fue, con la sonrisa irónica de Donhaue en la pantalla, para reaparecer, ya en directo, denostando a su contrincante, acusándolo de adoptar posturas de extrema izquierda y reiterando su apoyo a la (según él) patriótica lucha contra el terrorismo, la cual Donahue también había descalificado como una gran farsa para enriquecer a algunas compañías de la oligarquía estadounidense.

Donahue también invitó al tóxico O'Reilly a unirse a una multitudinaria marcha en contra de la guerra en Irak, a celebrarse en Washington este fin de semana, la cual marcará el inicio de un movimiento antibélico sin precedentes desde la guerra de Vietnam: "Te queremos allí con nosotros, Billy, no hay democracia sin disenso, te queremos allí", le dijo sonriendo.

Lo que a mí me dice este debate es que por fin cuajó en el interior de la sociedad estadounidense la certeza de que la guerra de Irak está perdida, y que mientras más pronto Estados Unidos se retire de allí, menos serán los muertos que habrá que lamentar. De nuevo, al igual que cuando Vietnam, el movimiento ciudadano contra la guerra será decisivo para frenar el negocio del armamentismo de los oligarcas fascistas republicanos que tomaron por asalto la Casa Blanca. Las supuestas posturas de extrema izquierda que O'Reilly endilga a Donahue no son sino reacciones que expresan la toma de conciencia de la ciudadanía estadounidense sobre que ha sido estafada desde el 11 de septiembre hasta el actual callejón sin salida de Irak, habiendo pasado por Afganistán y con la negra perspectiva de caer en el abismo mortal de una guerra contra Irán.

La locura republicano-fascista de la guerra preventiva parece tocar a su fin. La industria bélica se ha enriquecido ya lo suficiente como para aguantarse unas décadas sin tener la necesidad de provocar otra guerra inventando un nuevo enemigo. Pero, como siempre, la despistada ciudadanía estadounidense acepta demasiado tarde que ha sido engañada una vez más por sus dirigentes, bajo el resobado argumento de que su gobierno es el adalid mundial de la democracia, la libertad y la voluntad de Dios. Lo cierto es que ese gobierno, en manos del ala fascista de los republicanos, logró que el criminal terrorismo integrista islámico se enseñoreara del mundo quién sabe por cuanto tiempo. Y ahora el mundo entero tendrá que enfrentarse a él con todos los medios disponibles. Por el momento, no queda sino apoyar al movimiento ciudadano estadounidense contra la guerra y contribuir en lo posible a que los demócratas se espabilen y ganen las próximas elecciones, enarbolando el viejo criterio de Bill Clinton según el cual Estados Unidos no debe aspirar ser en el mundo el mejor entre inferiores sino, a lo sumo, el primero entre iguales.

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